Por la devaluación, la deuda es 90% del PBI: ¿habrá que «reperfilar» otra vez?

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Un informe de Ecolatina muestra cómo su ratio en relación al Producto se disparó 10 p.p tras la suba del dólar, pese a que en agosto el stock bajó u$s 30.000 millones.

«¿Se reperfilará el reperfilamiento?». Parece un juego de palabras, pero la intrincada frase que se encuentra hoy en un informe de Ecolatina plantea un interrogante basado en datos concretos del mes de agosto: de acuerdo al trabajo, pese a que el stock de compromisos bajó u$s 30.000, su ratio en relación al Producto, uno de los principales indicadores de la capacidad de repago que analizan los inversores financieros, se disparó trepó 10 p.p  tras la suba del dólar y se ubicó por encima del 90%.

El informe de Ecolatina muestra una secuencia espeluznante: «A fines de 2017, la deuda pública representaba poco más de la mitad del PBI«, pero a fines de 2018, otras devaluaciones mediante, se ubicó en 86,2%, producto de la significativa depreciación del peso que redujo sensiblemente al PBI en dólares».

«En el primer semestre de 2019, por el superávit fiscal primario que relajó las necesidades de financiamiento corriente y en parte también porque los mercados de crédito se mantuvieron cerrados para nuestro país, el stock de deuda pública permaneció prácticamente inalterado (u$s +5 mil millones, +1,5%). En la misma línea, el cociente entre pasivos del Sector Público Nacional y PBI tampoco sufrió sobresaltos, y cerró la primera mitad del año en 80,7%. Lamentablemente, un nuevo salto cambiario en agosto quebró la estabilidad. El mes pasado, el stock de deuda se redujo en  u$s 30.000 millones, producto de la licuación de los pasivos en pesos y la cancelación anticipada de un REPO con bancos privados. Como resultado, el mismo alcanzó el mínimo de los últimos dos años, ubicándose apenas por encima de u$s 300.000 millones. Sin embargo, y en sentido contrario, por la depreciación del peso, el ratio deuda-PBI trepó 10 p.p. y superó el 90%».

Tras este panorama, la consultora explica que «esta nueva crisis cambiaria y financiera deterioró sensiblemente la posición de liquidez y solvencia del Sector Público Nacional, jaqueando el cumplimiento en tiempo y forma de los compromisos asumidos, especialmente de aquellos en moneda extranjera». Y, luego de recordar que «al momento, esto ya se materializó en el reperfilamiento de las letras del Tesoro con inversores institucionales», se pregunta si esto «¿terminó acá?»

Esto porque «dado que este cambio solo tiene un efecto transitorio –se patearon los vencimientos a la próxima gestión-, no se solucionó el problema estructural: el Sector Público no genera los recursos suficientes para cancelar sus pasivos ni tiene acceso al crédito en dólares que le permita refinanciar los existentes».

Los comicios se llevan a cabo con el sistema de boleta electrónica, según se informó desde la Junta Electoral.


El trabajo recuerda además que «luego de esta decisión, los vencimientos de capital para 2020 llegan a u$s 45 mil millones, un monto que luce difícil de cubrir en este marco de acceso nulo al financiamiento. No obstante, no se puede pasar por alto que una porción importante de estos pagos es intra sector público, de modo que se podrán extender aun cuando los mercados de crédito persistan cerrados. En este contexto, ¿cómo hará entonces el Tesoro para sortear las obligaciones con privados y organismos financieros internacionales? ¿Será necesario un nuevo default?»

Con otro juego de palabras, Ecolatina vuelve a preguntarse: «¿La deuda seguirá en deuda?».

Y dice: «Los vencimientos apremiantes no son patrimonio exclusivo de 2020. Por caso, entre 2022 y 2023 deberán devolverse casi u$s 40 mil millones al FMI aunque no se concretan nuevos desembolsos (y u$s 45 mil si estos llegan). Además, hay vencimientos en bonos por un monto mayor (de los cuales, otra vez, una porción no despreciable será intra sector público).   Dado que el superávit fiscal no permitiría conseguir estos fondos, el cronograma de pagos del Estado Nacional luce muy exigente si no se reabren los mercados de crédito. Para que esta vuelta se materialice, deberían extenderse de manera conjunta los plazos de pago con el organismo multilateral, quien suele pedir reformas estructurales a cambio de estas flexibilizaciones. Además, debería haber una negociación exitosa con los acreedores privados, algo complejo al considerar el grado de atomización de éstos y las diferencias entre sus activos: bonos bajo legislación local o internacional, con o sin cláusulas de acción colectiva, etc.»

También señala una alternativa de financiamiento, que ya se usó en el pasado, como «el swap con China y el financiamiento directo del gigante asiático a obras de infraestructura», pero es escéptica sobre sus alcances, «a juzgar por su historia y magnitud». Así,  «deberán alinearse varios planetas para que nuestro país pueda honrar sus deudas en tiempo y forma. De lo contrario, una nueva reestructuración será inevitable, esta vez probablemente con quita de capital e intereses».