50 policías detienen a 2 conocidos narcos que operaban en Güemes

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Para apresarlos rodearon cañaverales, vías férreas y detuvieron a un ladero. Tenía un sistema de alarma consistente en un círculo de “soldaditos” adictos.

En la mañana de ayer finalmente fueron apresados dos conocidos mayoristas de pasta base, marihuana y otras sustancias ilegales que se distribuían en el Valle de Siancas, en el departamento de General Güemes.

Uno de los sujetos es conocido entre los jóvenes, cuya identidad fue establecida como Mario Alberto Martearena, «Pepo» para los adictos y dealers del menudeo.

El narco fue detenido tras un impresionante despliegue sobre el difícil barrio El Naranjito, núcleo suburbano que colinda con las vías del ferrocarril Belgrano y los cañaverales del ingenio San Isidro.

Justamente esta ubicación le permitió a «Pepo» y a su jefe eludir a la Justicia en otras oportunidades, cuando los anillos de «soldaditos» (sus dealers del menudeo) le avisaban cuando la policía u otro vehículo no identificado se acercaba a las calles del barrio El Naranjito.

En simultáneo cayó el líder cartelizado de General Güemes José Humberto Liquín, alias «El Rey», sujeto de quien se dice hacía los tratos con los proveedores del norte.

Estos sujetos habían creado un sistema de alarma utilizando a los «soldaditos», una red de jóvenes adictos y comercializadores de drogas que les avisaban cuando algún vehículo desconocido ingresaba al barrio.

Cuando esto sucedía «El Rey» salía a su fondo, cruzaba las vías y se internaba en los cañaverales haciendo imposible su captura.

El vecindario, cansado quizá de los desmanes de sus «soldaditos», le dieron la espalda esta vez y lo ubicaron en un domicilio a tiempo real.

De esta manera «El Rey» no tuvo tiempo de desayunar cuando cincuenta efectivos de la Policía provincial estaban rodeando todas las vías de escape y sus «soldaditos» dormían.

El operativo, según informaron fuentes fidedignas del departamento, estuvo a cargo de la sección investigativa narcocriminal del Valle del Siancas, que realizó allanamientos en dos domicilios del barrio El Naranjito de esa ciudad.

Las respectivas órdenes de allanamiento y captura fueron libradas por el Juzgado de Garantías 3.

Se realizaron en simultáneo sobre calle Concejal Sosa 48, donde reside Mario Alberto Martearena (a) «El Pepo», y en el segundo domicilio sobre calle Juan Manuel de Rosas 550 donde reside José Humberto Liquín (a) «El Rey». De esos lugares se secuestraron gran cantidad de sustancia estupefaciente (pasta base), dinero en efectivo, elementos de fraccionamiento y corte y celulares. Por tratarse de una zona conflictiva se utilizaron más de 50 efectivos, varios móviles ploteados y de unidades especiales.

El sujeto Liquín se hacía llamar «El Rey» de la droga en todo el Valle del Siancas y tenía su centro de distribución estratégicamente en el barrio El Naranjito, ya que los domicilios son de difícil acceso para el personal uniformado como así tenía sus rutas de escape por el fondo (cañaveral y vías férreas).

Por otra parte, muchos de sus vecinos realizaron varias denuncias web porque la situación ya era insostenible.

Los soldaditos del narco ya habían destrozado la paz del vecindario y la violencia se estaba apoderando de las transacciones de drogas que se realizaban a toda hora.

«El Rey» de la merca y su socio habían formado un pequeño ejército de adictos que les servían a toda hora para todo tipo de acciones y sobre todo para lograr seguridad e impunidad en el trato de la mercancía, ya que el barrio para él, tal como lo manejaba, era seguro.

La droga venía de Pampa Blanca y Aguas Calientes

Fuentes precisas de General Güemes establecieron que tanto el “Pepo” como “El Rey” tenían su abastecedor mayorista en la localidad de Aguas Calientes, en Jujuy, y en Pampa Blanca.

Su modus operandi consistía en hacer a los chicos adictos a la marihuana, por lo que el trabajo de acercamiento lo realizaba el tal “Pepo”, un joven veinteañero que coptaba a adolescentes y les entregaba, según se dice, para que se inicien en el negocio veinte bochas de marihuana, de las cuales debían rendir el dinero de solo 16.

Las cobranzas generaban roces que el vecindario ya que no podían soportar, sin contar lo que las familias de los chicos adictos en toda la jurisdicción debían padecer.

Esos chicos eran llamados “soldaditos del rey”, o sea del sujeto apellidado Liquín, supuestamente un hombre de unos 45 años.

El sujeto no aparecía en público pero sí en los acuerdos con los mayoristas jujeños de diversas drogas.

Estos “soldaditos”, una veintena, en las cercanías de su domicilio hacían a la vez de guardias de sus quehaceres ilícitos y conformaban la base de sus cuantiosas fugas de los domicilios donde pernoctaba o se guarecía.

Apenas los “soldaditos” veían movimientos en las avenidas, “El Rey” hacía un enroque al cañaveral.