Cinco razones para incluir el ajo en tus comidas

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Recomendaciones para aprovechar al máximo sus beneficios

El ajo es más que un simple condimento de cocina, ya que es una de las primeras plantas usadas para el tratamiento de enfermedades.

Un diente de ajo crudo (unos tres gramos aproximadamente) contiene 4,5 calorías; un gramo de carbohidratos; 5,4 miligramos de calcio; 0,9 miligramos de vitamina C; 0,2 gramos de proteína; y 0,1 gramos de fibra, entre otros nutrientes. Gracias a la suma de todos estos nutrientes principales y la alicina, se le atribuyen varias propiedades:

– Propiedades antibacterianas y antifúngicas: un compuesto de ajo, el sulfuro de dialilo, es 100 veces más efectivo que dos antibióticos (eritromicina y ciprofloxacina) para combatir la bacteria Campylobacter sp., una de las causas más comunes de enfermedad intestinal.

– Propiedades antivirales: la evidencia anecdótica sugiere también que tiene propiedades antivirales gracias a la presencia de selenio, que ha demostrado que inhibe la propagación de infecciones virales.

– Digestivo: en la cantidad adecuada, mejora la secreción de jugos estomacales y, gracias a sus propiedades antisépticas, ayuda a algunas enfermedades estomacales y digestivas. Esto se debe a que contienen prebióticos, compuestos que alimentan los microorganismos en los alimentos fermentados (los conocidos probióticos) y ayudan a mantener la salud intestinal.

– Ayuda a controlar la presión arterial alta: la capacidad de reducir la presión arterial alta sería similar a la medicación estándar, según un estudio publicado según el cual los polisulfuros promueven la apertura de los vasos sanguíneos y, por tanto, la reducción de la presión arterial.

– Prevención de enfermedades cardíacas: es rico en compuestos organosulfurados, con capacidad para reducir el colesterol total, LDL y HDL, en personas con niveles elevados.

Aunque la dosis efectiva de ajo no está bien determinada, sí que se fija una dosis recomendada de unos cuatro gramos (uno o dos dientes) para adultos de ajo crudo al día.

La manera en que se procesa o se prepara cambia de forma significativa la forma en la que podemos beneficiarnos. Lo mejor es comer el diente cuando está crudo o muy poco cocido, antes de que las valiosas enzimas y nutrientes sean desnaturalizadas por el calor de la cocción.

La enzima aliinasa, que convierte la aliina en la alicina, solo funciona bajo ciertas condiciones. Se ha demostrado, por ejemplo, que 60 segundos de microondas o 45 minutos en el horno pueden desactivarla. En cambio, machacar el ajo y dejarlo reposar durante 10 minutos antes de cocinarlo puede ayudar a prevenir la pérdida de sus propiedades nutricionales. Para los expertos, la pérdida de beneficios provocada por la cocción puede compensarse aumentando la cantidad usada.

Fuente: El diario