Cómo hizo Massa para anotarse un “poroto electoral” eliminando el impuesto más justo y solidario

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Nota extraída de Tn por Diego Dillenberger

La polémica por el impuesto a las ganancias tiene un origen comunicacional: alguien se equivocó al ponerle el nombre al tributo considerado el más justo de todos y nadie se acordó de corregirlo. Por qué esta decisión es un golpe duro para la oposición y una incógnita para las provincias severamente desfinanciadas.

“El trabajo no es ganancia “, sostiene el líder camionero Pablo Moyano. Y por si había alguna duda, muestra a cámara el dedito de “fuck you” mientras la eliminación de ese rarísimo impuesto progresaba el miércoles en la Cámara de Diputados.

Y Moyano junior -apodado “el salvaje” por papá Hugo- no podría tener más razón: ganancias tienen las empresas, y solo cuando les va bien.

Para felicidad del pueblo argentino, el impuesto a las ganancias será prácticamente eliminado la semana próxima con la sanción completa en el Senado.

Los gremios presionan a Sergio Massa para que suba el piso del Impuesto a las Ganancias. (Foto: NA)
Los gremios presionan a Sergio Massa para que suba el piso del Impuesto a las Ganancias. (Foto: NA)

Sergio Massa, ministro de Economía, candidato presidencial con más imagen negativa que positiva y hombre virtualmente a cargo del gobierno, aspira a recuperar algunos cientos de miles de votantes perdidos que se verán beneficiados con esta medida. No se trata de todos los que antes pagaban “ganancias”: solo la “cuarta categoría”, o sea los afortunados que están en relación de dependencia, en blanco y que tienen muy buenos sueldos y por eso les tocaba pagar ganancias. Todos los demás deberán seguir “contribuyendo”: monotributistas, emprendedores, autónomos, que igual probablemente no pensarían votar a Massa.

Hasta los dos millones de pesos de sueldo en blanco quedan ahora libres de ganancias. Los libertarios de Javier Milei acompañaron felices el voto en Diputados, porque “cualquier eliminación de impuestos es buena”. Un grupito de legisladores radicales que responden al economista Martín Lousteau fue clave para el quórum. Y docenas de diputados opositores que se oponían, se quedaron mirándola por TV.

Es curioso: en Estados Unidos, el país que más toma como ejemplo el libertario Milei, un soltero debe pagar “ganancias” a partir de un ingreso de apenas mil dólares mensuales. En Alemania, ese país al que Cristina Kirchner -según decía en 2007- quería que se pareciese la Argentina, un soltero empieza a pagar a partir de mil euros, que vendría a ser casi lo mismo que en Estados Unidos.

El salario mínimo por hora en Estados Unidos es de 7,25 dólares la hora. Quiere decir que todo soltero empieza a pagar la mínima tasa de 10 por ciento de ganancias a partir del salario mínimo, salvo que presente deducciones.

Lo mismo pasa en Alemania, país que tiene un PBI per cápita bastante similar al de Estados Unidos.

Con sueldos bajos, el aporte es mínimo y simbólico y hay todo tipo de opciones para deducir gastos de ese impuesto. Pero el principio es férreo: es un impuesto solidario. Algo así como el más “justicialista” de los impuestos, que ahora en la Argentina queda virtualmente eliminado por el generoso justicialista Sergio Massa. Ahora, solo a partir de ganar unos 20 salarios mínimos, un empleado argentino en relación de dependencia empezará a pagar ese impuesto maldito, inventado en la Argentina en la década del 30 y que Juan Domingo Perón, en 1973, extendió a la “cuarta categoría”: los empleados en relación de dependencia.

Sergio Massa indicó que la media sanción en Diputados "es un alivio". (Foto: Ministerio de Economía)
Sergio Massa indicó que la media sanción en Diputados «es un alivio». (Foto: Ministerio de Economía)

¿Por qué los sindicalistas alemanes o estadounidenses no salen corriendo ya mismo a Washington o Berlín a reclamar con pancartas y piquetes que sus respectivos gobiernos imiten al generoso argentino Sergio Massa, que elimina ganancias a prácticamente todos los trabajadores en relación de dependencia en ese lejano e incomprensible país de la cintura cósmica del sur?

Porque en sus países, el “impuesto a las ganancias” es considerado el impuesto más progresivo, justo y solidario: los que más tienen, pagan más para contribuir a la sociedad con tasas que van creciendo con sus ingresos.

Pero también hay una diferencia clave en Estados Unidos, el país del que Javier Milei quiere importar su moneda, o Alemania, ese país al que Cristina Kirchner quería que se pareciese la Argentina, por más que su gobierno siempre hizo todo lo posible para que fuera todo lo contrario: el impuesto “a las ganancias” tiene el nombre correcto. En Estados Unidos se lo llama “income tax”, y en Alemania “Einkommensteuer”: impuesto a los ingresos.

He ahí la diferencia. Desde que el gobierno del general Uriburu, en la década del 30, inventó el impuesto “a los réditos” y Perón lo rebautizó “ganancias”, a ningún gobierno (ni civil, militar, democrático, antidemocrático, radical, peronista o macrista) se le ocurrió ponerle el nombre que debe tener: impuesto a los ingresos. Los trabajadores en relación de dependencia no tienen ganancias, sino ingresos, por más que en el lenguaje coloquial digamos “fulanito gana tanto por mes”.

En la Argentina de más de 40 por ciento de pobres, solo la puntita superior de la pirámide -unos 80.000 asalariados de muy altos ingresos- pagarán ahora ganancias, gracias al hombre fuerte del peronismo. La solidaridad con el 40 por ciento de pobres de los ahora “liberados” de ganancias, te la debo.

Si esta maniobra de campaña electoral al filo de las elecciones le dará más votos a Massa para asegurarse estar en el probable balotaje con el libertario Javier Milei, también dependerá de la capacidad de la oposición para explicar esto.

Cuando se dice que la oposición al kirchnerismo tiene severos problemas de comunicación, no es chiste: Mauricio Macri tuvo cuatro años para corregirle el nombre al impuesto a las ganancias y explicar que en toda sociedad moderna ese impuesto es parte de la solidaridad social y que los que más ingresos tienen, más contribuyen a solventar el Estado. Hay otros impuestos que son tóxicos para la economía argentina, como los Ingresos Brutos que cobran las provincias para manotear más ingresos.

Macri logró un acuerdo con los gobernadores para bajarlos, y no bien terminó el período del ingeniero lo volvieron a subir: faltó comunicación de por qué ese impuesto hace que la Argentina solo pueda exportar commodities.

Javier Milei, La Libertad Avanza, apoyó los cambios en Ganancias propuestos por el ministro Massa (Foto: Cristina Sille/Télam).
Javier Milei, La Libertad Avanza, apoyó los cambios en Ganancias propuestos por el ministro Massa (Foto: Cristina Sille/Télam).

Buena comunicación y docencia hubiese sido la mejor forma de terminar con ese latiguillo de que “el trabajo no es ganancia”. Habría que haberle cambiado hace rato a “ganancias” el nombre por “ingresos” y empezar a debatir cómo reducir el costo del estado para que los impuestos sean razonables y no se les agregue el “impuesto inflacionario”, que es el más regresivo de todos los impuestos, porque afecta más a los más pobres.

La recaudación del impuesto inflacionario, Massa por ahora no la piensa reducir.

Para las provincias el zarpazo electoral de Massa -un cruzado desde siempre con eso de que “el sueldo no es ganancia”- es un golpe duro a sus finanzas, porque, al igual que el IVA, ganancias es coparticipable y significa buena parte de sus ingresos.

Pero la maniobra le salió bien a Sergio Massa: además de generar la expectativa de recuperar votos de alguna parte de la clase media alta ahora beneficiada por el “aumento” salarial indirecto, consiguió dividir a la oposición.

El mensaje político de la brecha que logró Massa en el frente opositor es maná del cielo para Milei: “No me vengan ahora con eso de que los de Juntos por el Cambio tienen más gobernabilidad, porque no se ponen de acuerdo ni en el nombre de un impuestito”, rebatiría Milei ese único argumento sólido que justifica la existencia de la coalición opositora ante el avance del líder de La Libertad Avanza.

Todo este desaguisado con el impuesto a las “ganancias” al final explica una vez más el batacazo que dio Milei en las PASO del 13 de agosto: desde Juntos por el Cambio no hicieron una autocrítica suficientemente clara de qué entendieron que tendrían que hacer distinto para no fracasar de nuevo. Mauricio Macri no atinó durante su mandato a corregirle el nombre al impuesto “a las ganancias” ni ofreció una explicación de por qué ese impuesto es considerado el más solidario y menos distorsivo de todos.

Tampoco logró una reforma económica que permita blanquear a todos los millones de argentinos que trabajan en la informalidad y no pagan ninguna clase de impuesto a las ganancias, que hoy son la mayoría. No es porque no quiso, sino que no lo supo explicar.

Por el contrario, Macri durante su gobierno le abrió la puerta a que hoy el hombre fuerte del gobierno, Sergio Massa, pueda sacar una “ventajita” justo antes de las elecciones.

Además, Massa así le deja otra “bombita” al que venga el 10 de diciembre: andá a ponerles de nuevo el impuesto “a las ganancias” a los camioneros o bancarios que gozan de ingresos que, medidos al dólar oficial -el único que existe para el gobierno-, hoy ni están tan lejos de sus colegas de Estados Unidos o Alemania. Solo que norteamericanos y alemanes tienen la desgracia de pagar “impuesto a los ingresos”. Y eso a pesar de que en sus países no hay más de 40 por ciento de pobreza, como en la Argentina.