Cristina navega entre el pragmatismo y la debilidad política

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Nota extraída de MDZ por Beto Valdéz

El nuevo contexto político del oficialismo la muestra tomando decisiones supuestamente pragmáticas, con cierta sensación a debilidad política. El frente judicial la tiene complicada y, lo acepte o no, quedó atada a la suerte de Sergio Massa

“Si a Massa le va bien, Cristina entra en su ocaso definitivo porque aparece un nuevo liderazgo y si le va mal, ella no tiene forma de despegarse, pierde en todos los escenarios”. Esta es la reflexión de uno de los Barones del Gran Buenos Aires analizando ante MDZ su mirada del escenario que se viene.

Además del frente judicial que viene complicado, Cristina Fernández de Kirchner se encuentra en el peor de los mundos en términos políticos. En el establishment del peronismo coinciden en afirmar que la vicepresidenta entró en un proceso de debilitamiento político que no registra antecedentes. “Cedió en demasiadas cosas, como para justificarlo solo como una actitud pragmática”, comenta un dirigente sindical de los Gordos.

Probablemente Cristina decidió aceptar el desembarco de Sergio Massa por una cuestión de realismo, basada exclusivamente en que solo con Silvina Batakis no alcanzaba y la fotografía de ese momento era que el Gobierno de la coalición que ella inventó iba directo a pegarse una piña demoledora. “Quienes la tratamos desde hace años sabemos muy bien que no le gusta perder ni a la bolita y mucho menos indultar a alguien que dijo que la quería meter presa”, comenta un histórico dirigente del PJ.

“Fíjate que igual quiso sacar un empate poniéndolo a Carlos Castagneto en la AFIP, una forma de disimular que entregaba el área energética o por lo menos que Roberto Basualdo pasó a hacer un fusible cuando lo defendió con uñas y dientes frente a la ofensiva de Martín Guzmán”, precisa la fuente. “Se suponía que era intocable y lo entregó por que no le quedaba otra”, agrega un funcionario de la Casa Rosada.

A partir de ahora Cristina pasó a ser “Massa dependiente” y aunque intente mostrar lo contrario, quedó atada a la suerte del titular del Palacio de Hacienda. Apenas arrancó la gestión del nuevo ministro se intentó instalar una teoría que sobrevaluaba a la vice en términos estratégicos. Muchos K decían que ella hizo una jugada de billar, sacándolo a Massa de la línea de sucesión para sentarlo en la silla eléctrica y que pague el costo político del ajuste.

Nada más lejano a la realidad. No solo no tiene margen para despegarse frente a un eventual fracaso del jefe del Frente Renovador, sino así además ella tiene mucho más para perder que el presidente Alberto Fernández, quien a esta altura es una figura decorativo que llegó a su piso en materia de imagen. Quedó absolutamente destrozado frente a la opinión pública y la política, así y todo tiene la lapicera y a Vilma Ibarra en Legal y Técnica.

La referencia a la hermana del ex jefe de Gobierno no es un tema menor ya que según fuentes del oficialismo Cristina quería que en la última movida en el equipo ministerial también saliera Ibarra de ese cargo estratégico. La excusa es que en Legal y Técnica está subutilizada. Un viejo truco para sacarse a alguien de un lugar protagónico. Pero acá aparece una nueva muestra de debilidad de Cristina. Alberto fue terminante y ella lo tuvo que aceptar a regañadientes. Se sabe que desde la publicación del libro de la funcionaria que viene del Frepaso donde no la atiende nada bien, ella le bajó el pulgar. Pero además es de las pocas funciones que si funcionan y fue siempre leal a la expresidenta. Fue la que más se opuso a la ilusión de una ruptura de Fernández con el kirchnerismo y respaldo desde el vamos el desembarco de Massa.

Esa última posición también fue compartida por el polémico Juan Manuel Olmos, un operador todo terreno del peronismo porteño con excelentes vínculos con la Justicia, socio de Daniel Angelici en esos menesteres, amigo de Marcela Losardo y del fiscal general de CABA, Juan Bautista Mahiques, alineado con el PRO. Un currículum y relaciones que nunca le causaron gracia a la vicepresidenta. Pero también tuvo que aceptar que Olmos dejara su bajo perfil y desembarca como número dos en la Jefatura de Gabinete con amplios poderes. Cristina pasó de exigir que el entonces jefe de Asesores ni siquiera visitara la Casa Rosada a empezar a tener conversaciones con el nuevo funcionario. Claro, Olmos está muy bien conectado con la Justicia y a ella siempre le viene bien tener información sobre Comodoro Py.

“Cristina no se puede hacer la distraída, no solo se equivocó con Alberto, primero estaba fascinada con Guzmán y después era el demonio, hasta llegó a aceptar que Batakis con todas sus limitaciones quedara a cargo del Titanic y la mayoría de su tropa no tiene propuestas, ni ideas superadoras para enfrentar este desastre”, concluye un diputado del oficialismo, cada vez más preocupado por lo que se viene.

Cristina enfrenta el peor momento de su vida política. Más inquietante que cuando dejó el poder porque ahora se desconoce en qué condiciones va a dejar el despacho de la vicepresidencia el 10 de diciembre del año próximo. Por eso se vio obligada a aceptar decisiones que parecían inimaginables unos meses atrás. Entre el pragmatismo y la debilidad.