sábado, julio 20

El camino inexorable hacia la economía global sustentable

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Nota extraída de Infobae por Ricardo Lorenzetti

El pasado nos ofrece un discurso envejecido, y el futuro está cambiando, y la gran propuesta es animarse a planificar el desarrollo de forma innovadora.

Existe una cierta obstinación en repetir debates sobre un pasado del que no es sencillo sentirse orgullosos. Varias décadas de cambios constantes crearon una profunda incertidumbre cuyo resultado ha sido una pobreza intolerable y una decadencia que avergüenza. La crisis permanente agudiza la búsqueda de culpables, la polarización y una distancia cada vez más angustiante respecto de las demandas reales de la población. La gobernabilidad actual es la representación de una obra que ha perdido su público, sobre un escenario que está cambiando.

Hay un futuro si cambiamos la dirección y el mundo la está mostrando.

Está claro que el costo de seguir este camino supera los beneficios, y que hay que cambiar las causas para que las consecuencias sean distintas.

Una pandemia global causó muertes, enfermedades, obligó a aislar miles de personas, paralizar la actividad económica, e invertir dinero del Estado. Si la Naturaleza sigue reaccionando de ese modo, es imposible volver a repetir esa defensa. La única salida es prevenir, cambiando la dirección, porque la civilización es frágil.

El cambio es necesario también por la desnaturalización que producen inventos humanos pensados para otra escala. Un automóvil da beneficios porque aumenta la movilidad. Un millón de automóviles crean dificultades en la movilidad, congestión de tránsito, accidentes, contaminación, necesidad de ajustar las ciudades a los autos y, finalmente, un problema social y económico.

En la ciencia ya hay conciencia sobre este punto, y por eso hay un cambio hacia el futuro.

La energía va a cambiar. El petróleo no va a desaparecer y es difícil la transición, más aún con la guerra de Ucrania. Pero hay una inversión global muy importante hacia energías alternativas que irán creciendo poco a poco, pero de manera indetenible. Por eso Argentina tiene un gran futuro en energías renovables.

La nueva dirección demandará nuevos automóviles, aviones y medios de transporte públicos. También aquí hay una gran oportunidad. El mundo es una competencia global, y es muy difícil hacer mejor el mismo automóvil que diseñó Ford y se mejoró durante décadas. Pero la pandemia ha producido un accidente planetario, y ocurre como en las carreras de fórmula uno cuando hay accidentes; el último se acerca el primero porque entra el auto que regula (“pace car”). Por eso los países empiezan a tener nuevas oportunidades porque no está creado el primer vehículo de producción masiva con energías renovables.

Autos eléctricos

El consumo está cambiando, porque las personas quieren alimentos saludables; sólo tienen que bajar los precios, lo que, seguramente ocurrirá, como ocurrió con las computadoras. Argentina tiene un enorme potencial en alimentos de este tipo.

Hay una nueva economía del postconsumo que tiene un gran volumen económico. El desecho tiene valor, y es necesario reciclar todo, y también en este plano el país tiene mucho futuro.

El cambio también está en la tecnología, sobre todo en la inteligencia artificial. Por ejemplo, el Estado sería totalmente distinto si funcionara digitalmente, y disminuiría drásticamente el gasto. Obviamente, ese beneficio deberá ser aplicado a neutralizar el desempleo.

La tecnología está terminando con la intermediación. Las grandes tiendas con edificios de varios pisos no tienen mucho sentido si se puede comprar por internet. Este fenómeno se está extendiendo y cambiará totalmente el sistema de distribución de bienes y servicios. Argentina tiene un tremendo costo en intermediación y logística, y es posible beneficiarse de estos nuevos sistemas.

Los bienes intangibles tienen cada vez más valor, y las marcas asociadas a personas son un buen ejemplo: hace unos pocos años no se pensaba que un jugador de fútbol podría valer más que muchas empresas. Argentina tiene un potencial desaprovechado, porque pocos países del mundo tienen ciudadanos conocidos globalmente: Borges, Piazzolla, Maradona, Messi, Baremboin, Favaloro y muchísimos más son verdaderas marcas globales que podrían generar museos, turismo, prestigio, imagen de un país distinto.

En fin, las oportunidades están adelante, sólo que es difícil detectarlas si miramos para atrás.

Uno puede decir que no tiene interés en esta nueva economía, pero cerrar los ojos al futuro y mirar el pasado nos afectará irremediablemente.

Estos cambios dejarán a muchas personas desorientadas y, probablemente sin trabajo. Los que tenían un quiosco de venta de diarios, perdieron sus clientes con los diarios digitales. Los que vendían música con cd, tuvieron que cerrar al igual que los que alquilaban películas. Nadie le avisa a los fabricantes de autopartes que pueden cambiar los motores y se quedarán sin clientes. La inteligencia artificial permite que existan supermercados automatizados, donde no hay personal.

En la Conferencia de Ottawa surgió un movimiento promovido por USA, llamado “first buyer”. Los grandes compradores se comprometen a adquirir productos sustentables. Grandes empresas como las de contenedores están en ese grupo. El “pacto verde” europeo establece que se evitará comprar productos que provengan de zonas deforestadas.

Significa que muchos no podrán exportar y no encontrarán compradores.

El pasado nos ofrece un discurso envejecido, y el futuro está cambiando, y la gran propuesta es animarse a planificar el desarrollo sustentable.

Columna publicada originalmente en Infobae