viernes, marzo 1

El documento que interpela a Cristina: “No hay manera de aumentar el gasto público”

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La vicepresidenta de la Nación hizo pública su postura a favor de incrementar el gasto por parte del Estado. Sin embargo, su propuesta está en la médula de la decadencia económica argentina

La derrota electoral que sufrió el oficialismo en las PASO no sólo generó una crisis política interna que derivó en un cambio de Gabinete sino que dejó entrever las dificultades económicas que atraviesa el Estado y a las cuales debería enfrentarse el Gobierno actual; entre ellas, el creciente gasto público que no pareciera ser un tema a resolver para Cristina Kirchner.

En lo que va del 2021, los recurrentes desembolsos de dinero que realiza la gestión actual han aumentado respecto a años anteriores, a través de distintos mecanismos: la emisión de bonos del Tesoro que sólo permitieron renovar los vencimientos de deuda pública y la absorción por parte del Banco Central con Leliq y pases de aproximadamente la mitad de la emisión monetaria.

Estos datos quedaron reflejados en un informe que elaboró el Instituto de Desarrolo Social Argentino (IDESA), al comparar los primeros 7 meses del corriente año respecto al mismo período del 2020. En ese sentido, se desprendió que el gasto público primario (excluyendo el pago de intereses) aumentó un 34% que, ajustando por inflación, implica una caía del -8% en términos reales.

Por su parte, el gasto en prestaciones sociales (jubilaciones, asignaciones familiares y ayudas asistenciales) aumentó 21% que, ajustado por inflación, es una caída del -17%.

El gasto en subsidios a la luz, gas y transporte subió 80% por lo que, ajustando por inflación, implica un aumento de 29% en términos reales.

Estos datos muestran que el gasto público creció nominalmente, pero la alta inflación produjo una importante licuación en términos reales

El aumento nominal de gasto público no logra incrementos reales porque la inflación –producida por el propio aumento del gasto– lo licúa. Aumentando el gasto público –como demanda la vicepresidenta– lo único que hubiese provocado es una mayor inflación con caída de las prestaciones sociales y más fondos públicos en favor de familias de ingresos medios y altos a través de subsidios a las tarifas.

En este sentido, la vicepresidenta reúne un grupo de adeptos que defienden la idea de aumentar el gasto público. Es el reflejo de una opinión extendida en la sociedad argentina de que se puede gastar sin hacer el esfuerzo de pagar impuestos.