martes, abril 16

El Gobierno perdió a Macri, su villano favorito, mientras Lousteau se opone a las dinastías

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Nota extraída de Clarín por Ricardo Kirschbaum

Massa ha chocado contra la inflación, la escasez de dólares y una situación social indigna.

El Gobierno rogaba que Mauricio Macri fuera el candidato de la oposición porque encajaba como un guante con la táctica electoral del destartalado oficialismo y con el relato que necesitaba para levantar el alicaído ánimo de sus militantes. El Frente de Todos quedó desnudo una vez que el ex presidente hizo su movida porque en verdad la escenografía y el discurso preparado se quedaron sin el demonizado personaje central. Se podrá decir que el ingeniero tenía en las discutidas encuestas números difícilmente reversibles, pero lo cierto fue que, aun frente a eso, ha puesto en serios apuros al oficialismo.

Ahora hay que saber hasta cuándo Sergio Massa mantendrá la incógnita sobre si hará lo mismo que Macri: dar un paso al costado. Al ministro, la economía lo está sacando de la cancha. Si en algún momento Massa había aparecido como el salvador de un gobierno que ya huía en helicóptero, según la confesión de Jorge Ferraresi, ahora ha chocado contra la inflación, la aguda escasez de dólares y una situación social indigna. Su gestión se ha transformado en una carrera desesperada contra reloj para que la situación no le explote antes de las elecciones. Apuesta a que todos los parches que imagina su equipo eviten una gran devaluación.

Sin Massa competitivo, quedará Fernández con su tozudez reeleccionista y, finalmente, Daniel Scioli, el candidato que está dispuesto a dar una pelea imposible.

Aquella foto de las tres vertientes del Frente de Todos como testimonio de unidad hoy es papel mojado.

Las cuestionadas mediciones electorales cantan hoy una aguda declinación electoral del oficialismo a un nivel tal que hasta entusiasma a Javier Milei. Estas encuestas, encargadas de un lado y otro de la grieta, deberán luego compadecerse con la realidad, pero hoy provocan zozobra en el peronismo.

La Casa Blanca ha prometido ayudar al Gobierno argentino en el Fondo Monetario en esta emergencia. No es poco, pero tampoco es suficiente y son gestos que reclaman retribución.

La reunión con Biden ha sido importante para mantener algo abierta la provisión de oxígeno a un gobierno agónico y también para lo que pudiera ocurrir después de las elecciones. Un apunte respecto a sobreactuación de Fernández en ese diálogo en la Casa Blanca: la exageración le resta seriedad. Esta vez proclamó una alianza sin fisuras con Biden casi un año después de ofrecerse como el portero fiel de Putin en la región. Imposible ser creíble con esos virajes. Aún así, en poco tiempo más una alta funcionaria del Departamento de Estado vendrá Buenos Aires como otro gesto de cercanía y para continuar con la agenda anti China de la diplomacia norteamericana que no se agota con esta administración. El embajador Jorge Argüello puede darse por cumplido luego de haber logrado que Fernández ingresara por fin al Salón Oval.

Cristina Kirchner quiso a su manera robar cámara: poco antes de la reunión de Alberto con Biden, denunció que los que recibían al presidente argentino también quieren proscribirla. Quizá podría ir más allá y solidarizarse con Donald Trump, quien a su manera también denuncia el lawfare porque será juzgado por sobornar a una actriz porno para que mantuviera la boca cerrada. Los autoritarismos coinciden objetivamente.

Quienes claman por Cristina, esperaban que Macri les dé una mano como candidato. Era el estímulo que precisaban para tratar de convencer a la ex presidenta. Se quedaron con las manos vacías. Puede ser un momento de inflexión histórica porque ambas expresiones de la antinomia que atenaza hoy a la Argentina no disputarán la Presidencia.

La indefinición estaba perturbando y mucho a Juntos por el Cambio. El corrimiento de Macri comenzó a ordenar las cosas. El ex presidente está ejerciendo de hecho el papel de jefe político de la coalición, sin que Carrió ni los radicales le discutan ese rol.

Se especula que Vidal también bajará su precandidatura y entonces la interna entre Larreta y Bullrich será de mucha intensidad (algunos la comparan, salvando las grandes diferencias de personajes y de épocas, con aquel choque entre Carlos Menem y Antonio Cafiero en 1988) y obligará a los actores principales a tomar partido. Mauricio ya adelantó que será “ecuánime” pero no neutral. Y lo demostró en ese rally de entrevistas luego del “renunciamiento” al decir que está en contra de la propuesta de un gobierno de centro de ancha base política, que es lo que agita el actual jefe de Gobierno como su principal propuesta. La “no neutralidad” lo pone cerca de Bullrich.

Rodríguez Larreta cumplió con su parte y finalmente apoyará a Jorge Macri , desactivando a Quirós y a Acuña, puestos en escena para generar una negociación que no ocurrió. Su aliado, Martín Lousteau, quiere volver a desafiar la hegemonía del PRO en la Ciudad, algo intolerable para Macri.

Si Massa ocupa el primer lugar entre los que Macri detesta, Lousteau está también en esa lista corta, aunque más disimulado.

El radical busca competir utilizando los argumentos que usó Macri para transparentar la política durante su administración. Pide boleta única, bandera que agitó JxC en el Congreso, e impugna las “dinastías” en la política. Habla de los Kirchner pero en verdad está hablando de los Macri.