viernes, julio 12

El kirchnerismo se ha fundido

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Nota extraída de Clarín por Eduardo van der Kooy

La inflación horada la candidatura de Massa. Genera la incertidumbre que el ministro reclama en el plano político con el fin de borrar las PASO para ser proclamado

El mar de contradicciones y desconcierto que navega el oficialismo se acentúa a medida que llega el límite del calendario electoral. Hubo dos episodios recientes que resultaron ilustrativos. El comportamiento desigual ante el fallo de la Corte Suprema que decidió aplazar las elecciones a gobernador en Tucumán y San Juan. El cimbronazo que provocó en el Frente de Todos, el pedido de Sergio Massa para que se cancelen las PASO y se proclame un candidato único. Adujo que la Argentina necesita certidumbre. Esa que el ministro no consigue transmitir con la inflación descontrolada.

Frente a la determinación del máximo Tribunal se visualizaron cuatro planos en el poder. La furiosa reacción del kirchnerismo (“Peronismo o disolución”, alucinó el ministro Andrés Larroque), embarcado en el juicio político en Diputados contra Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. La referencia tardía de Cristina Fernández, más dedicada a criticar al titular de la Corte que a defender a los candidatos objetados. La sobreactuación repetida de Alberto Fernández en su mensaje por cadena nacional para criticar a los jueces. Urgente necesidad de hallarle alguna razón existencial a su presidencia vaciada. La moderación de los directos afectados, los candidatos Juan Manzur y Sergio Uñac, que con matices se avinieron a cumplir aquel fallo. Tanto que el primero declinó la postulación.

¿Tanto importó al kirchnerismo la afectación de aquellos dirigentes del PJ?. Quizá, sólo la frustración de no poder sumarse, tal vez, a un clima festivo que no abunda ante la posibilidad de dos victorias provinciales. Manzur se había postulado como vicegobernador. Uñac es poco apreciado por una razón: nunca se solidarizó con el juicio político a la Corte; fue demasiado prudente cuando la vicepresidenta resultó condenada por la obra pública en beneficio de Lázaro Báez.

El alboroto kirchnerista, de todos modos, les resultó funcional. Se discutió acerca de la parcialidad de la Corte. De una hipotética connivencia con la oposición. En su desvarío, Alberto mencionó una presunta instrucción de Mauricio Macri a los magistrados. Aceptando la imprudencia del Tribunal de haber divulgado su fallo tan próximo a los comicios, sobresalió la ausencia de la discusión de raíz. ¿Podían Manzur y Uñac disponer de otro ciclo en los Ejecutivos provinciales? Sencillamente no. Fue lo dictaminado por el máximo Tribunal.

Tan evidente era que, al menos en el caso de San Juan, fue ilustrativo escuchar al vicepresidente segundo de Diputados, ex titular del PJ y nuevamente postulante provincial. En campaña, José Luis Gioja había advertido sobre la irregularidad que estaba cometiendo Uñac. Lo repitió después del fallo. No se privó tampoco de calificar de “lacras” a los jueces. Nunca olvida que Cristina es su jefa.

El ex gobernador tuvo compañía. La sanjuanina y directora de Asuntos Jurídicos del Senado, Graciana Peñafort, condenó el fallo. Le reclamó al ministro de Justicia, Martín Soria, que se abstuviera de divulgar cualquier opinión. El rionegrino evitó con un recurso en 2019 un tercer período en el Ejecutivo de la provincia de Alberto Weretilneck. Aplaudió incluso la sentencia que entonces rubricaron Rosatti, Lorenzetti y Maqueda.

La reacción del kirchnerismo contó con otros estimulantes. El Instituto Patria le teme a una conclusión: el juicio político en Diputados contra la Corte posee cada día menos efecto. Los jueces parecen dispuestos a avanzar con una agenda de temas pendientes. ¿La ejecución de la sentencia por la coparticipación que favoreció a la Ciudad? ¿La impugnación de Máximo Kirchner como titular del PJ de Buenos Aires, presentada por el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray? Ciertas palabras que Rosatti pronunció en el foro de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina certificaron aquel clima: “No estamos aquí para hacer amigos”, expresó.

El problema no radica únicamente en la cabeza del Poder Judicial. Sus gestos derraman en todo el sistema. Una sorpresa: los abogados defensores de la vicepresidenta supusieron que la recusación a los jueces de la Cámara de Casación, Mario Borinsky y Gustavo Hornos, demandaría mayor tiempo del que insumió. Fue rechazado “in limine”. Los acusaban de haber tenido reuniones con Macri entre 2015-19. También aceptaron la excusación del tercer integrante, Javier Carbajo. Explicó que no podía intervenir porque lo había hecho con anterioridad en la causa contra Báez por lavado de dinero. Deberá sortearse otro camarista. Para ganar tiempo Borinsky y Hornos empezaron a repasar la condena de prisión de 6 años que fue dictada contra Cristina.

La vicepresidenta tampoco obtuvo lo que perseguía en la causa por el intento de magnicidio del que fue víctima. Solicitó la recusación del fiscal Carlos Rívolo, también rechazada “in limine”. En este caso por la jueza María Eugenia Capuchetti. El episodio sucedió luego de una circunstancia llamativa. Repentinamente se presentó a declarar (por cuarta vez) Ivana Bohdziewicz. Ex asesora del diputado del PRO, Gerardo Milman, ex funcionario de Patricia Bullrich en Seguridad. Se trata de una de las dos mujeres a las que se adjudicó haber escuchado a Milman mencionar el atentado un día antes de ocurrido. Lo negaron siempre ante la Justicia.

Ahora Bohdziewicz contó que había sido presionada para borrar datos de su teléfono en una oficina de Bullrich. Los datos eran fotos íntimas. La oficina no pertenece a la candidata macrista. La ex asesora de Milman en el Congreso dejó de serlo el 2 de enero. Desde entonces cuenta con el patrocinio de Benedicto Rafael Díaz Flaqué. Abogado que carga con una condena a 9 años de prisión por una mega estafa. Estuvo prófugo un año. Esta trama obedece a un motivo excluyente. Cristina no quiere que la jueza eleve a juicio la causa por el magnicidio que tiene como únicos culpables a tres copitos: Fernando Sabag Montiel, Brenda Uliarte y Nicolás Carrizo.

Las artimañas defensivas kirchneristas estarían resultando más efectivas en otra causa. La Cámara de Casación sigue sin definir el Memorándum de Entendimiento con Irán y Los Sauces-Hotesur. Ya pasó abril. Debe resolver si convalida el sobreseimiento de Cristina concedido por un Tribunal Oral Federal antes del juicio o las eleva nuevamente a esa instancia. Votaron los jueces Daniel Petrone y Diego Barroetaveña. Resta que lo haga Ana María Figueroa, que públicamente sostuvo que la vicepresidenta sería una perseguida. En agosto debe jubilarse. Alberto elevó su pliego al Senado para que pueda acogerse a la excepción y continuar. Misterio total.

Nadie sabe si la confrontación con la Corte Suprema y los meneos judiciales de Cristina por sus causas de corrupción encajan en el diagnóstico de alarma que disparó Massa: “No nos entra un quilombo más”, advirtió. El hilo contó con otra puntada: “Necesitamos orden político para que haya orden económico”, reclamó. En verdad, durante toda la semana estuvo apuntando a una sola cosa: que se anulen las PASO en el oficialismo. Dar lugar a un candidato único de consenso. La estrategia dilecta de Cristina.

En una reunión privada del sábado pasado el ministro aseguró: “Con esta situación no puedo ser candidato”. El juego de la intriga y el fraude político es lo que siempre le atrae. En todas las últimas apariciones públicas se presentó con postura y mensaje de potencial candidato. Estaría aguardando algún “operativo clamor” como el que sectores kirchneristas urden para que la vicepresidenta se suba a una candidatura. También Massa posee su costado soñador.

La pretensión del ex intendente de Tigre choca contra un escollo interno. También contra señales de la realidad. El Presidente insiste con las PASO y entusiasma a Daniel Scioli y a Agustín Rossi, el jefe de Gabinete. Levanta la bandera de la democracia interna contra “los energúmenos”. ¿Por quién lo dice?. Difícilmente el embajador y el jefe de Gabinete se atrevan si el kirchnerismo se abroquela en el proyecto de cancelar las internas. Otros gritan desde el ala dura. Es el caso de Juan Grabois. Alcanzaría una admonición de Cristina para acallarlo.

El entusiasmo kirchnerista se aplaca frente a algunas evidencias. ¿Cómo hará el candidato único, si es Massa, para desarrollar una campaña con una inflación anual que ya tocó el 108,8%? . Si, como dice, se requiere certidumbre: ¿quién quedaría en Economía que pueda garantizar que no habrá un derrumbe final? Detrás estarían los retazos del relato: ¿cómo acompañar a alguien cuyas principales terminales son Washington y el Fondo Monetario Internacional (FMI)? Si pierde, como creen, será parte de la historia. ¿Y si no ocurriera eso? Caras de pánico ante la interpelación.

La recorrida de enigmas conduce a varias conclusiones. El deterioro popular que produce la inflación (8,4% en abril) parece directamente proporcional al daño que sufre la candidatura del ministro de Economía. El kirchnerismo no tiene otro. Tanto es así, que Axel Kicillof desea con urgencia desdoblar las elecciones en Buenos Aires. El Presidente tampoco ayuda a Massa. No sólo por sus elucubraciones de psicología menesterosa en relación con el alza de los precios. Reveló que le dijo al líder renovador que deberían hacer algo para terminar con un fenómeno de décadas en la Argentina. Como si aquél no lo supiera. Como si el propio Alberto, después de cuatro años, recién haya sentido una notificación por la inflación de abril.

Figura además la conducción de Cristina que frente a este panorama deplorable carece aún de una estrategia electoral. Vacío que no consigue reemplazar ninguna táctica política ni un relato ya fundido.