El milagro de JuanPablo I y el gesto deFrancisco que lo rescatará del olvido

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A meses de que sea beatificado, las autoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez despejan los secretos de la sacrificada vida de Albino Luciani en el libro “¿Qué han hecho?”.

Más que casualidad, obra del destino. Mientras producían “Mama Antula, la fede di una donna indomita”, las escritoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez escucharon el rumor de un presunto hecho milagroso que involucraba a Juan Pablo I, pero no sabían exactamente de qué se trataba. Dos años después y con una gran investigación al hombro, demostraron la simpleza y la valentía del “papa de los 33 días”.

Fue amado, pero también menospreciado por su simpleza. Lo silenciaron, intentaron dejarlo en el pasado y lo envolvieron en teorías conspirativas. Albino Luciani no fue comprendido y un milagro inesperado está a punto de llevarlo a “un lugar justo”, define Nunzia en diálogo con TN. El 4 de septiembre, el “papa olvidado” será beatificado en el Vaticano.

“¿Qué han hecho?” rememora a la famosa frase que dijo Albino cuando lo nombraron papa en 1978 y también titula el libro que escribieron Locatelli y Suárez. En él, cuentan la vida de Luciani antes de convertirse en Juan Pablo I, descartan las versiones sobre su muerte y ponen sobre la mesa lassimilitudes con el Papa Francisco.“Es todo un mensaje que Bergoglio lo beatifique. Lo habían olvidado y ahora tendrá el lugar que se merece. Quiere ponerle punto final a las conspiraciones y cierra esta página con el milagro argentino de Candela Giarda”, aseguró la escritora italiana.

Las escritoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, autoras de "Qué Han Hecho". (Foto: Nunzia Locatelli)
Las escritoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, autoras de «Qué Han Hecho». (Foto: Nunzia Locatelli)

La vida de Albino Luciani, el papa olvidado

En el libro “¿Qué han hecho?”, las periodistas Nunzia Locatelli y Cintia Suárez hacen un minucioso recorrido de la vida de Albino, desde que nace hasta las conspiraciones en torno a su muerte. De alguna manera, al igual que la beatificación en camino, intentan resignificar su figura.

Los hilos conductores son varios y están entrelazados: la pobreza, el frío y la simpleza. Antes de la Primera Guerra Mundial, su padre había emigrado a la Argentina en busca de trabajo, ya que había grandes niveles de hambruna en su zona natal. Sin embargo, con el inicio de la guerra, tuvo que volver a Italia para responder al ejército.

La desolación hizo que Albino, con pocos años, tuviera que salir a mendigar. Para completar sus estudios recibió la ayuda de judíos boloñeses, que decidieron apoyarlo también durante su preparación en el seminario.

Padeció mucho el frío. Después de la guerra no había nada. Solía recordar el seminario, donde no tenían calefacción y se formaba escarcha. Decía ‘todos los días pierdo mi vocación por veinte minutos’, el tiempo en el que se bañaba con agua congelada”, precisó Nunzia y aseguró que eso lo acompañó de por vida, al igual que su sencillez.

Albino Luciani a sus 20 años. (Foto: Nunzia Locatelli)
Albino Luciani a sus 20 años. (Foto: Nunzia Locatelli)

Locatelli contó que la aristocracia italiana “no estaba acostumbrada a tanta simpleza” porque “se diferenciaba mucho de sus antecesores”. En ese sentido, detalló: “Fue amado por la gente simple, pero los intelectuales y la burocracia no le daban el valor que merecía. Creían que no estaba a la altura, lo veían muy terrenal y no como los otros papas, pero Albino estaba muy preparado. Nosotros no estábamos preparados para la simpleza de ese papa”.

“De alguna manera, contribuyó a no hacerse querer. Era tan simple que no aceptaba los cargos de obispo, de cardenal. El era feliz siendo solamente ‘Padre’”, describió la escritora y agregó: “Incluso cuando asumió como patriarca de Venecia, entró al lugar donde se iba a hospedar -que parecía a un castillo- y dijo: ‘Acá me siento como un falso príncipe, como un arlequín’”.

Las similitudes de Juan Pablo I con el Papa Francisco

En el análisis realizado por las autoras, se encuentran muchas coincidencias entre la manera de enfrentar la vida de Albino Luciani y Jorge Bergoglio. Como bien planteó Nunzia, “el papa de los 33 días” no se parecía en absoluto a sus antecesores y marcó una huella en el camino de Francisco.

“En mi opinión, Bergoglio es su sucesor. También se negó a utilizar ciertas prendas o a realizar ciertas cosas propias del Sumo Pontífice”, explica Locatelli y subraya: “Hay todo un mensaje detrás de que sea el Papa Francisco quien lo beatifique. Va a rescatar a ese papa que fue olvidado, lo recoloca en la Iglesia y lo saca de las tesis conspirativas”.

“Albino es parte de un personaje desconocido, sepultado por la historia. Francisco va a rescatar la memoria que, por algo, se quiso olvidar. Quiere poner un punto final y cierra una página con el milagro argentino. Hará justicia por el lugar que merece”, remarcó la autora.

Visita de Pablo VI a Venecia. Allí le colocaría su estola al patriarca de esa ciudad, Luciani. (Foto: Nunzia Locatelli/Wikimedia Commons/Sibode1)
Visita de Pablo VI a Venecia. Allí le colocaría su estola al patriarca de esa ciudad, Luciani. (Foto: Nunzia Locatelli/Wikimedia Commons/Sibode1)

La muerte de Albino Luciani: la madre de las conspiraciones

La labor de Juan Pablo I en la vida religiosa fue eclipsada con varias teorías que rondaron su muerte. La ausencia de una autopsia incentivó a seguir especulando con ese momento: si lo mató la mafia, si lo envenenaron, o qué pudo haber pasado.

“Albino ya tiene un certificado de muerte que data de 29 de septiembre de 1978. Según lo que dice, tuvo un infarto de miocardio. Está bien, no se hizo una autopsia, pero las otras versiones no tiene evidencia y caen por sí solas”, manifestó Nunzia y destacó que fue quien alentó a terminar el conflicto entre la Argentina y Chile por el Canal de Beagle.

El inesperado milagro

En 2011, una nena de 10 años había enfermado gravemente en Paraná, Entre Ríos. No se sabía qué es lo que tenía, pero su estado de salud fue empeorando y la trasladaron a Buenos Aires. Estuvo muchos días internada, con respirador y los médicos consultados veían un panorama oscuro.

“No podemos hacer nada más por ella. Cande se muere esta noche”, le dijeron a Roxana, su madre. Angustiada, fue en busca de José Dabusti, el cura de la iglesia a la que cada día iba a rezar. “Vamos a rezar a Juan Pablo I para que intervenga y Candela se sane”, le dijo el padre.

Candela Giarda en sus días de internación. (Foto: Nunzia Locatelli)
Candela Giarda en sus días de internación. (Foto: Nunzia Locatelli)

La mujer no sabía quién era Juan Pablo I, pero confío y rezó hasta el cansancio. Finalmente, la niña pasó la noche. Su situación se revirtió de tal manera que una semana después obtuvo el alta médica. Lo que nadie entendía es qué había pasado. La respuesta racional empírica no llegaba y los médicos aseguraron que efectivamente era un milagro.

Según lo que les habían dicho, la enfermedad dejaba secuelas graves y permanentes. Pero después de 10 años, Candela tiene una vida sana y normal. Estudia, sale con amigos y sonríe ante la oportunidad que le dio la vida.

Las autoras del libro Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, junto con Carlos Pagni, el padre José Dabasti, Candela Giarda y su mamá. (Foto: Nunzia Locatelli)
Las autoras del libro Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, junto con Carlos Pagni, el padre José Dabasti, Candela Giarda y su mamá. (Foto: Nunzia Locatelli)

Las paradojas de la vida

Nunzia contó que durante la guerra, un soldado tocó la puerta de la casa de Albino y lo vio enfermo. Inmediatamente salió y volvió al lugar con una inyección en mano. A las pocas horas, el pequeño comenzó a recomponerse.

“La mamá no sabía quién era, de hecho tampoco habían podido rastrearlo. Pero le decía a Albino: ‘Reza por ese hombre desconocido porque te salvó la vida’”. Es una paradoja que, muchos años después haya sido él, un hombre desconocido para Roxana, el que le haya salvado la vida a la entonces pequeña Candela.