El militar secuestrado y asesinado por el ERP que podría ser proclamado santo

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Nota extraída de TN por Sergio Rubín

El coronel Argentino del Valle Larrabure estuvo cautivo durante más de un año en condiciones deplorables y fue asesinado. Si la causa prospera, la Iglesia sumaría un mártir, víctima del terrorismo, a otros cuatro ya reconocidos

Tras la antinomia peronistas-antiperonistas de los años ‘50 y ‘60, la violencia política de los ‘70, caracterizada por la acción terrorista y la represión ilegal -esta última moralmente más reprochable por provenir del Estado-, profundizó el clima de división entre los argentinos.

Más allá de la grosera utilización política que hace el kirchnerismo de aquellos oscuros años apelando a un relato amañado, la tristemente famosa grieta que hoy divide a una parte de la sociedad en buena medida hunde sus raíces en la década del setenta.

No son pocos los que creen que esa división no tiene solución. Que solo hay que dejar pasar el tiempo y dar paso a las nuevas generaciones. Otros consideran que el pasado no se saldará hasta que se sepa dónde están todos los desaparecidos y ningún represor quede impune.

Desde la otra visión se cree que también los terroristas deberían ser juzgados. Y, en fin, no faltan unos pocos que no se rinden y tratan de buscar acercamientos que permitan un clima de mejor convivencia ante los desafíos que afronta el país.

El papel de la Iglesia ante la violencia política fue tan relevante como contrastante. Ante todo, porque no pocos de los dirigentes de Montoneros surgieron de sus filas y algunos blandían los evangelios para justificar su accionar.

El militar secuestrado y asesinado por el ERP que podría ser proclamado santo

A su vez, los militares decían que estaban defendiendo el espíritu “occidental y cristiano” ante el “marxismo ateo”. Por otra parte, decenas de curas, religiosas y laicos fueron asesinados por los represores, pero los obispos -salvo excepciones- fueron acusados de complicidad con la dictadura.

Tras la vuelta a la democracia, la Iglesia comenzó a bregar por lo que inicialmente llamó la “reconciliación nacional”, un término que fue quedado desacreditado porque -además de ser visto por muchos como una ingenuidad- se lo ligó a una suerte de “aquí no pasó nada” y “miremos para adelante”.

Sin embargo, en el documento más sobresaliente de los obispos del último medio siglo -Iglesia y Comunidad Nacional, de 1981-, se decía que la reconciliación se basa en tres pilares: la verdad, la justicia y el perdón.

El entonces cardenal Jorge Bergoglio prefería hablar de la “cultura del encuentro”. Pero a casi 40 años del fin de la dictadura y tras una política de derechos humanos signada por ideas y vueltas, las heridas no se cerraron.

No obstante, la Iglesia no se rinde y -más allá de sus exhortaciones- cree haber encontrado un testimonio, en medio del horror de los ‘70, merecedor de un reconocimiento religioso que podría ayudar al reencuentro, seguramente no exento de polémica como todo lo referido a esos años.

Se trata de la posibilidad de abrir una causa de canonización -declaración de santo- del coronel Argentino del Valle Larrabure, quien fue secuestrado en 1974 por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), estuvo cautivo durante más de un año en condiciones deplorables y fue asesinado, todo durante un gobierno constitucional.

El Papa Francisco durante la Audiencia General. (Foto: Reuters/Vatican Media).
El Papa Francisco durante la Audiencia General. (Foto: Reuters/Vatican Media).

Porque sus impulsores -civiles y militares retirados- consideran que asumió su situación con heroicidad cristiana, pidiendo en las cartas escritas a sus familiares durante su cautiverio no odiar y perdonar a sus captores.

“Larrabure no se llenó nunca de odio, ni llamó al enfrentamiento, fue un hombre de paz y de perdón”, declaró al diario La Nación el obispo castrense, Santiago Olivera, quien comenzó a recibir como diocesano competente la documentación que fundamentará el pedido que oportunamente elevara al Vaticano para que apruebe la apertura de la causa, principalmente las siete cartas a su familia y a sus compañeros del Ejército. Pero también sobre su vida y compromiso cristiano anterior al secuestro.

Larrabure nació en Tucumán en 1932. Casado, con tres hijos, tenía 43 años cuando fue secuestrado. Era subdirector de la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María, Córdoba.

Precisamente por esa función, sus secuestrados querían que les revelara las fórmulas para fabricar explosivos, petición a la que siempre se negó argumentando que iba a poner en riesgo vidas y “la vida es sagrada y está en manos de Dios”. Un compañero temporario de cautiverio reveló que rezada todos los días.

Las causas de canonización requieren un minucioso estudio de la vida de candidato, que incluye documentos y testimonios. El proceso puede durar décadas. Si se comprueba que fue un católico ejemplar, hace falta que Dios obre un milagro por su intercesión -en general, una curación científicamente inexplicable- para que sea declarado beato.

Si se le comprueba un segundo milagro, es proclamado santo. Pero existe otra vía que prescinde de los milagros: el martirio. Este sería el caso.

Si la causa prospera, la Iglesia sumaría un mártir, víctima del terrorismo, a otros cuatro ya reconocidos, víctimas de la represión: el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli; los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville; y el laico Wenceslao Pedernera. Monseñor Olivera cree que la canonización de Larrabure “puede hacernos mucho bien y servir al encuentro entre los argentinos”. ¿Será así?