El negacionismo y los policías del pensamiento

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Nota extraída de Clarìn por Fernando Gonzalez. miércoles 26 de febrero de 2020

La acusación de Nora Cortiñas al Presidente pone bajo fuego la coalición endeble entre Alberto y Cristina.


El negacionismo y los policías del pensamiento


Negar los hechos de la historia ha sido una de las herramientas más utilizadas y menos efectivas para quitarle importancia a esos mismos hechos. En los últimos cien años, para tomar un lapso de tiempo, hubo quienes negaron la evolución de las especies, el peligro del SIDA o los riesgos del cambio climático. Pero la más incomprensible de las negaciones ha sido la del holocausto judío, cometido por los nazis durante la segunda guerra mundial. A esa corriente que pretende minimizar el daño de aquella tragedia de la humanidad se la ha denominado negacionismo.

Es la misma palabra que, con algo menos de rigor, aparece vinculada a la historia reciente de la Argentina. Hay quienes llaman negacionistas a aquellos que pretenden negar las gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura militar. El terrorismo de Estado que reinó en el país entre 1976 y 1983, con su secuela de represión, centros ilegales de detención, muertos, desaparecidos y hasta robo de bebés fue el período más oscuro de nuestra historia. Y es cierto que hay quienes niegan o justifican aquellos sucesos diciendo que fueron el resultado de una guerra entre el Estado gobernado de facto por los militares y las organizaciones guerrilleras de entonces.

Pero ese negacionismo es una práctica de sectores minoritarios. Las cuatro décadas de democracia han consolidado la idea de lo perjudicial que resultó aquella etapa del país y han fortalecido el ejercicio de la memoria. Le falta a esa reconstrucción la savia de la autocrítica. No la tuvieron los militares, ni siquiera ante la evidencia de los crímenes que se ventilaron en el ejemplar Juicio a las Juntas que lideró el fallecido presidente Raúl Alfonsín​. Y tampoco la tienen quienes se plegaron a la violencia armada, en su mayoría antes del golpe militar del ’76. Son apenas unos pocos los que aportaron en estos años la ofrenda democrática del reconocimiento de los errores.

Hace un par de años, el entonces secretario de Cultura porteño, Darío Lopérfido​, debió dejar su cargo acusado de negacionista por poner en duda el número simbólico de 30.000 desaparecidos que utilizan los organismos de derechos humanos. Lopérfido no negó la dictadura ni sus horrores. Simplemente, tomó en cuenta la cifra que recogió la Conadep en 1985 mediante el testimonio desgarrador de las casi 9.000 desapariciones a través de sus familiares y de sus amigos. Sólo el despropósito de los policías del pensamiento calificaría de negacionista el conmovedor trabajo de aquella comisión.

Esta semana fue una de las madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, quien utilizó la acusación de “negacionista” para atacar a Alberto Fernández. Lo hizo porque el Presidente pidió “dar vuelta la página” de las tragedias del pasado en la cena anual con los nuevos jefes de las Fuerzas Armadas. Cortiñas es una respetada dirigente de 89 años que, además de tener un hijo desaparecido, creó la Línea Fundadora de las Madres y se diferencia de Hebe de Bonafini​. Y es una crítica impiadosa de César Milani, el militar al que Cristina Kirchner nombró como jefe del Ejército y que logró ser absuelto de dos acusaciones de lesa humanidad en La Rioja y en Tucumán

Tan desmesurada pareció la crítica de Cortiñas que el Presidente escribió de inmediato un hilo de tuits pidiendo disculpas. Y, un día después del cruce mediático, la dirigente también bajó el tono y habló de un próximo encuentro con el Jefe de Estado. El episodio es uno más de los que revela las tensiones entre las posturas moderadas que intenta imponer Fernández desde su dialéctica y los reclamos del kirchnerismo más duro. La acusación insólita de negacionista o la polémica intencional por el futuro de los ex funcionarios presos en casos de corrupción son colisiones peligrosas que ponen bajo fuego el funcionamiento de esa coalición endeble y de probeta con la que Alberto y Cristina intentan enderezar el país que ya lleva más de medio siglo en emergencia