Ella, antes que nada

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Nota extraída deThe Post Argentina por Carlos Mira

Este gobierno ha sido responsable de la suspensión del programa de adecuación de los precios internos de la energía, lo cual dirigió automáticamente al país otra vez a la dependencia externa del gas y de la energía eléctrica

Mientras el presidente se encuentra asistiendo en calidad de invitado a la Cumbre del G7, la Argentina sigue deslizándose por un precipicio cuyo piso no se ve y cuyo final se ignora.

Las autoridades monetarias -si es que tal cosa existiera- dispusieron un feriado bancario de hecho al solo efecto de ganar un día en raquíticas cuentas mensuales del BCRA.

Lo hicieron disponiendo de un mayor torniquete al cepo cambiario justamente un día lunes para que, por los ajustes logísticos que siempre es necesario hacer en estos casos en las instituciones financieras el día estuviera prácticamente perdido.

Ese cierre aún mayor a la disponibilidad de dólares lo había decretado el día de la bandera la verdadera titular del gobierno -la vicepresidente Cristina Kirchner- cuando dijo que en la Argentina había un “festival de importaciones”: bastó que la señora pronunciara esas palabras para que los lacayos corrieran a cerrar la canillas equivocadas.

Este gobierno ha sido responsable de la suspensión del programa de adecuación de los precios internos de la energía, lo cual dirigió automáticamente al país otra vez a la dependencia externa del gas y de la energía eléctrica.

El cuello de botella que hoy existe en materia de divisas se debe fundamentalmente a esa irresponsabilidad: la Argentina ha vuelto a ser una importadora neta de energía. Allí y no en otro lado está el “festival”.

Naturalmente la vicepresidente no se hizo cargo de ese dislate (que ella ordenó) y culpó a la importación de paraguas chinos del desequilibrio en las cuentas externas del Central exigiendo que el presidente usara la lapicera para prohibirle a las empresas el acceso a los dólares.

La respuesta de los mercados fue contundente: tanto el dólar libre como el índice de riesgo país volaron por el aire.

Según indicaron algunas fuentes, Carlos Melconian, que estuvo el miércoles pasado reunido tres horas con Kirchner, le habría dicho que no le quedan más alternativas que un ajuste clásico.

¿Qué se entiende por eso? Una devaluación profunda del tipo de cambio oficial y una suba indiscriminada de las tarifas públicas.

La vicepresidente está familiarizada con eso porque ya lo hizo en enero de 2014 cuando Fábregas era presidente del BCRA y Kicillof ministro de economía y entre ambos devaluaron el 30% de un día para el otro llevando la cotización del dólar de 6 a 9 pesos.

Pero no está claro si ésta vez estará dispuesta a hacerlo porque si todo sigue así lo más probable es que intente un proyecto político propio a partir de “Unidad Ciudadana” en las próximas PASO.

El experimento de conseguir su sobreseimiento en las múltiples causas judiciales que la atormentan a través de una interpósita persona (como fue su ocurrencia de mayo de 2019 con Alberto Fernández) claramente no ha funcionado.

La Corte Suprema acaba de derribar todos los recursos defensivos que los abogados de la señora habían presentado para abortar los casos que más la preocupan: Vialidad, Cuadernos y Hotesur/Los Sauces.

Ya hay fiscales trabajando en su pedido de detención. Ella es absolutamente consciente que debe hacer algo; que su tiempo se acaba.

Para analizar lo que ocurre en el país nunca hay que perder de vista el principio rector que rige todas las decisiones mientras Kirchner esté en el gobierno: todo está supeditado a los intereses personales y familiares (en ese orden) de la vicepresidente. Si hay que incendiar todo, pues se incendiará y que en esa hoguera también se purifiquen sus crímenes.

Esa disyuntiva (la de ir a un ajuste clásico combinado con su presentación a las elecciones con su propio nombre) no está resuelta aún.

Kirchner sabe que entrar en ese ajuste y luego presentarse en las PASO puede resultar terminal para un ciclo político que lleva ya 20 años en la Argentina. Todo indica que la vicepresidente intentará todo tipo de retorcimiento artificial antes de suicidarse de ese modo.

Las alquimias que se vieron ayer en el mercado pueden ser solo juegos de niños al lado de lo que puede venirse.