miércoles, septiembre 23

Emisión monetaria sin límites: la nueva trampa de liquidez

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Los principales bancos centrales del mundo están atrapados en una realidad que sólo se ve “más o menos bien” si no se corren de esta permanente inyección monetaria, con tasas de referencia en cero o incluso negativas y curvas de yields en la parte larga colapsadas en niveles absolutamente impensados.

Casi todas las curvas de los soberanos europeos hoy en día están en terreno negativo. Lo que era novedoso en algún momento, «el QE1 de Bernanke», es hoy una tendencia monetaria global que hasta se da en llamar “la nueva política monetaria”, como si emitir al infinito tuviese algo de novedoso.

Se viene escribiendo un peligroso capítulo en política monetaria, la cual ha alcanzado niveles históricos respecto a su formidable capacidad de distorsión que hasta incluso ha afectado correlaciones básicas entre oro, bonos del Tesoro norteamericano y acciones.

La nueva trampa de la liquidez

La Reserva Federal y ahora varios bancos centrales del mundo están atrapados en su propia creación, lo que parecería ser la “nueva versión de la trampa de liquidez”, una bastante más perversa en donde todo banco central que decida ser ortodoxo arriesga el fin de la reflación y por lo tanto, el inicio potencial de un caos sistemático relacionado al colapso en los precios de activos financieros.

La nueva trampa de la liquidez

La Reserva Federal y ahora varios bancos centrales del mundo están atrapados en su propia creación, lo que parecería ser la “nueva versión de la trampa de liquidez”, una bastante más perversa en donde todo banco central que decida ser ortodoxo arriesga el fin de la reflación y por lo tanto, el inicio potencial de un caos sistemático relacionado al colapso en los precios de activos financieros.

Tiempo atrás, cuando la economía norteamericana mostraba síntomas de una muy lenta recuperación se debatía si la Reserva Federal había alcanzado su límite de estímulo. Recordemos que por entonces su tasa de referencia estaba en 0% por lo que “técnicamente” no podía bajar más desde ese nivel. Entonces se pensaba que la economía real debería encontrar su curso en soledad y sin mayor ayuda de la Fed dado que ya «no tenía más balas».

Sin embargo, desde entonces la Reserva Federal de Ben Bernanke y ahora de Jerome Powell, se embarcó en política monetaria no tradicional y ultra-expansiva y vía sus cuatro QEs se encargó de seguir estimulando a un mercado de activos que parecería no tener límites a la reflación.

Los QEs de la crisis 2008/2014 han ido preferentemente a comprar bonos largos con el objetivo de colapsar las tasas de largo plazo en un intento de estimular el financiamiento en viviendas. Sin embargo, con el QE4 implementado meses atrás por Powell, dado que las yields de los bonos están casi en cero, el mercado esta vez, decidió reflacionar casi enteramente por los mercados de equity, en especial las acciones tecnológicas y aun después de la feroz corrección que exhibieron en estos días.

Literalmente, la Reserva Federal aniquiló al mercado de bonos libre de riesgo eliminando una clásica alternativa de inversión para el ahorrista. Ahora dicho ahorrista queda forzado a posicionarse en un monstruo totalmente distinto: equity, con toda la volatilidad y locura que ello implica.

La estrategia 2008/2014 y «la madre de todas las trampas»

Las rondas anteriores de QE implementadas entre 2008/2014 intentaron impactar a la economía real en tres frentes:

  • a) yields largas en descenso estimulaban la inversión,
  • b) debilidad del dólar aumentaba competitividad norteamericana vía exportaciones,
  • c) efecto riqueza vía reflación de activos financieros te hacía sentir “nominalmente” más rico, estimulando el consumo.

Mientras el S&P y el Nasdaq batieron récords una y otra vez, la economía global venía exhibiendo una performance bastante mediocre obligando a una generalización de las medidas originalmente adoptadas por la Reserva Federal.

Y después de todo esto apareció el Covid-19 y borró de un plumazo lo que hasta entonces se concebía como “agresivo” monetariamente hablando. Las decisiones monetarias adoptadas desde entonces superan con creces en magnitud y velocidad lo actuado en la crisis anterior.

Por lo tanto, se podría conjeturar que los QEs anteriores le permitieron a la Fed escapar de la trampa de liquidez a la que había alcanzado cuando su tasa de referencia tocó el 0%. Los QEs podría decirse fueron la forma de escapar de la trampa original de “tasa cero”.

Pero lo interesante es que la Fed quizá esquivó una trampa de liquidez en el corto para entrar en otra trampa de liquidez en el largo, exacerbada por múltiplos ahora dado lo actuado por la pandemia.

Esta última trampa, “la madre de todas las trampas” puede ser burbujeantemente esquizofrénica, más aún porque esta forma de hacer política monetaria se generalizó a nivel mundial enfrentándonos hoy a coyunturas en riesgo de deflación y cuasi-recesivas.

La segunda trampa

La Fed en particular sabe que si se pasa un poco de rosca no más, el empinamiento en la parte larga de la curva puede ser suficientemente agresivo como para desafiar todo lo avanzado a nivel de colapso en riesgo global.

Precisamente aquí está la segunda trampa, ahora en la dimensión de política monetaria heterodoxa, trampa en la que no sólo ahora está la Fed sino una secuencia creciente de centrales orientados por preservar un empleo escaso que intenta sobrevivir a los impactos del coronavirus.

Podemos estar observando a un grupo de bancos centrales que si bien supieron escapar de la trampa de liquidez del 2008 bien pueden empezar a quedar atrapados en su segunda y magnánima creación: QEs enormes y en todos lados del G10.

Hay un mercado entero dependiente de los QEs, muy acostumbrado a no «hedgear» nada y muy listo a correrse ante la menor falta de complacencia monetaria.