“Esto se acaba”: la última frase del General Perón y su multitudinario funeral

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Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento del expresidente. Según reveló su enfermera, dijo sus últimas palabras cuando entró en paro cardíaco el 1° de julio. Fue despedido por un millón de personas.

Una multitud acompaña al coche fúnebre que lleva los restos de Juan Domingo Perón al Congreso de la Nación, donde fue velado hace 48 años. Se estima que un millón de personas fue al funeral.
Una multitud acompaña al coche fúnebre que lleva los restos de Juan Domingo Perón al Congreso de la Nación, donde fue velado hace 48 años. Se estima que un millón de personas fue al funeral. Crédito: Reynaldo Gómez

“El Teniente General Juan Domingo Perón falleció a las 13.15 horas”, cerraba el comunicado N° 5 del 1° de julio de 1974, firmado por los médicos que lo habían atendido durante su agonía en la Quinta de Olivos. Eran cerca de las dos de la tarde de ese lunes cuando la prensa se enteraba y faltaban apenas unos minutos para que la noticia corriera por todo el país y desatara uno de los duelos más grandes de la historia argentina.

Un rato antes, según el relato de la enfermera Norma Baylo, quien lo estaba monitoreando cuando tuvo su primer paro cardíaco, el propio Perón anticipó su final: “Esto se acaba”, fueron sus últimas palabras alrededor de las 10.30 de la mañana de hace 48 años. Unas horas después, sus restos fueron llevados a la capilla de la Residencia presidencial y el martes 2 de julio al Congreso de la Nación, donde dio inicio su multitudinario funeral.

La muerte de Juan Domingo Perón: miles despidieron a su líder

Se estima que un millón de personas se acercaron a las puertas del Congreso a expresar su dolor y a despedir al General, que fue velado a cajón abierto durante casi tres días, hasta que el 4 de julio fue trasladado al Cementerio de la Chacarita lugar en el que permaneció 32 años hasta su siguiente -y último- traslado, el 17 de octubre de 2006, al Museo que funciona en la histórica Quinta de San Vicente, que Perón había comprado en 1943.

Para que el cuerpo del General -vestido con su uniforme militar por indicación de su viuda, María Estela Martínez de Perón– permaneciese en condiciones durante el tiempo que durara su velatorio (ante el ataúd desfilaron unas 200 mil personas), el doctor Alberto Tamashiro tuvo que inyectarle casi de urgencia tres litros de formol.

Decenas de políticos, sindicalistas y personajes de diversos ambientes, se acercaron a dar sus condolencias a la viuda de Perón y a despedir al fallecido presidente. Y no sólo hombres y mujeres afines a las ideas del peronismo sino también opositores, algunos históricos, como el caso de Ricardo Balbín.

El día del histórico abrazo entre Perón y Balbín, en noviembre de 1972. Al año año siguiente, el General lo derrotó en las elecciones presidenciales y en 1974 el líder radical lo despidió con un emotivo discurso.
El día del histórico abrazo entre Perón y Balbín, en noviembre de 1972. Al año año siguiente, el General lo derrotó en las elecciones presidenciales y en 1974 el líder radical lo despidió con un emotivo discurso.

El líder de la Unión Cívica Radical, nueve años menor que Perón y que el 23 de septiembre de 1973 había sido derrotado por el General en las elecciones presidenciales, le dedicó un emotivo discurso en el Congreso, en el que a pocos metros del ataúd pronunció la histórica frase “este viejo adversario, despide a un amigo”.

La enfermedad y el desenlace fatal de Juan Domingo Perón

La muerte no sorprendió a Perón, de 78 años. De hecho, cuando contrajo una broncopatía infecciosa, a medidos de junio, su cuerpo lo sintió fuerte y comenzó a caer progresivamente. Unos pocos días antes, el 12 de junio, en una movilización a la Plaza de Mayo convocada por la CGT, Perón le habló a la gente por última vez.

Fue un discurso desde el balcón de la Casa Rosada que sonó casi como una despedida, en el que, luego de agradecerle a la multitud que haya ido a darle su apoyo a la Plaza, pronunció su célebre frase “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que es para mí la palabra del pueblo argentino”.

La enfermedad avanzó y decidió hacerle caso a los médicos, quienes le recomendaron dejar el poder. Y eso hizo el sábado 29 de junio: ante el impedimento de ejercer la presidencia y, tal vez, la intuición de que las cosas no tendrían retorno, le cedió el mando a su vicepresidenta, su esposa, también conocida por el seudónimo artístico de sus tiempos de bailarina: “Isabelita”.

Según reveló el periodista Nelson Castro, la madrugada del lunes 1° de julio fue agitada, con un Perón que evidenciaba una profunda desmejora. Aun así, en la primera hora de la mañana, se mostró algo lúcido y pasó de la cama a estar sentado en un sillón. Un poco antes, había estado en Olivos el sacerdote católico Héctor Ponzio, capellán del Regimiento de Granaderos a Caballo, quien le dio la extremaunción.

Perón saluda a la multitud en la Plaza de Mayo en su último discurso, el 12 de junio de 1974.
Perón saluda a la multitud en la Plaza de Mayo en su último discurso, el 12 de junio de 1974.

Un rato después, a las 10.25, sucedió su primer paro cardíaco y la inminencia de la muerte lo llevó a decir, según su enfermera, “esto se acaba”. Comenzaron las tareas para sacarlo del colapso en el que estaba, Perón pudo salir del paro aunque a los pocos minutos entró en un nuevo paro cardíaco del que ya no regresó, a pesar de los intensos trabajos de los médicos.

Con otro paciente, tal vez, hubiesen dejado de intentar la reanimación bastante antes, pero el tratarse del presidente de la Nación hizo que la tarea se prolongara casi tres horas, hasta que comprendieron que ya era inútil el esfuerzo y lo declararon oficialmente muerto a las 13.15.

Antes de que el féretro fuese trasladado al Congreso, en la mañana del 2 de julio, fue llevado a la Catedral de Buenos Aires, donde se ofició una misa en su memoria. A la salida, el cortejo fúnebre que se dirigió desde la Plaza de Mayo, por Avenida de Mayo y luego Rivadavia, hasta la Plaza de los dos Congresos, fue acompañado por una multitud. Miles de personas rezaban, tiraban flores sobre el coche y lloraron sin consuelo la muerte de su líder.