“Estúpidos e imberbes”, el día que Juan Domingo Perón echó a los Montoneros de la Plaza de Mayo

0
220

La organización guerrillera nacida en los 70 pretendía interpelar públicamente al general durante el acto en 1974.

"Estúpidos e imberbes", el día que Juan Domingo Perón echó a los Montoneros de la Plaza de Mayo
“Estúpidos e imberbes”, el día que Juan Domingo Perón echó a los Montoneros de la Plaza de Mayo

El 1° de Mayo de 1974, y tras un largo exilio, Juan Domingo Perón utilizó el Día del Trabajador para volver a hablarle a su pueblo desde el mítico balcón de la Casa Rosada.

Sin embargo, ese acto no fue uno más, sino que pasó a la historia como “el día que Perón echó a los Montoneros de la Plaza”.

El clima del país estaba enrarecido. Tras ser proscripto una vez más por la dictadura saliente, y luego de que Héctor Cámpora encabece la fórmula presidencial justicialista en las elecciones de 1973, el líder peronista se vio obligado a asumir la presidencia tras una nueva convocatoria a elecciones porque el Gobierno que debía ser ejercido en su nombre estaba siendo copado por Montoneros.

Dos días después de su triunfo en las urnas, con el 62% de los votos, la organización guerrillera nacida en los 70, que se decía peronista, asesinó al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, mano derecha del general en esa etapa.

De esta manera, la colisión con el dirigente exiliado con el que pretendía discutir de igual a igual no tardó en hacerse visible.

En ese marco, aquel 1º de Mayo de 1974, los Montoneros pretendieron interpelar públicamente al general Perón durante el acto. Para ello ubicaron sus columnas de militantes lo más cerca posible del balcón de la Casa Rosada.

“Compañeros: hace hoy 19 años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los trabajadores argentinos”, comenzó el general.

Sin embargo, las consignas montoneras no tardaron en interrumpirlo con sus cánticos: “¡Qué pasa, qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular!” o “¡Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical!”

Lejos de quedarse callado, Perón los increpó: “No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan“.

A partir de ese momento, centró su discurso en el elogio a las organizaciones sindicales a las que atribuyó el mayor protagonismo en la resistencia a las dictaduras y gobierno ilegítimos que se sucedieron en el país luego de su derrocamiento en 1955.

Perón: “Algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años”

“A través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años. Por eso, compañeros, quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que todavía haya tronado el escarmiento”.

Los Montoneros captaron la alusión y subieron la apuesta: “¡Rucci traidor, saludos a Vandor!”, “¡Montoneros, Montoneros, Montoneros!”.

Perón, por su parte, continuó con su discurso: “Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho…”

“¡Conformes, conformes, conformes, General, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar!”, fue la respuesta de Los Montoneros en ese entonces.

Fue entonces cuando, en un marco de caos generalizado, la organización guerrillera comenzó a replegar sus columnas para abandonar la Plaza.

No obstante, sirviéndose de palos a modo de “corralito”, intentó, con un movimiento envolvente, asegurar que se retirara el mayor número de personas posible.

Fue la intervención de los sindicatos y de organizaciones ortodoxas como Guardia de Hierro la que impidió que, al amparo de la confusión general, la organización armada lograra su objetivo de vaciar la Plaza.

Conforme avanzaba su discurso, Perón aseguraba que los días por venir serían de reconstrucción nacional y de liberación “no solamente del colonialismo” sino “también de estos infiltrados que trabajan adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar con que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero”.

Además, llamó a terminar con los “odios y las divisiones inútiles, inoperantes e intrascendentes”, y expresó su su deseo de “verlos de nuevo en esta plaza el 17 de octubre”.

Sin embargo Perón falleció el 1º de julio de ese mismo año y fue demasiado tarde para frenar la espiral de violencia y enfrentamiento interno.