Geopatía: la muerte invisible respaldada por las grandes corporaciones

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Nuestra salud va a depender del lugar exacto donde vivimos, sobre todo del lugar donde trabajamos o dormimos.

Cada vez es más frecuente ver personas que sufren insomnio, cefaleas, mareos, dolores musculares, cambios de humor, cansancio crónico y hasta enfermedades degenerativas. Si bien el origen de las mismas pueden tener múltiples factores, hay un elemento central que es desconocido para la sociedad e ignorado por el Gobierno: la geopatía.

A diario todas las personas estamos expuestas a radiaciones, tanto de carácter natural como artificial, sin embargo, el problema viene cuando recibimos más radiación de la que deberíamos. A este exceso de radiación se le conoce como geopatía.

Por tanto, la geopatia es el exceso de radiación, tanto natural como artificial, que recibimos las personas durante un periodo de tiempo prolongado.

En el año 1951, el doctor Francois Peyré y más tarde Ernst Hartmann, demostraron la existencia de las hoy conocidas como “líneas de Hartmann” que consisten en una red gigantesca de energía que abarca toda la Tierra y que crea radiaciones rectilíneas, por lo cual también es llamada Red Global de Radiación. Los cruces o intersecciones de estas líneas de fuerza estarían ocupados por cuadrados de 21 centímetros de lado, donde la energía está más concentrada y su efecto nocivo puede hacerse más notorio.

Las alteraciones más frecuentes capaces de modificar el campo magnético terrestre son: las corrientes de agua subterráneas, las fallas geológicas, las masas minerales,las fuertes alteraciones del subsuelo, las chimeneas cosmotelúricas y las redes globales.                     

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“Todas y cada una de ellas tienen diferentes naturalezas, amplitudes, profundidad, dirección, longitud e inercia, siendo por tanto emanadoras de muy diferentes gradientes radiactivos por rayos gamma, neutrones o diferencias de potencial. Tendrán niveles y comportamientos muy diferentes que incluso variarán en las diferentes bandas horarias del día y de la noche”, comentó el experto en radiestesia y profesor de Radiestesia, Electrobiología y Biohabitabilidad de GEA (Asociación de Estudios de Geobiología), Pedro Luquin Garrués.

Por otro lado, las radiaciones artificiales que invaden actualmente nuestros hábitats y no se toma consciencia de las consecuencias, se proyectan en forma de campos de baja o alta frecuencia y podríamos imaginarlos como esferas o elipses 3 D, mayores o menores según la potencia de la fuente que las genere.

Las mismas son generadas por las antenas de telefonía, radares, inhibidores de frecuencia, transformadores, torres de alta tensión y, dentro de nuestros espacios de permanencia, el Wi-fi, teléfonos inalámbricos, celulares, televisión, hornos microondas, Baby fonts, transformadores, cableados, entre otras. 

Respecto al riesgo de las mismas en la salud, Pedro Luquin Garrués asegura que “no es posible definir con exactitud cuál es más irradiante y castigadora”. “Siempre dependerá de la potencia, de la cercanía y del tiempo que se permanezca sobre o cerca de ellas”, enfatizó.

“El baluarte que resiste desde el inicio de la exposición tanto a las radiaciones naturales como a los campos electromagnéticos es el sistema inmunitario, y este es el primero que después de un tiempo de resistencia claudica y comienza a debilitarse, dando paso a los siguientes trastornos, dolencias, enfermedades y por último la degeneración. Este es siempre el proceso que observamos en todos los casos”, comentó el especialista y agregó, “Obviamente pues dependerá de la edad, la condición, el ejercicio, alimentación e higiene de vida en general que tardará más o menos tiempo en hacer mella en la persona que duerma por ejemplo sobre o cerca de una radiación”.

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Entre estas líneas geométricas se halla una zona neutra, donde existe una especie de “microclima sin perturbaciones”, donde es recomendable permanecer durante nuestro horario de trabajo y cuando dormimos. En estas zonas el campo electromagnético de la onda neutra difiere del situado sobre un cruce geopático.  

Nuestra salud va a depender del lugar exacto donde vivimos, sobre todo del lugar donde trabajamos o dormimos.

La complicidad de las grandes corporaciones y Gobiernos

Si nos referimos a los efectos nocivos de estas ondas, los daños biológicos que provocan estas geopatías agresivas, ya se conocían en la antigüedad como uno de los males fantasmas de aquel tiempo; numerosas referencias se reflejan en los anales antiguos de las culturas más avanzadas, como la egipcia, la andina, romana y la china donde se las llamaba como “las puertas de salidas de los demonios”.

En la actualidad, son muchos los estudios que comprueban los efectos nocivos de estas ondas en la salud, no obstante, nadie habla del tema ni se toma consciencia de este “suicidio lento”. 

Así como ocurre con los “agrotóxicos” en las fumigaciones, con la geopatía ocurre lo mismo: grandes poderes que evitan y censuran la información respecto a estos temas.                                                    

“Los grandes poderes fácticos que como en otros muchos campos evitan a toda costa que se filtre cualquier información que vaya en contra de sus intereses económicos y se dé a conocer de forma pública, hacen uso de todo su poder e influencia para desarticular, desprestigiar, desmentir e incluso amenazar a quien difunda lo que ellos califican como pseudociencia, información filtrada no demostrada científicamente”, opinó el experto en radiestesia.

Por ende, ya que desde los sectores de poder no van a informar respecto a estas cuestiones, es importante que la sociedad pueda estar informada acerca de estos “males invisibles” e intentar generar un cambio por nosotros mismos. Como decía Karl Marx: “el motor de la historia es la lucha de clases”.