domingo, septiembre 25

Guerra Rusia-Ucrania: la débil posición de la Argentina frente al desconcierto global

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Nota extraída de TN por Sergio Berensztein

La Argentina arrastra problemas estructurales y debe enfrentar con menos recursos la crisis mundial. El conflicto, en perspectiva

La invasión de tropas rusas en Ucrania ratifica que ya no queda casi nada del “orden mundial” surgido tras el final de la Guerra Fría. El mundo bipolar de aquel período se ha ido transformando hacía formas cada vez más caóticas.

Pasando del mundo unipolar al multipolar y, por último, al actual escenario apolar, con la emergencia de China como una potencia de primera magnitud, y la presencia de múltiples actores de mediano o, incluso, limitado poder, pero con capacidad para frustrar cualquier intento de nuevo orden y oponerse al liderazgo de los Estados Unidos.

De hecho, Rusia no es hoy la gran potencia de antaño: con un PBI del tamaño de Brasil posee, sin embargo, el segundo ejército más poderoso del mundo, y está poniendo en vilo a toda Europa (cuando el PBI de la Unión Europea en su conjunto es 10 veces más grande que el de Rusia).

Al mismo tiempo, muchos de los grandes temas que dominaron la agenda global durante buena parte del siglo XX están reapareciendo: inflación (desde principios de los años ‘80 que EEUU no registraba estos niveles en su Índice de Precios al Consumidor); las discusiones en torno a los distintos caminos hacia el desarrollo; la cuestión del mass warfare (guerras masivas) y la seguridad militar; el Estado de Bienestar y los dilemas respecto a su financiamiento.

Por momentos, este resurgir es en detrimento incluso de los nuevos issues que, en teoría, debían caracterizar la política global en el siglo XXI: recordemos que Rusia y China no estuvieron presentes en la cumbre del clima de Glasgow y que, antes de eso, Trump intentó retirar a EEUU del Acuerdo de París, por considerar que este ofrecería ventajas competitivas a China e India. Estos dos acontecimientos ponen de manifiesto no solo el retroceso de la agenda medioambiental, sino también del multilateralismo como ámbito para el abordaje de estos desafíos.

Es precisamente este marco general lo que nos permite poner en perspectiva el conflicto armado en Ucrania. Ya desvanecida la ilusión de un mundo estable, colaborativo, de baja inflación y libre comercio, lo que asoma hoy es un marco global distinto, con un retorno de los viejos problemas y discusiones, lo cual obliga a los hacedores de políticas públicas a tener otras prioridades y consideraciones.

Esto para la Argentina en particular puede ser más complejo, por la debilidad estructural que arrastra hace años. Mientras que el resto de los países (Rusia, China, EEUU y Europa Occidental, pero también Europa del Este y los países nórdicos, donde se concentra el conflicto) aprovecharon estas décadas para, en términos generales, crecer, progresar, invertir y estabilizar sus economías, la Argentina recorrió un camino zigzagueante y repleto de frustraciones que concluyó en este gran fracaso económico y social. A nuestro país este desconcierto global lo encuentra peor preparado que al resto del mundo: problemas estructurales que deben ahora enfrentarse con menos recursos y flexibilidad de la que buena parte de las naciones del mundo lo hicieron en los últimos 40 años.

Mención aparte: si Argentina hubiese invertido lo suficiente para aumentar el área sembrada, como lo hizo por ejemplo Brasil, así como para potenciar la producción de hidrocarburos y la minería, podría aprovechar en toda su magnitud el actual salto en el precio de los commodities. Sin embargo, el aumento en el precio de los hidrocarburos hoy se está volviendo un dolor de cabeza, que adicionalmente complica las negociaciones con el FMI, por las diferencias que existen respecto al sendero de aumento en las tarifas. En 2021 Argentina importó aproximadamente 1100 millones de dólares en concepto de GNL. Por el salto en el precio y la recuperación económica, este año ese valor puede llegar a superar los 3500 millones de dólares.

La cuestión de la inflación pone de manifiesto que Argentina se encuentra en una peor posición. Durante años, la gran mayoría de los países supo cómo resolver el problema, hasta que volvió a surgir luego de la gran crisis del 2008, potenciado enormemente por la inyección de liquidez que se generó con la pandemia. Nosotros aún no supimos cómo solucionar la vieja inflación, que encima ya debemos enfrentarnos a la “nueva”.

La Argentina ingresa a esta dinámica de aumento de los precios a nivel global con una inflación doméstica que desde hace dos décadas muestra valores muy por encima de aquellos por los que tanto se preocupan (y con razón) en EEUU y Europa. Es que, más allá del deterioro que sufrieron el dólar y el euro, los juicios respecto a la importancia de la estabilidad macro en un lado y en otro son distintos. De hecho, la estabilidad macro protegida por Vladimir Putin durante los últimos años es lo que le brinda hoy el margen suficiente para invadir Ucrania soportando las sanciones impuestas por EEUU y Europa: según los datos del FMI, 600 mil millones de dólares son las reservas con las que cuenta Rusia.

Es decir, que a Putin divisas para hacer la guerra no le van a faltar: esto a su vez pone en duda la efectividad que pueden tener las sanciones implementadas por Biden, Macron, Johnson y Scholz para intentar detener a su par ruso. Se trata de un mundo donde las consecuencias por cometer actos que ponen en peligro a la seguridad global no existen o son muy marginales. En apenas unos días Putin prácticamente invadió un país entero frente a la mirada perpleja de las grandes potencias occidentales y muchos se preguntan si las sanciones están a la altura de lo acontecido.

El propio presidente ucraniano, Volodomyr Zelensky ayer se quejaba de que lo habían dejado solo. Más tarde habló con Biden, quien le habría prometido un endurecimiento de las sanciones. ¿Esta vez harán la diferencia? Al cierre de este artículo, se esperaba un nuevo anuncio por parte del mandatario norteamericano (se especulaba con eventuales penalizaciones para terceros países que hacen negocios con Rusia o un bloqueo al acceso de la red SWIFT, que se utiliza para pagos internacionales). Por el momento las sanciones sirvieron de poco, habrá que esperar para ver el impacto de las eventuales nuevas medidas. Mientras tanto las tropas de Putin avanzan sobre territorio ucraniano, aumentando el número de muertos e incluso cometiendo actos atroces contra la población civil (tal como se aprecia en el video viral que muestra un tanque ruso aplastando a un coche con su conductor adentro).

El destino quiso que la segunda gran crisis internacional para el presidente norteamericano (la primera fue la frustrada salida de Afganistán, con el regreso del talibán al poder) se librara en terreno ucraniano. Pocos recuerdan que para Joe Biden Ucrania no es un país más. En el pasado su hijo Hunter estuvo envuelto en un escándalo cuando salió a la luz su relación con la mayor compañía ucraniana de petróleo y gas, que tenía vínculos con Rusia. Donald Trump le había pedido a Zelensky que investigara los lazos de los Biden con Ucrania, quien a su vez prometió barrer con la corrupción en caso de encontrarla. Esta vez, los mismos actores vuelven a encontrarse en circunstancias mucho más trágicas. Este mundo realmente es impredecible.