Historia del médico que recibió la máxima distinción deCanadá por su trabajo en los trasplantes de riñón

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Hace más de cuarenta años que David Rush decidió viajar para ejercer su profesión y se convirtió en uno de los nefrólogos más prestigiosos. “Siempre hay una forma mejor de hacer las cosas”, reflexionó en diálogo con TN.

En su adolescencia, David Rush no sabía exactamente qué quería estudiar y eligió “al tun tun” la carrera de Medicina. Afrontó ese desafío y se recibió hace cincuenta años en la Universidad Nacional de Tucumán. Como sabía hablar inglés, rindió exámenes para probar suerte en Canadá y se convirtió en uno de los médicos argentinos más prestigiosos en el área de trasplante de riñones. Este año, Rush fue nombrado miembro de la Orden de Canadá, la máxima distinción que ese país -a través de la decisión de un jurado- otorga cada año a personas destacadas en su trabajo.

“Me siento muy honrado. Estoy sorprendido porque no lo esperaba”, dijo en diálogo con TN con la tonada característica de Tucumán que, pese a los años en el exterior, no se borró.Sin embargo, también aseguró que recibir ese premio le dejó un sabor agridulce: “Es una mezcla de sensaciones. Me da alegría por el reconocimiento, pero también tristeza porque quiere decir que se está terminando mi carrera y debo dejar mi lugar”.

Contó que fueron sus colegas quienes lo propusieron como candidato a la distinción. “Cuando me llamaron, me dijeron que me iban a dar un premio y no entendía nada. ‘¿Usted está seguro que está hablando con la persona que corresponde?’, le pregunté al que me llamó y me dijo que sí”, sostuvo, entre risas.

Desde ese momento, tuvo que guardarse la gran noticia durante 30 días. “Un día antes de que se cumpliera el plazo, les dije a mis hermanos, que viven en Tucumán, que quería contarles algo y pensaron que estaba enfermo. Cuando les dije, se pusieron muy felices”, recordó Rush.

La historia del médico que recibió la máxima distinción de Canadá por su trabajo en los trasplantes de riñón

La decisión de viajar a Canadá

Hijo de un profesor de Literatura inglesa y de una profesora de inglés, no había forma de que David no aprendiera el idioma desde pequeño. Sorprendió cuando quiso estudiar Medicina, pero siempre obtuvo apoyo de su familia, lo cual facilitó la decisión de emprender viaje y buscar trabajo en Canadá como médico.

En 1972 se fue de la Argentina y volvió pronto para casarse con su -entonces- novia, una practicante de Medicina. Ella se había quedado en Tucumán para terminar la carrera, pero una vez recibida, viajó junto a él para incorporarse al equipo médico canadiense.

Hoy tienen hijos e incluso nietos y destaca lo lindo de compartir la profesión: “Nos ayuda porque hay veces que tenemos que trabajar al mismo tiempo. Lo que sí, los chicos ya nos dejaron en claro que no les interesa para nada la medicina”.

David, además, tampoco reniega de su país y cada año vuelve a visitar a su familia en Tucumán. “Vengo una o dos veces al año a verlos. He escrito para la Revista argentina de Trasplantes, vengo a dar charlas y congresos. Eso para mí es devolver algo a la patria porque, en definitiva, nunca me he alejado de la Argentina”, manifestó.

Conocer, trabajar e investigar: los tres pilares de Rush

A lo largo de su extensa trayectoria, tuvo varias funciones y en todas fue muy reconocido. Empezó en la nefrología y luego se avocó de lleno a los trasplantes de riñón.

“Estuve en la clínica de trasplantes atendiendo pacientes, me he dedicado a la enseñanza y he trabajado mucho en investigar sobre el tema. Creo que el premio ha sido por el conjunto de estas tres cosas”, explicó.

El médico, en un congreso. (Foto: David Rush)
El médico, en un congreso. (Foto: David Rush)

En ese sentido, precisó: “La medicina se trata de personas. Un médico quiere mejorar la vida y salud de los pacientes porque con la salud se vive mejor y más. Entonces parte de enseñar requiere que uno aprenda, lo obliga a estudiar y hacer buena medicina, descubrir cosas que no se hacen en el momento”.

Innovaciones en los trasplantes de riñón

El médico tucumano fue reconocido por innovar en la práctica de la medicina de trasplantes y recordó cuál fue el punto de inflexión para llegar a uno de los descubrimientos.

“Si uno piensa, la mayoría de las enfermedades no se sabe cuándo empiezan porque muchas veces los pacientes no tienen síntomas. En cambio, el trasplante comienza el día que se coloca el riñón”, señaló y agregó: “Para determinar la función renal, el paciente debía hacerse pruebas de laboratorio. Nosotros descubrimos a raíz de un caso que los análisis no indicaban el estado de salud del riñón, que la única forma de saber cómo andaba era hacer una biopsia”.

En esa línea, profundizó: “Si vos vas a un médico y te dicen ‘vamos a hacer una biopsia de útero’, te vas a otro médico, pero para saber si el riñón es compatible o funciona mal no se podía ver con las pruebas comunes, entonces empezamos a hacer biopsias seriadas o de vigilancia a todos los pacientes”.

“Entonces cuando empezamos a hacer las biopsias rutinarias, nos dimos cuenta de que las fallas estaban siendo detectadas sin que hubiera un análisis que así lo demostrara. La ventaja fue detectar ese daño rápido, lo que nos permitía hacer un tratamiento más precoz y darle más posibilidades de vida”, remarcó, aunque admitió que al principio fue una práctica muy discutida.

El médico, en una visita a la Universidad Nacional de Tucumán, donde obtuvo su título de médico. (Foto: David Rush)
El médico, en una visita a la Universidad Nacional de Tucumán, donde obtuvo su título de médico. (Foto: David Rush)

Ahora realizan una primera biopsia antes de realizar el trasplante para confirmar que esté “limpio” el órgano y luego, una vez operado, se hace otra biopsia para ver si efectivamente el paciente desarrolló una enfermedad o no.

“Siempre hay una forma mejor de hacer las cosas”

Para llegar a descubrir e innovar en su área, Rush nunca dejó de preguntarse cosas: “Si alguien no sabe qué hacer, en cualquier carrera y en cualquier lugar del mundo, que indague y que no acepte las cosas exactamente como son porque siempre hay una forma mejor de hacer las cosas”.

En esa línea, marcó: “No hay que tomar los caminos pavimentados, todos lo hacen así. Hay que aventurarse y arriesgarse. Buscar la manera nueva de hacer las cosas, de mejorar. Hacer crecer el afán de investigar y de buscar una solución a un problema”.

“El paciente que me llevó a pensar eso es uno que nunca había tenido resultados normales en sus pruebas. Cuando le hicimos una biopsia, el riñón estaba tan malo que lo perdió al poco tiempo y yo me preguntaba desde cuándo pasaba eso. Es por ahí, es indagar e intentar cambiar las cosas”, cerró.