La herencia de Franco Macri: Mauricio y sus hermanos aceptaron incluir a Alejandra

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  • 2020-01-11

La Justicia obligó al ya fallecido padre del ex presidente a reconocerla en 2005, tras un análisis de ADN que asignó un 99,9% de coincidencia.

La familia Macri aceptó como heredera a Alejandra, la hija que el fallecido Franco Macri dejó fuera del testamento que le entregó a un escribano hace cuatro años. Se trata de una hija que debió reconocer a instancias de la Justicia, tras un análisis de ADN que asignó un 99,9% de compatibilidad.

Según informó La Nación, Mauricio Macri y su hermano Gianfranco mantuvieron conversaciones con Alejandra y se pusieron de acuerdo en incluirla en el testamento que, tal como fue escrito por Franco, le otorgaba el 20% de sus bienes en partes iguales a Mauricio, Gianfranco, Mariano y Florencia, y el porcentaje restante a los hijos de Sandra, su otra hija, fallecida.

«Tuvimos una excelente reunión y tenemos una muy buena relación», explicó Gianfranco. Según precisa la publicación, él compartió un café con Alejandra, después de un primer contacto telefónico que ella había tenido con Mauricio.

Como Alejandra no figura en el testamento de Franco Macri, podría quedar en inferioridad de condiciones. Los abogados de la familia aseguran que la fortuna se repartirá en partes iguales, pero que Alejandra recibiría su porción sobre el 66% del total. Es decir, sería una de las herederas naturales, pero como no fue incluida en el testamento no recibirá el 33% de los bienes conocidos como de «libre disponibilidad», el porcentaje que permite elegir el destino de la herencia, según consta en el nuevo Código Civil.

Alejandra nació en 1964, cinco años después que Mauricio, producto de la relación entre Franco y una de sus recepcionistas. La Justicia obligó al empresario a reconocerla en 2005, después de un análisis de ADN que arrojó un 99% de compatibilidad y que el empresario no apeló.

Franco Macri llegó a contar en los 90 con una fortuna de cercana a los US$800 millones, según precisó la revista Forbes. Pero cedió en vida su mayor activo: las compañías. Éstas no forman parte de la sucesión porque ya habían sido repartidas hace una década entre sus hijos Mauricio, Sandra, Gianfranco, Mariano y Florencia. Es decir que la mayor parte de su fortuna ya fue repartida. De eso, Alejandra no ha recibido nada.

Según publicó en mayo pasado la revista Noticias, los abogados de Alejandra estaban trabajando en tratar de impugnar ese reparto. Franco Macri cedió sus acciones dentro del Grupo Socma en dos etapas: la primera fue el 11 de septiembre de 1985 y luego en una segunda etapa donó el resto el 14 de septiembre de 1990. En ambos casos solo cedió las acciones, pero él se quedó con el usufructo y con los derechos políticos, es decir que cobraba dividendos y también tomaba decisiones sobre el directorio.

En 2006 comienza a gestarse la salida de Franco del grupo que fundó. En 2007 le vende IECSA a su sobrino Angelo Calcaterra y de a poco va dejando otras compañías. Su salida definitiva se da el 15 de julio de 2009, cuando les cede todos los derechos accionarios a sus hijos y él se lleva una indemnización con la que intenta hacer negocios en China, pero no le va muy bien.

El detalle de las fechas se torna relevante porque los abogados de Alejandra podría pedir lo que se conoce en derecho sucesorio como una “acción de colación”, una herramienta que le permite a un heredero rever cualquier reparto de herencia que haya hecho el padre o la madre en vida y en el que se haya sentido perjudicado.

La mujer podría reclamar su parte por el reparto de acciones de 1985 y 1990 si prueba que Franco sabía de su existencia antes de 1985. Los relatos judiciales sobre esta historia sostienen que él se enteró de esto con el llamado de Alejandra en 1999.

Ahora la herencia del empresario consta de tres inmuebles de alto valor comercial y un saldo de dinero sobrante de sus inversiones en China, según informaron desde su entorno. Las propiedades son el departamento en Manantiales, en Punta del Este, donde Franco Macri solía pasar fin de año y parte de sus vacaciones; la casona de la calle Eduardo Costa, en Barrio Parque, donde vivió hasta sus últimos días, y el chalet de fin de semana en la quinta Los Abrojos.