viernes, noviembre 27

La Korona

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Humor polìtico.Nota extraída de Clarín por Alejandro Borensztein

Tenemos una Reina que, como toda Reina que se precie de tal, hace lo que se le canta.

La reina, en The Crown, y Cristina Kirchner

Antes que nada, a pedido de un amigo, publicamos la siguiente carta: “Por la presente queremos felicitar y agradecer a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, sobre todo al bloque del Frente de Todos y muy especialmente a los diputados Máximo Kirchner y Carlos Heller, por la aprobación del impuesto solidario a las grandes fortunas.

Esta nueva medida, sumada al aumento del impuesto de Bienes Personales ya promulgado por el gobierno, es un gesto que valoramos y que nos ayudará a salir más rápidamente de la crisis provocada por las cuarentenas.

Con la seguridad de que todo esto redundará en nuevas inversiones y en una mayor generación de empleo para nuestro pueblo, los saludamos con el cariño y la admiración de siempre»,

Luis Lacalle Pou, Presidente de la República Oriental del Uruguay

Cumplido con el encargo, vayan ahora dos reconocimientos especiales.

El primero es para Gerardo Zamora, el gobernador de Santiago del Estero, cuyos funcionarios impidieron el reingreso a la provincia de un padre que volvía de un hospital de Tucumán con su hijita de 12 años enferma de cáncer. Todos los argentinos pudimos ver por televisión como Diego Martínez tuvo que cargar en brazos a su hija Abigaíl que lloraba de dolor. Un clásico del tradicional progresismo kirchnerista santiagueño.

El otro reconocimiento es para Gildo Insfrán que fue intimado por la Corte Suprema de Justicia a permitir el reingreso de familias con niños que llevaban meses viviendo a la intemperie en las fronteras de la provincia imposibilitados de volver a sus casas por orden del gobernador. Tambien lo vimos por televisión.

El agradecimiento para ambos es porque, tanto Zamora como Insfrán, han cumplido con la invalorable misión histórica de mantener vivo el recuerdo y el espíritu de Massera, Suárez Mason, Bussi y otros inolvidables torturadores de nuestra historia. No hay mal que por bien no venga. Ser gobernados por estos ilustres personajes del presente sirve para que las nuevas generaciones entiendan mejor cómo se sentía ser gobernado por aquellos ilustres sátrapas del pasado.

La única curiosidad remanente de estos episodios es el silencio del Presidente, del Jefe de Gabinete, del Ministro del Interior, de la Ministra de Seguridad y del Secretario de DDHH.

Seguramente mañana tempranito empezaremos a escuchar sus declaraciones de repudio contra Insfrán y Zamora. Se ve que esta semana, entre el partido de la Selección Argentina y los festejos por el Día de la Militancia, no tuvieron tiempo para ocuparse del tema.

Dicho todo esto, vayamos a lo importante.

Como se puede ver en la exitosa serie “The Crown” (“La Corona”), en el Reino Unido hay una monarquía perteneciente a la Casa Real Windsor que domina la Mancomunidad de Naciones Británicas, incluidos los territorios de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Si bien el pueblo británico tiene derecho a votar y a elegir al primer ministro, la verdadera manija del poder la tiene la Reina y es a perpetuidad. Ella goza del amor de una buena parte del pueblo, de la obediencia ciega de súbditos y funcionarios, de la más absoluta inmunidad ante cualquier contratiempo y, por supuesto, de las joyas. De a poquito, acá va siendo igual.

A falta de reinas, príncipes, duques y condesas, los argentinos hemos puesto nuestras fantasías monárquicas en lo más parecido que encontramos: Mirtha, Susana, Moria, con sus familias, sus romances y sus tragedias. Simpáticas, populares, queribles, ellas han constituido por años una especie de realeza argentina, pero sin verdadero poder.

Sin embargo, y de tanto buscarlo, ahora los argentinos encontramos a nuestra verdadera monarquía con una Reina que tiene poder en serio. Capaz de pretender y exigir cualquier cosa en cualquier momento.

¿Te molestan los tres jueces? Los sacamos ¿No te gusta el Procurador? Lo cambiamos. ¿No te dan los votos para cambiarlo porque la ley exige dos tercios del Senado? Olvidate, hacemos otra ley ¿Te molesta Lilita? No se hable más, la mandamos en cana. ¿Querés que tus abogados cambien la Justicia? Excelente, pase por acá Doctor Beraldi ¿Maria Eugenia Bielsa no te cae bien? Sus pedidos son órdenes: afuera Bielsa, entra el leal Ferraresi. ¿El presidente delegado se la cree? Sale carta correctiva inmediatamente. ¿No nos conviene las PASO? Ningún problema, ya mismo las anulamos.

Para decirlo mal y pronto: tenemos una Reina que, como toda Reina que se precie de tal, hace lo que se le canta. De la Casa Real Kirchner llega Su Majestad Cristina.

Aunque en los papeles todavía somos una democracia presidencialista, la realidad vista objetivamente nos muestra que hemos adoptado el formato de una extravagante monarquía democrática. Comparada con las europeas es un poquito berreta pero es una monarquía al fin.

Tiene legitimidad de origen por la contundencia del voto popular y porque Ella avisó que iba a hacer exactamente lo que está haciendo y ganó las elecciones. Pero también porque tiene el amor incondicional de una buena parte de la sociedad. No hay bolsos de López, ni hoteles en la Patagonia, ni pisos en Puerto Madero, ni Lázaro, ni Cristóbal, ni Memorándum con Irán que provoque ningún desengaño amoroso. La lealtad y el amor por la Reina es total. Y la sumisión, ni hablar. No hay gobernador, intendente, diputado, senador o funcionario del gobierno que se niegue a reverenciarse. Lo que Ella pide no se debate, se obedece. Así funciona y hoy está más claro que nunca.

Por eso jamás habrá fisuras entre la Vicepresidenta y el Presidente. Por que en realidad son Reina y Primer Ministro. Para aquellos que se pasan el día analizando las diferencias entre Alberto y Cristina o la posibilidad de una crisis entre ellos, ya deberían darse cuenta de que no hay ninguna chance. Nunca puede haber una crisis entre el dueño del banco y el gerente de la sucursal.

En todo caso, la pelea será entre Tío Alberto y los posibles pretendientes a reemplazarlo como Primer Ministro en 2023. Sea Massa, Kicillof o quien Ella elija y anuncie por Twitter. Pensada así, la política argentina se entiende mucho mejor.

¿Alguien se imagina a los oficiales de Scotland Yard entrando al Palacio de Buckingham y llevándose esposada a la Reina de Inglaterra? ¿O poniéndole un casco y un chaleco antibala al Duque de Edimburgo mientras Mercedes Ninci lo corre con un micrófono para Radio Mitre? Imposible.

Por la misma razón, Cristina jamás rendirá cuentas ni dará explicaciones a la justicia. Ya se lo dijo en la cara a los jueces, y todos lo vimos, el lunes 2 de diciembre de 2019: “A mí me absolvió la historia”. Inmunidad divina y absoluta.

Alguna vez Salvador Dalí se confesó monárquico porque según él, la monarquía resolvía el conflicto más difícil de la política: la sucesión.

Al igual que Isabel II de la Casa Real Windsor con el príncipe Carlos, Cristina I de la Casa Real Kirchner tiene un sucesor: el príncipe Máximo.

Un muchacho que podrá tener buenas intenciones pero que en realidad nunca estudió, nunca laburó, no sabe lo que es pagar una cuenta, cobrar un cheque o cubrirlo, hasta que la mamá lo designó estadista y de ahí en más todo el peronismo le obedece y le rinde cuentas. Extraordinario.

La Reina de Inglaterra tiene 94 años y no suelta la manija porque sospecha que el príncipe Carlos es medio inútil. ¿Será también nuestro caso? Veremos.

Pensándolo bien, mañana no habrá repudios oficiales contra Insfrán y Zamora. Ambos son alfiles kirchneristas predilectos de la Reina.

Ni Tío Alberto, ni Cafiero, ni Wado de Pedro, ni Frederic, ni ningún funcionario del gobierno se animará a levantar la voz por estas sistemáticas violaciones a los DDHH.