La mano derecha de Rosa Torino respondió con evasivas y rozó el»falso testimonio»

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Sergio “Josué” Salas dijo que no sabía sobre las denuncias de abusos. Los jueces del tribunal le llamaron la atención sobre sus contradicciones.

Sergio Salas dijo no recordar mucho de lo que ocurría en la congregación de Rosa Torino.

En la penúltima audiencia del juicio contra el cura Agustín Rosa Torino por tres denuncias de abuso sexual se escuchó el testimonio de Sergio Salas, «el hermano Josué», señalado por varios testigos como mano derecha y cómplice del acusado. El aún sacerdote aseveró que nunca supo que hubiera abusos pero sí habló de «relaciones sexuales» entre miembros de la congregación católica.

El religioso era el encargado de visitar todas las casas del Instituto Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, que dirigía Rosa Torino, en Argentina, México, Chile y España, pero aseguró tener «problemas de memoria» desde 2015. Estuvo por 20 años al lado del cura imputado y su declaración generó el momento más tenso del juicio, cuando le llamaron la atención por sus respuestas evasivas.

«Usted está bajo juramento, ya advertí varias situaciones», cruzó al sacerdote Roberto Faustino Lezcano, uno de los jueces del tribunal. «Le aclaro que la reticencia es también motivo de falso testimonio, así que haga el esfuerzo mental para recordar», le advirtió a su turno la jueza Norma Beatriz Vera.

En cuanto a los tres denunciantes, Sergio Salas aseguró ser más cercano a la exmonja Valeria Zarsa, con quien dijo que hacían retiros espirituales hasta que le pidió dejar de participar por lo que describió como «inestabilidades emocionales» y «actitudes agresivas» de la mujer. Al igual que otros testigos de la defensa de Agustín Rosa Torino, Salas también señaló que la exmonja «fabulaba» y recordó: «En México íbamos en el auto y me dijo que había narcotraficantes que bajaban por el convento e hizo que nos cambiemos de auto. Se había comunicado con otro convento para que nos esperaran en otro auto».

Salas afirmó «no recordar» por qué abandonó la organización Yair Gyuorkovitz, un joven que denunció que cuando era novicio sufrió abusos del sacerdote de la congregación Nicolás Parma en una delegación del sur del país y luego de Rosa Torino en Salta. «Usted recuerda con detalle por qué el padre Jotayan y Juan Manuel Bo dejaron la comunidad, pero no recuerda por qué la dejaron los 3 denunciantes», le cuestionó la jueza Norma Beatriz Vera. El testigo también negó que Yair Gyuorkovitz hubiera contado que fue víctima de estos delitos.

Salas aseveró que el cura Jotayan se fue del instituto porque «estaba saliendo con una catequista y se enojó cuando lo hablamos», aunque tampoco recordó ni quién era la catequista ni quién le contó sobre el supuesto romance. Sobre Bo, aseveró que dejó de ser parte de la congregación porque no le dieron «los votos perpetuos». Sobre este punto, la fiscal a cargo de la causa, Verónica Simesen de Bielke, advirtió que Bo dijo no haber firmado la solicitud de los votos.

Robo

Diferentes testigos dijeron durante las audiencias previas que era muy difícil dejar la congregación y hasta incluso hablaron de que les retenían los documentos. El tribunal le preguntó ayer a Sergio Salas cómo era la salida de los que querían irse. «Les sacábamos el pasaje, les dábamos todos sus papeles, documentos y se iban», aseguró con simpleza el sacerdote.

Sin embargo, un testigo de la propia defensa, Osvaldo Misael Mamaní, aseveró que para irse de la comunidad tuvo que robar un pendrive. «Era la única forma de que me dejaran ir, porque me decían que no me vaya. Desde ahí no volví por la Iglesia, por vergüenza», señaló.

El testimonio de Mamaní fue requerido por la defensa del cura que esta siendo sometido a juicio para que contara que lo «llamaron para ofrecerle dinero si testificaba contra Rosa».

El joven afirmó que, luego de dejar la institución religiosa, recibió un llamado desde «un numero de Buenos Aires» y que le preguntaron si podía hablar de todo lo que sabía. «Yo dije que no y me dijeron que había buena situación económica o algo así y colgué», agregó Osvaldo Misael Mamaní.

“Comían panes y verduras podridas”

Durante la penúltima audiencia del juicio por tres denuncias de abuso sexual que enfrenta el cura Agustín Rosa Torino, la fiscal Verónica Simesen de Bielke aseveró que “todo demuestra” que había operaciones sistemáticas.
“Hasta ahora los fundamentos que esgrimimos en la acusación vienen sosteniéndose, incluso con testigos de la defensa. Este era un sistema que estaba armado de tal forma que las víctimas tuvieran temor de denunciar, no solo abusos sexuales sino maltratos físicos, verbales y condiciones inhumanas de vivienda”, indicó. 
En este punto además agregó que escuchó testimonios de exmiembros de la congregación que comían lo que rescataban. “Una cosa es el voto de pobreza y aquí había condiciones inhumanas, como comer panes y verduras podridas mientras las autoridades la pasaban mucho mejor”, advirtió.
Simesen de Bielke también aseguró que, a partir de la difusión del caso, se sumaron testimonios sobre lo que ocurría en la congregación de Rosa Torino que, aseveró, se volcarán a acusaciones formales.
“Hemos recibido a muchas personas que ya no pueden declarar como testigos, que van a formular denuncias por los hechos en los que cada uno fue víctima”, aseveró, y resaltó que algunos de los que se comunicaron “son personas que viven fuera del país”.
Durante las ocho audiencias que lleva el juicio, Rosa Torino sumó tres acusaciones de abuso sexual aparte de las tres que están contenidas en el expediente por el que se lo juzga actualmente. Dos sacerdotes y un exmiembro del instituto Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista hablaron de “tocamientos” de parte del sacerdote.