Los candidatos hacen booking de vices, mientras avanza el narco y vuela la inflación

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Nota extraída de Infobae por Fernando González

Victoria, Anabel, Carolina, Diana, Ricardo, son solo algunos de los nombres que los presidenciables evalúan como acompañantes de fórmula. A dos meses del cierre de listas, arrasan la suba de precios y el delito violento 6 marzo, 2023

El tiempo es veloz. Y mucho más cuando se lo mide en términos de poder, esa fuente de energía que tarda tanto en acumularse y se desvanece como un rayo. Si las elecciones primarias (las PASO) se confirman para el domingo 13 de agosto, las fórmulas presidenciales deberán estar listas a mediados de junio y los frentes electorales un mes antes. En definitiva, a mediados de mayo se sabrá quienes resistieron el tramo más crudo de la maratón y se anotan para el kilómetro final.

El aspecto más asombroso de la deriva argentina es que, a dos meses de las definiciones, los principales aspirantes a gobernar el país incierto todavía no han dado mayores explicaciones de cómo piensan revertir el ciclo de la decadencia.

No hay planes con grandes precisiones para hacer bajar la inflación, ni para reducir el creciente número de argentinos pobres, ni para hacerle frente a la inseguridad y a los narcos. Los catorce balazos en el supermercado del suegro de Lionel Messi le dieron visibilidad global a un fenómeno nacional que la política se resiste a enfrentar.

“Algo más habrá que hacer”, reflexionó el Presidente, en otra frase triste que pasará a la historia del Guiness de la Tristeza. Hace más de un siglo, Ortega y Gasset nos escribió aquello de “Argentinos, a las cosas”. Es otra de las lecturas que Alberto Fernández ha preferido pasar por alto. O que directamente ignora.

Este martes, el Indec va a dar a conocer la inflación de febrero. No va a ser una jornada de alegría. Salvo que intenten manipular las estadísticas oficiales (la tentación siempre está), el costo de vida superará nuevamente el 6%. Y si esa cifra ya no es suficiente para conmover la sensibilidad argentina, conviene recordar que con ese número la inflación anual estará más cerca que nunca del 100%, o incluso podría superarla. Son los malditos tres dígitos que no experimentábamos desde 1991.

Y no es la inflación la única desgracia argentina. Como esos turistas a los que le cancelan el pasaje de vuelta, el vice ministro de Economía, Gabriel Rubinstein, y el funcionario Leonardo Madcur, permanecen en Washington. Allí llevan más de una semana tratando de convencer a los directivos del FMI para que nos giren el desembolso del mes de marzo (u$s 5.800 millones), aunque el compromiso era tener para fines de este mes no menos de u$s 7.800 millones de reservas en el Banco Central.

La solución iba a estar el lunes o el martes pasado a más tardar. Sobre todo después de que el ministro Sergio Massa se reuniera en Bengaluru (India) con la presidenta del FMI, Kristalina Georgieva. “Sergio ya arregló todo con la búlgara”, prometían desde el ministerio de Economía con optimismo invencible al comienzo de la semana pasada.

Pero las cosas no resultaron tan fáciles. Las reservas del Banco Central están todavía por debajo de los u$s 4.000 y la Argentina necesita desesperadamente del FMI un gesto de flexibilidad que no termina de aparecer. Rubinstein y Madcur cambiaron la fecha de regreso de sus pasajes. Ahora dicen que la señal del Fondo se conocerá este miércoles. En el equipo económico, como los hinchas cabuleros de la Selección Argentina durante el Mundial de Qatar, eligen creer.

De todos modos, el flagelo de la inflación y la constatación de que el narcotráfico es mucho más que el eje argumental de series mexicanas o colombianas, no detienen la velocidad de los procesos electorales. Además de la internas salvajes que atraviesan al Frente de Todos y a Juntos por el Cambio, ha comenzado una exhibición de nombres con quienes podrían acompañar a los presidenciables como candidatos a vices.

Hasta los libertarios del expectante Javier Milei empiezan a arriesgar postulantes que podrían ser parta de una fórmula junto al candidato indiscutido. Entre los aspirantes presidenciales y sus equipos se debate ya una especie de booking de candidatos a vicepresidente con sus fortalezas y sus debilidades. Todos deben someter sus posibilidades también al escrutinio de las encuestas cuantitativas y cualitativas.

Desde que comenzó a agitar la posibilidad muy remota de su candidatura a la reelección, Alberto Fernández (y varios integrantes del Gobierno) ubicaron como eventual candidata a vicepresidenta a Victoria Tolosa Paz, la ascendente ministra de Desarrollo Social que además fue elegida diputada nacional en 2021 y es la esposa del empresario peronista Pepe Albistur, amigo y locatario del Presidente antes de su llegada a la Casa Rosada.

La sola versión de que Tolosa Paz pudiera hacerse cargo del Senado encendió la furia de Cristina Kirchner, como si no tuviera suficiente con el desafío de Alberto, al que ella promovió en 2019 para la candidatura presidencial y al que ahora, arrepentida, solo quiere ver bien lejos del poder cuando termine en diciembre el mandato presidencial.

Por eso, la Vicepresidenta tiene sus propios planes sobre como conservar el poder legislativo si no sigue siendo senadora en los años próximos. Entre los dirigentes del kirchnerismo, y también entre los colaboradores de Sergio Massa, ha comenzado a circular el nombre de Anabel Fernández Sagasti como eventual compañera de fórmula del ministro de Economía. Ese binomio consolidaría la alianza entre massistas y kirchneristas para mantener el control mayoritario del peronismo.

Es cierto que una fórmula entre Massa y una referente de Cristina como Fernández Sagasti altera los nervios de varios gobernadores, intendentes peronistas del Gran Buenos Aires y sindicalistas, pero el gran obstáculo electoral para Massa sigue siendo la inflación. El ministro de Economía tenía expectativas para que la baja del costo de vida acelerara sus planes a partir de abril. Es evidente que las variables económicas no están resultando como esperaba y esa dificultad ha puesto en stand by su candidatura. De todos modos, quien crea que Massa ya se ha bajado de su aspiración es porque no conoce su naturaleza.

La riqueza ficcional del peronismo ha hecho que, por ejemplo, dos de sus presidenciables hayan encargado encuestas para medir al mismo postulante eventual a la vicepresidencia. El embajador argentino en Brasilia, Daniel Scioli (quien ya hizo público interés en volver a competir por la presidencia), y el ministro del Interior, Wado de Pedro, evalúan la posibilidad de convocar en una fórmula hipotética al actual embajador en Madrid, Ricardo Alfonsín. Si bien el hijo del primer presidente de la restauración democrática en 1983 se mantiene alejado y en conflicto público permanente con la conducción actual de la UCR, tanto Scioli como De Pedro creen que su apellido de indudable estirpe radical les permitiría ampliar la base en una elección agrietada.

Hasta el tucumano Juan Manzur ha evaluado a una candidata a vicepresidenta en el caso de que gane las elecciones en Tucumán el 14 de mayo (acompaña a Osvaldo Jaldo como candidato a vicegobernador), y se anime a competir en las PASO para presidente. Conoce desde hace mucho tiempo a la vicegobernadora bonaerense, Verónica Magario, quien fue intendente de La Matanza. Y hasta aparecieron juntos en un par de actos públicos, aunque lo más probable es que Magario acompañe a Axel Kicillof si el gobernador va por su reelección en la provincia de Buenos Aires.

El booking de candidatos y candidatas a vices también tiene su capítulo intenso en Juntos por el Cambio. Hace tiempo que Horacio Rodríguez Larreta y el radical Gerardo Morales vienen hablando sobre la posibilidad de fórmulas cruzadas para las PASO entre el PRO y la UCR, pero hasta hoy los dos principales partidos de la coalición opositora mantienen la idea de ir con candidatos propios. El Jefe de Gobierno porteño siempre piensa en un radical como acompañante y, en esa línea, ha mantenido conversaciones con Facundo Manes (hoy enfriadas), con el gobernador correntino, Gustavo Valdes, y con el intendente de Rosario, Pablo Javkin, a quien visitó este fin de semana en Rosario tras el escándalo mundial por las amenazas que los narcos le hicieron a él y a Messi.

También Patricia Bullrich se ha movido para sondear la posibilidad de un candidato a vicepresidente que la acompañe en las PASO. La gran apuesta era el radical Alfredo Cornejo, pero el mendocino decidió a fin del año pasado competir nuevamente por la Gobernación provincial. La ex ministra de Seguridad amplió entonces sus conversaciones con el gobernador Valdez, con el senador formoseño Luis Naidenoff y con el diputado cordobés Rodrigo De Loredo. Si la hipótesis de la interna cruzada con la UCR se afianza, cualquiera de ellos podría terminar acompañándola. “No quiero de candidato a vice ni a un porteño ni a un bonaerense”, ha dicho Patricia, deterninada y restringiendo la búsqueda al interior.

Un capítulo especial se merece la senadora santafecina Carolina Losada. No solo la imaginó en algún momento como compañera de fórmula Rodríguez Larreta. Medio en broma, medio en serio, quien le tiró en dos ocasiones la idea de armar una fórmula juntos fue el ex presidente Mauricio Macri, agigantando la intriga de que podría terminar compitiendo.

Macri saludó el lanzamiento de Rodríguez Larreta, alentó la postulación de María Eugenia Vidal y le cedió algunos colaboradores (Hernán Lombardi) para que integren el equipo de de campaña de Bullrich, pero ha dicho que todavía no tomó una decisión y que recién lo hará a último momento. La foto de la semana pasado con Lionel Messi y el Dibu Martínez no hizo más que alimentar la fantasía de aquellos que le piden que sea candidato a presidente. Los peronistas Miguel Angel Pichetto y Ramón Puerta siempre han estado al frente de la movida para que haya “segundo tiempo”.

En cuanto a la senadora Losada, hay que agregar que también Patricia Bullrich le planteó la posibilidad de ir juntas en una fórmula presidencial, y marcar un hito histórico al competir por la Casa Rosada con un binomio integrado por dos mujeres. Los nombres del booking se cruzan en Juntos por el Cambio y también dependerá mucho de las negociaciones en marcha para reducir a dos, o no más de tres las fórmulas que compitan en las PASO, y no otorgarle ventajas estratégicas al Frente de Todos.

También hay sorpresas Hace algunos días, en las redes sociales creció el reclamo para que la economista Diana Mondino acompañe a Javier Milei como candidata a vicepresidenta. La cordobesa viene sonando fuerte entre los libertarios y su postura abierta a la posibilidad de la dolarización aumentó las expectativas en el sector liberal. Milei, de todos modos, mantiene en secreto los nombres en los que está pensando para la fórmula presidencial y esperará a último momento para definirlo junto a su hermana Karina y al consultor Carlos Kikuchi, sus jefas de campaña.

Es casi inevitable que los presidenciables piensen y evalúen a potenciales candidatos a vice, cuando quedan apenas dos meses de definiciones. Pero el dilema sigue siendo cómo afrontará cada uno de ellos el desafío de la crisis argentina en caso de que les toque llegar a la Casa Rosada.

Este domingo, apenas cuatro días después de las amenazas a Javkin y a Messi en Rosario, otro ataque a balazos hirió a varios chicos y asesinó a uno de 11 años. El narcotráfico ha dejado de ser una amenazan aislada para convertirse en un monstruo que no para de crecer y que busca, como en otros rincones de América Latina Latina, ocupar el lugar del Estado.

Así las cosas, cada día se aleja un poco más la posibilidad de que Messi pueda terminar su carrera en la Argentina, en Newells Old Boys, el club de su infancia. Claro que a él, al mejor futbolista de la historia, no le faltan oportunidades. Podría hacerlo en el PSG de París, donde juega hoy. O en el Barcelona de tantos años, donde lo extrañan cada día. O en Miami, una ciudad que le atrae desde siempre y donde ya tiene algunas inversiones.

Pero el sueño de Messi era volver a Rosario, la ciudad que siempre estuvo cerca. Y que ahora, asediada por el miedo y por el abandono de la política, pide ayuda a gritos para no terminar quedando demasiado lejos.