Los tres motivos que anticipan una nueva pelea entre Alberto yCristina Kirchner

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Nota extraída de TN por Sergio Berensztein

La frágil paz del último mes fue la excepción, no la regla. Aparecieron discusiones en torno al acto del 17 de octubre, confrontaciones entre el Ministro de Desarrollo Social y La Cámpora y cruces entre miembros del gabinete económico y la vicepresidenta.

El atentado contra Cristina Kirchnery, antes de eso, el pedido del fiscal Diego Luciani de una pena de 12 años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos contra la vicepresidenta habían unido a prácticamente todo el peronismo.

Hubo bandera blanca y, por un momento, las disputas internas se olvidaron. Todo estaba perdonado. En términos políticos, Alberto Fernández se acomodaba a una nueva situación en la que quedaba relegado, mientras Cristina Kirchner conservaba la centralidad política y la centralidad en la gestión pasaba a manos de Sergio Massa.

Efectivamente la llegada de Massa había servido también para cerrar las discusiones respecto del rumbo económico: “Tenemos ministro de Economía después de tres años”, dijo hace un mes el “Cuervo” Larroque. La turbulencia que se generó luego de la renuncia de Martín Guzmán, durante el breve paréntesis de Silvina Batakis, asustó al gobierno, que tomó nota y giró pragmáticamente hacia el centro. Todos fueron cerrando filas detrás del flamante ministro.

La llegada de Massa al Ministerio de Economía había servido también para cerrar las discusiones respecto al rumbo económico. (Foto: AP Foto/Natacha Pisarenko)
La llegada de Massa al Ministerio de Economía había servido también para cerrar las discusiones respecto al rumbo económico. (Foto: AP Foto/Natacha Pisarenko)

En ese nuevo marco, Massa viajó a EE.UU. para reunirse con Kristalina Georgieva, y ratificarle que Argentina piensa cumplir con el programa acordado con el FMI. Pero el giro pragmático no solo involucró al ministro de Economía, también importantes miembros del oficialismo se acercaron a la embajada norteamericana, como Wado de Pedro (el miembro del gabinete más cercano a Cristina Kirchner) que compartió una cena con el embajador Marc Stanley. El pragmatismo también se evidenció en la reducción de los subsidios a los servicios públicos: tantas veces anunciado durante la etapa de Martín Guzmán, pero finalmente se concreta con Massa en el gabinete y el aval de Cristina Kirchner.

Sin embargo, a pesar de la bandera blanca, en los últimos días las diferencias del oficialismo están resurgiendo y los conflictos escalando. Primera pelea: ya empezaron las discusiones por el 17 de octubre. Algo que para muchos puede parecer algo trivial, para el peronismo es un hecho de suma trascendencia que puede decir mucho respecto a cómo se encuentran los vínculos dentro del gobierno. Lo importante es percibir dónde, con quiénes y cómo se festeja.

Aparentemente habrá dos celebraciones oficialistas, una en Tucumán y otra en Gran Buenos Aires. Esta última es planeada por Máximo Kirchner y La Cámpora, para que Cristina sea la figura principal del evento. Su gran regreso luego del atentado que sufrió. La de Tucumán la organizan los gobernadores, la CGT y, se creía, Alberto Fernández. Pero en las últimas horas se conoció el malestar de Máximo, que intenta evitar que el evento de Cristina sea opacado y presiona a los gobernadores para que no inviten al presidente. ¿Es posible, entonces, que Alberto Fernández no tenga donde ir el 17 de octubre? Sería bastante insólito y daría una imagen del actual esquema de poder, con el presidente aislado y debilitado.

Máximo Kirchner y La Cámpora planean el acto del 17 de octubre en Buenos Aires para que Cristina sea la figura principal del evento. (Foto: Télam)
Máximo Kirchner y La Cámpora planean el acto del 17 de octubre en Buenos Aires para que Cristina sea la figura principal del evento. (Foto: Télam)

Segunda pelea: la confrontación entre el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, y La Cámpora. Su ministerio estuvo en el foco de la atención pública esta semana por los acampes piqueteros del Polo Obrero. Zabaleta llegó a la cartera luego de que Daniel Arroyo, un especialista en el área, decidiera eyectarse. Arribó el exintendente de Hurlingham y se suponía que, al contar con un mayor peso político, podría afianzarse en el cargo. Lo que evidentemente no sucedió como se esperaba. Las dificultades para hacer pie en el Ministerio de Desarrollo Social probablemente no se deban a las cualidades de las personas que están al frente, sino a los problemas estructurales que la Argentina acumula y la incapacidad que tiene la política en general de resolver las cuestiones de fondo en materia social. Se trata de un sillón caliente, independientemente de quien lo ocupe.

Pero Zabaleta no se iría solo por los problemas que tiene en el ministerio, sino que podría volver a Hurlingham porque allí hay un enfrentamiento abierto con La Cámpora, que lo quiere desplazar del distrito. La agrupación kirchnerista le había permitido asumir en el ministerio con la idea de colocar a alguien propio en la intendencia a partir de 2023. Zabaleta pretende conservar su bastión. No sabemos si se resolverá a través de una interna (¿habrá PASO?) o de qué otra manera. El enfrentamiento parece adquirir la forma de kirchnerismo versus peronismo del conurbano. Zabaleta que empezó a militar junto a Amado Boudou curiosamente se convierte ahora en un dique que pretende contener el avance de La Cámpora.

Los tres motivos que anticipan una nueva pelea entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Finalmente está la discusión económica: esta semana Gabriel Rubinstein desafió públicamente a Cristinalo cual pone de manifiesto que no todo el debate quedó saldado con la llegada de Massa. En las palabras de la vicepresidente, refiriéndose al margen de ganancia de las empresas, muchos vieron un límite implícito al ministro de Economía. Rubinstein respondió que el problema no es que las empresas ganan mucho, sino que el tipo de cambio está desfasado. Aclaró que es necesario unificar el mercado de cambios, pero que ahora no están dadas las condiciones. Rubinstein aprovechó no solo para responderle a Cristina, sino también para enviar un mensaje a los mercados. Lo que el economista está tratando de hacer es convencer de que este gobierno tiene un plan económico, algo que por ahora no se aprecia muy bien.

De a poco el gobierno ingresa en una fase 2.0 de la grieta interna. La frágil paz del último mes fue la excepción, y no la regla. Si estos problemas escalan y siguen apareciendo otros nuevos, el Frente de Todos seguramente volverá a ser aquello a lo que nos tenía acostumbrado: una gran pelea de todos contra todos.