miércoles, mayo 22

Milei contra el Congreso y la rebelión federal: busca construir poder propio

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Nota extraída de Clarín por Ricardo Kirschbaum

Milei acaba de decir que el Congreso es un “nido de ratas”, pero por la Constitución debe enfrentarlos en su nido el viernes que viene, para dar su mensaje anual. ¿Qué hará?. Macri sigue esperando que el primer desembarco quede en la playa y sea él el que corra en ayuda de Milei.

No hay forma de comparar con cordura a Javier Milei con Hipólito Yrigoyen. ¿Quién se atrevería a hacer un paralelo entre “El Peludo”, presidente por dos períodos hasta el golpe de1930, y “El Peluca”, que está hoy en la Casa Rosada, retuiteando hasta la escatología que inventan sus huestes?

Sin embargo, puede ser que Milei haga lo mismo que hizo Yrigoyen en mayo de 1917 ante la Asamblea Legislativa, cuya mayoría era hostil al primer presidente elegido por el voto popular masculino (las mujeres recién obtuvieron ese derecho de la mano de Eva Perón). Entonces, el presidente Yrigoyen le hizo leer al titular de la Asamblea Legislativa un mensaje de tres párrafos en el que declaraba abierto el período ordinario de sesiones. Y punto. Fue una forma de bajarle el precio a su audiencia legislativa.

Milei acaba de decir que el Congreso es un “nido de ratas”, pero por la Constitución debe enfrentarlos en su nido el viernes que viene, para dar su mensaje anual. ¿Qué hará? ¿Olvidará su despreciativo concepto sobre los legisladores y avanzará en la descripción crítica del desbarajuste que heredó? ¿O hará la de Yrigoyen, obligando a todos (los que se queden en el recinto) a ver que el secretario haga la tarea que debería hacer el Presidente?

La molestia de Milei con el Congreso solo puede ser resuelta por el arte de la política, que no significa convalidar el remedo de política en la que se ha caído –y no salido– desde hace mucho. Quienes han acercado fórmulas de consenso a Victoria Villarruel y a Guillermo Francos -una ley de ajuste fiscal que le dé a las provincias equilibrio, con el compromiso de los gobernadores de aprobarla sobre tablas- han chocado con el temor extendido de lo que Milei haga con el mensajero. La conclusión que ha sacado uno de los corre-ve-y-dile que intenta ser canal de diálogo es que el Presidente deliberadamente no quiere negociar nada.

La política no puede ser acuerdo total o rendición incondicional, es decir sometimiento. Es una forma que ha elegido o encontrado Milei para construir poder propio: el sistema político es el enemigo a someter. Y en esa estrategia se ha trazado una línea muy clara en la que no puede haber “tibios”. Por eso, puso en el freezer el acuerdo con Macri. Y usó al ministro Caputo, que viene de las entrañas del macrismo, para que fuera el mensajero de ese congelamiento.

En un reportaje, Caputo, además de pasarse de meloso en sus elogios a Milei, dijo que el acuerdo con Macri solo podría darse en el Congreso, no en el Ejecutivo. Curiosa manera de anticiparle al ex presidente el futuro por un subalterno. Macri sabe que la gestión está paralizada por la desconfianza que prevalece cada vez que aparece un candidato a ocupar la desierta grilla del gobierno, y que las bolillas negras las maneja Nicolás Posse, el jefe de Gabinete, sobre el que se concentran críticas y sospechas de “supervisión” sobre algunos líderes de la oposición “amigable”.

Puede ser solo maledicencia, que abunda en el barrial de la política, pero el rumor corre con la velocidad de un rayo.

Macri sigue esperando que el primer desembarco quede en la playa y sea él el que corra en ayuda de Milei. Una ilusión que se va desflecando, como que ya perdió a Patricia Bullrich, envuelta en la bandera de enfrentar a sus ex aliados, y tampoco contará con Rodríguez Larreta, que no se irá del PRO, pero no aceptará ni integrar la conducción partidaria ni avalar el acercamiento a Milei.

Este se ha plantado en el centro de la batalla para enfrentar una inédita rebelión de los gobernadores de un país que se dice federal. Los opositores se alegraron al ver que el de Chubut, hombre del PRO, haya reaccionado tan virulentamente amenazando con cortar al país el gas y el petróleo que sale de su provincia. ¿Es eso posible? ¿Es, además, legal?

Los mandatarios provinciales del Sur están formando una empresa -CAPESA- para que sea la encargada de vender la energía que sus provincias producen.

La solidaridad de los otros gobernadores de Juntos por el Cambio fue más atenuada, pero se sumó a la de los peronistas. Es que el zarpazo en la coparticipación de Chubut puede alcanzarlos a todos. Milei dice que Chubut no pagó deuda pendiente y que por eso el gobierno se cobró, dejando de girarle.

Así planteado, es un tempranero tour de force de una magnitud y eventuales consecuencias inesperadas. Nadie podía pensar que a poco más de 70 días de asumir, Milei se cruzara con un conglomerado variopinto en los que están Kicillof, Jorge Macri, Quintela y Cornejo, por usar ejemplos exremos. Hay un agravante: Francos, el nexo entre los gobernadores y el Presidente hace de correo, no de ministro. Con esta rebelión ha quedado en evidencia su escaso peso político. Hay una evidente intención del Presidente de quitarle de hecho incumbencias a sus delegados, salvo a su triángulo áureo: Karina, Posse y Santiago Caputo.

Los gobernadores saben que tendrán mucho menos ayuda federal, pero reclaman que les entreguen los que la ley les asegura. Jorge Macri ya está resignado a que Milei haga la de Alberto Fernández y no pague los fondos que la Corte ordenó devolverle a la Ciudad. Todos han comenzado a mirar a la Corte Suprema, preguntándose cómo hará para que el Poder Ejecutivo cumpla con su fallo.

Pero Milei es un personaje por ahora inclasificable para la teoría política: anarcocapitalista populista, diría un politólogo, con rasgos narcisistas, añadiría un psicólogo. El sigue arropado en la certeza de que la mayoría de la gente sigue apoyando su gesta contra la política. Legisladores y ahora gobernadores, un unitario redivivo.

Le ha pedido los 10 mil millones de dólares que el FMI le prometió a Macri, y a Biden que lo ayude, cerrando lo que Mondino llama unilateralmente “alianza estratégica”, una variable de las “relaciones carnales”, frase atribuida a Guido Di Tella.

Esa “alianza estratégica” se había cerrado, valga la paradoja, en el gobierno anterior, cuando Argentina optó por comprar los aviones F-16 norteamericanos (estacionados en Dinamarca) y desechó la oferta militar china. Milei, en su primera visita a Washington, ratificó esa compra y debió frenar su ansiedad por visitar en Mar-o-Lago, Florida, a Donald Trump. Si iba a arreglar la ayuda con los demócratas, ¿para qué meter el dedo en el enchufe?

Con el secretario de Estado Antony Blinken todo anduvo sobre ruedas, y Milei hasta le dio el gusto de hacerlo salir al balcón para que note qué se siente en esa histórica tribuna. Al último secretario de Estado que le ofrecieron tal deferencia fue a Alexander Haig durante la Guerra de Malvinas. Galtieri lo esperaba para mostrarle la adhesión popular que tenía. Haig vio la multitud desde el helicóptero que lo llevaba a la Casa Rosada y comentó “This is like Iran” (Esto es como Irán), ordenando al piloto otro rumbo más seguro.