miércoles, mayo 29

No sólo de cajas gordas vive La Cámpora, ahora se ve que se dedica a guerras sucias

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Nota extraída de Clarín por Ricardo Roa

Nadie espera que esta Afip investigue lo que debe investigar: si Rodríguez usó ilegalmente esos datos aportados por la mano de obra desocupada de los servicios.

No sólo de cajas gordas vive La Cámpora, ahora se ve que se dedica a guerras sucias

Fabián Conu Rodríguez al presentarse este viernes en los Tribunales de Comodoro Py. El juez ni siquiera le tomó declaración.

Ahora vamos sabiendo para qué otras cosas, además de manejar cajas de mucha plata, está La Cámpora, la AFI particular del kirchnerismo. Si hasta puede parecer que algunas ostentaciones fueron a propósito, para desviar la atención de esta actividad nada secundaria de andar metiéndose, violando toda ley, en la vida de contreras y no contreras.

Raro, o para nada raro, es el nombramiento del comunicador Néstor Fabián “Conu” Rodríguez entre los jefes máximos de la Afip, a cargo de la Subdirección General de Servicios para el Contribuyente. ¿Tendrá algo que ver la importancia de llamarse Néstor…? Rodríguez aparece junto al diputado Tailhade como cabeza de una red de espionaje ilegal, con mano de obra descupada de los servicios y financiada con plata de la publicidad de la Afip y la provincia de Buenos Aires.

A uno de los principales involucrados, el ex policía federal Zanchetta, Rodríguez le hizo dar categoría de proveedor de la Afip. Antes de seguir: Zanchetta, como otros espías, para cubrirse se presentaba como periodista y decía que trabajó en Clarín. Aclaremos: por aquí ha pasado mucha gente, pero no Zanchetta. Estamos en unos tiempos en que cualquiera receta remedios o se dice periodista.

En la oficina de Rodríguez, el allanamiento pareció serlo en una tienda de electrónica: ocho notebooks, tres netbooks, dos Macbooks, dos tablets, veinte pendrives, dos dispositivos externos y un dispositivo electrónico. ¿Qué tal? Un equipo de espía para alguien dedicado supuestamente a la comunicación. Rodríguez dice que es de uso de la familia. Habrá que ver qué encuentra ahí la justicia.

La cosa es que desapareció un par de días, buscó un buen abogado y este viernes le entregó al juez otro celular y su pasaporte, como muestra de no tengo nada que ver. ¿Y qué hizo el juez que había amagado con investigar en serio? Casi lo abraza en su despacho. Ni le tomó declaración. Es Martínez De Giorgi, que es como decir Jaime Stiusso, el ex jefe de inteligencia de Kirchner.

De Giorgi ha hecho cosas más insólitas, por llamarlas de algún modo. En tiempos de hegemonía kirchnerista, se fue a la casa de Bonafini a tomarle declaración por el escándalo de corrupción de la Fundación de las Madres: no quería que se la molestara yendo al juzgado, como cualquier vecino. Más grave fue sobreseer al entonces camarista Freiler, juez preferido del kircherismo y jefe directo de su mujer, Ana María Juan. Freiler terminó echado cuando se le descubrió una fortuna que no pudo justificar.

A la esposa de De Giorgi, Cristina la acaba de dejar en lista de espera para convertirse en jueza federal de Hurlingham. Los chismes de Tribunales dicen que Martínez de Georgi está furioso por eso y disparó esta causa para presionar. Quizás no sean más que habladurías.

Pegado como una sombra a Máximo, el Conu Rodríguez fue gerente de Télam y vocero inorgánico de Kicillof. Lo metieron como capo en la Afip, riquísima fuente de secretos personales ajenos y lo que con ellos se pueda hacer. Se jactaba Echegaray, el súper jefe de la AFIP en tiempos de Néstor y Cristina: “Yo tengo una información que ni la Side tiene. Conozco vida y obra de todo el mundo”.

Vida y obra eran declaraciones de bienes y ocultamientos de bienes, deudas impositivas, directorios de empresas que debían estar encriptados y ser secretos. Un mar de datos que incluía al propio matrimonio y que el propio matrimonio sabía que Echegaray manejaba. Como los del abuelito que le compraba dólares al nieto y Cristina deschavó o los del empresario inmobiliario apretado porque habló de la caida en las ventas.

Nadie espera que esta Afip investigue lo que debe investigar: si Rodríguez usó ilegalmente esos datos, después de revelarse que operaba una red que clonaba teléfonos y extorsionaba al por mayor. Para simplificar lo que hacía: conseguida info hackeada, la hacía publicar en algún portal como RealPolitik, Agencia Nova, canal 4 Extra o Tiempo Argentino y una vez publicada, era reproducida, con aires de objetividad periodística y como quien no quiere la cosa, en algún medio amigo como C5N y Página 12. A veces, conseguían que se convirtiera en denuncia penal.

Ejemplo: declara en la Comisión de Juicio Político el juez Ramos, quien había archivado una causa contra Robles, secretario del presidente de la Corte. Al terminar, el diputado Martinez le pregunta si lo conoce a Robles y Ramos dice que no. Tres horas después, Tailhade sube a Twitter un enlace con una nota de Tiempo Argentino con chats jaqueados a Marcelo Dalessandro, ex jefe de seguridad porteño, dando cuenta de una supuesta amistad con Ramos. Hace lo mismo Página12. En la siguiente reunión de la Comisión, Martínez, mano derecha de Agustín Rossi, ex jefe de la Afi, pide que se denuncie a Ramos por los chats. Clinck, caja.

Rodríguez y Tailhade se apoyaban muchas veces en datos de inteligencia aportados por la PSA, como las fotos que le sacaron al fiscal Nisman en Ezeiza unos días antes de ser hallado muerto en Puerto Madero. Tailhade dejó a Esteban Carella, otro ex Télam y amigo de Rodríguez, como director operativo de la Afi. Todo tiene que ver con todo, acuñó Cristina. Sótanos políticos y cloacas en el degradado espionaje estatal y paraestatal, que para el caso es lo mismo o peor. Y todo pagado con dineros públicos.

Nos queda el balotaje. ¿Qué decir que sea nuevo? Massa tiene a su favor el feriado largo, que no quiso correr porque sabe que la gente que se irá de vacaciones en su mayoría votaría a Milei. ¿Y qué tiene Milei a su favor? Que no se ve muy entusiasmado con su propio candidato al aceitado aparato electoral peronista. Ah… Está el debate, aunque no es claro cuánto votos decide. Pero estando tan apretado el resultado, un par de puntos puede ser clave. Mientras, ojo que lo pueden estar espiando.