Por qué podés comprar zapatillas en cuotas,pero una propiedad debés pagarla al contado

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Ante la inexistencia de créditos hipotecarios y record de inflación, los argentinos «queman» sus pesos en vez de ahorrar e invertir. Qué pasa con las Pymes

Por qué podés comprar zapatillas y un smart TV en cuotas, pero una propiedad debés pagarla al contado

Ante la inexistencia de créditos hipotecarios y cifras record de inflación, hoy el argentino promedio opta por «quemar» los pesos que tiene en el bolsillo en la compra de distintos bienes en cuotas – como electrodomésticos o productos electrónicos, por citar algunos ejemplos- en vez de ahorrar pensando en la inversión en una casa o inmueble a mediano plazo.

En un ambiente de estabilidad financiera, el desarrollo del crédito resulta un aspecto central para impactar positivamente sobre la inversión, el empleo y la competitividad de la economía. Estas son variables fundamentales para el crecimiento sustentable de mediano y largo plazo.

Sin embargo, hace décadas que no salimos del fondo de la tabla cuando comparamos la profundidad de nuestro sistema financiero (volumen del crédito al sector privado en relación con el total del PBI), respecto tanto de países desarrollados como de nuestros vecinos, que llevan décadas de estabilidad macroeconómica.

La paradoja del crédito en la Argentina

Nuestros recurrentes ciclos de altos déficits fiscales, abundante emisión monetaria, inestabilidad cambiaria y crisis externas se terminan expresando en una alta inflación, cuyo núcleo ya es estructural y atenta contra el ahorro en pesos (especialmente a plazos largos) y el despegue de una intermediación bancaria (depósitos y créditos) más sana y profunda.

La inestabilidad macroeconómica atenta contra el ahorro en pesos

Actualmente, el crédito en relación con el total de la economía languidece en un 8%, cuando Chile ostenta 90%, Brasil 70%, Colombia 50% y México 30 por ciento.

Desde la crisis de 2001 el pico más alto que pudimos alcanzar fue en 2013 llegando al 14%. La primera parte del gobierno de Cambiemos osciló entre el 10% al 12% y luego con las sucesivas rondas devaluatorias se derrumbó al 7% a fines de 2019. Pudimos trepar algo más (hasta el 10%) de la mano de paquetes crediticios puntuales en la pandemia, pero ahora nuevamente flotamos en un dígito.

El gobierno anterior trató de estabilizar la macro con metas de inflación y con el rol central de la tasa de interés en el aspecto monetario-inflacionario, desregulando además por completo todas las políticas activas de fomento al crédito. Fracasó rotundamente, dejó la tasa de interés en niveles exorbitantes y desplazó como nunca a las Pymes del crédito productivo.

Se venden electrodomésticos en cuotas pero las casas al contado

El Gobierno actual tiene un elevado desequilibrio fiscal, mucho financiamiento monetario, tasas de interés muy negativas (ahora un poco menos), escasez de reservas y cepos por todos lados.

A diferencia de la experiencia anterior, con regulaciones de tasas máximas para el crédito, mínimas para los depósitos y orientación por norma del Banco Central (BCRA) de las carteras de crédito hacia las Pymes, cuida mejor el flujo de préstamos hacia este sector que es clave para el empleo. Pero con este enfoque tampoco se promueve una intermediación más desarrollada que alcance a todos los actores de la economía.

En la actualidad, de cada $100 que se les prestan a empresas, $53 van a las Pymes

Ni el modelo anterior ni el actual han logrado derrotar la inflación, aumentar la confianza en nuestra moneda y procurar que el crédito llegue a más familias y empresas para capitalizarse y crecer.

Simplificando, seguimos siendo un país donde los electrodomésticos y zapatillas se compran en cuotas y las casas y autos al contado, y generalmente ni siquiera en nuestra moneda.

Inédito: crece la participación de las Pymes en los créditos

Es cierto que gracias a diversas medidas de política pública como las líneas reguladas del BCRA y diversos programas de fomento de acceso al crédito por parte del Ministerio de Desarrollo Productivo anclados en garantías del Fogar y subsidios de tasas de interés del Fondep, están permitiendo mayor fluidez del crédito para las Pymes y con mayor derrame en todo el territorio.

Algunas cifras son elocuentes, ya que actualmente de cada $100 que se les prestan a empresas, $53 van a las Pymes, algo que resulta inédito desde que se llevan estos datos.

En poco más de dos años se han recuperado casi 20 puntos de este ratio que marca una mejor distribución del crédito entre todos los tamaños de empresas.

Esta particularidad a favor de las empresas más pequeñas no se podrá mantener en tiempo sino salimos del funcionamiento anómalo que tiene hoy el sistema financiero.

En Argentina se pueden comprar electrodomésticos, electrónica y zapatillas en cuotas pero los autos deben ser al contado

Actualmente, los bancos son más que nada un brazo de la política monetaria y fiscal. Tienen que neutralizar los efectos tóxicos de mucha emisión y mucho déficit, llenando su activo de leliq, pases y títulos públicos, sin incentivos genuinos para aumentar el riesgo de ir a prestarle al sector privado y balancear mejor su activo con más créditos a las familias y empresas.

Un récord negativo para los bancos

En este punto tenemos un récord bien negativo: por primera vez los bancos tienen más activos del sector público (sumando BCRA y Tesoro) que del sector privado (préstamos). Este es un juego peligroso que se retroalimenta cada vez más.

Como la bola de nieve de títulos crece, y hay que refinanciarlos, entonces la presión sobre la tasa es a la suba, lo que marca un piso alto desde donde se fijan otras tasas de interés por ejemplo para financiar el consumo de tarjetas, o una prenda para acceder a un auto, o un crédito productivo para invertir o ampliar una fábrica.

Solo queda traccionando el canal del crédito regulado con programas de apoyo público y/o regulaciones del Banco Central, pero no un mecanismo genuino donde la liquidez de los depósitos se canalice a créditos de todo tipo con competencia entre diferentes estrategias, tasas de interés ofrecidas y modelos de negocio.

Será clave atacar la inflación, bajar regulaciones y mantener apoyo a Pymes

Necesitamos ir hacia un nuevo sistema financiero menos regulado, con competencia en todos los nichos del negocio y que preserve políticas públicas como las actuales orientadas a las Pymes cuyo impacto se ha revelado positivo.

En la transición y mientras un programa con política antinflacionaria surte efecto, es necesario atacar el típico gap entre oferta y demanda de crédito.

Ante la alta inflación, los argentinos optan por «quemar» sus pesos en vez de destinarlos al ahorro

Empresas y familias demandan tasa fija y plazos largos, mientras los bancos ofrecen tasa variable y plazos cortos. Hay que tratar tres riesgos para achicar este gap. El riesgo liquidez requiere estirar la curva de plazos del fondeo de los bancos, lo cual puede lograrse con un mayor uso del FGS de la ANSES y otros inversores institucionales a favor de crédito productivo para el sector privado.

El riesgo de tasa de interés puede mitigarse con mecanismos de swap (intercambio o canjes) donde el BCRA cubra descalces entre tasas fijas y variables. Y finalmente el riesgo de crédito puede mejorarse complementando el riesgo que asumen los bancos por si mismos con el fortalecimiento del sistema nacional de garantías (Sociedades de Garantía Recíprocas o SGRs más el Fogar).

Un programa antinflacionario que promueva el fortalecimiento del peso es el mejor aliado «de fondo» o «estructural» para promover el ahorro y crédito en moneda local.

Perseverar en un sendero que corrija los actuales desequilibrios macro y estimule el crecimiento, ayudará también a que la elevada liquidez actual (que se recicla de manera ineficiente a títulos del BCRA y Sector Público), se dirija al canal crediticio virtuoso, apoyando la inversión de las empresas y el gasto/consumo de las familias. Te puede interesar

Fabio Rodríguez es economista