Seis pasos para recuperar la credibilidad perdida

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Nota de El Cronista por Martín Redrado

La Argentina está hoy inmersa en una crisis de confianza. Hace tiempo ya, que la política económica ha dejado de brindarles un horizonte de previsibilidad a nuestros compatriotas. Más allá de señalar las innumerables distorsiones que presenta nuestra economía, es preciso focalizar en soluciones para ingresar en un sendero de crecimiento sostenido. Esto nos plantea un desafío mucho más ambicioso y abarcativo que la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Sobre todo, porque ya hemos tenido varios ejemplos de acuerdos con este organismo multilateral que no impulsaron la recuperación de la credibilidad perdida.

La política económica de las últimas décadas nos muestra tres episodios que tuvieron como eje un programa de estabilización encabezados por Juan Sourrouille (1985), Domingo Cavallo (1991) y Roberto Lavagna (2002). Los denominadores comunes que tuvieron estos ministros fueron los siguientes: asumieron tras una crisis cambiaria, inflacionaria o financiera y encararon la problemática con un enfoque integral basado en tres pilares: un programa de convergencia macroeconómica, un equipo cuyos integrantes, no solo tengan capacidad de gestión sino que tengan la cualidad de trabajar en equipo, y como condición esencial el respaldo de leyes del Congreso que avalen toda la política económica. De este modo, Sourrouille contó con el Plan Austral respaldado por varias leyes entre ellas el cambio del signo monetario, Cavallo con la Ley de Convertibilidad y Lavagna con la Ley de Emergencia Económica que le permitió generar un enfoque abarcativo, integrador y productivista.

En el primer trimestre de 2022, nuestra política económica se encontrará en una encrucijada: o continúa «pateando la pelota para adelante» dentro de un marco de estancamiento económico con alta Inflación, o decide tomar los ejemplos mencionados para encarar una profunda transformación de nuestra estructura económica-productiva.

En lo inmediato, el desafío pasa por el nivel y la dinámica de las reservas. Ya a fin de este mes el nivel de reservas netas será de u$s 2500 millones, por debajo del de comienzos de año, a pesar de haberse registrado el ingreso extraordinario de los DEG’s del FMI y un superávit de la cuenta corriente cambiaria de bienes de u$s 16.400 millones, gracias al aporte récord del agro. La acumulación de divisas hacia delante también se complejiza en el marco de la erosión de la competitividad cambiaria, la mayor para un año desde la salida de la convertibilidad. Así, el tipo de cambio real multilateral con nuestros principales socios se ubica por debajo del nivel que se verificaba a fines del 2013. Además, en la comparación más amplia, actualmente la competitividad precio de nuestros productos es un 32% menor a la del promedio de 2003-2011, cuando fue el período de mejor desempeño de nuestras cuentas externas.

En este marco, con un nivel de pasivos monetarios (base monetaria, Leliq y pases pasivos) a fin de año en torno a los $ 7,9 billones, el ratio de cobertura de estos pasivos con reservas internacionales netas finaliza el 2021 por debajo del 5%, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad.

Para poner en perspectiva, el Banco Central se encontraba en una posición más robusta a fines de 2013, con un ratio de cobertura que superaba el 24%, con una brecha cambiaria en torno al 80% y sin grandes vencimientos de deuda en moneda extranjera como los que hay ahora hacia adelante. Aún más, esto se da en un contexto en que la demanda de dinero se encuentra amenazada hacia adelante, con tasas de interés ex-ante negativas que generan una caída en términos reales de los depósitos del sector privado a plazo fijo en pesos del orden del 1,7% mensual desestacionalizada y una suba del crédito en moneda local del 2,9% en los préstamos comerciales y del 3,2% en aquellos al consumo.

La dinámica de los próximos meses estará dada por la liquidación de la cosecha fina en un marco de precios internacionales sostenidos que, sin embargo, podrían no alcanzar como puente hasta abril. En este sentido, por el trigo y sus subproductos, las liquidaciones entre los meses de diciembre y mayo serán superiores en u$s 1700 millones con respecto a igual período del año anterior, mayormente concentrados en los primeros tres meses, pero lejos de implicar un volumen abultado frente a los vencimientos en moneda extranjera para el período. En efecto, ya en el mes de enero los compromisos en dólares superan los u$s 1700 millones. En ese momento, se revertirá la actual tendencia estacional de incremento de la demanda de pesos. En coincidencia, el equipo económico estará en el medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

Las autoridades se encontrarán entonces, transitando un estrecho desfiladero con múltiples desafíos, donde los tiempos resultan acotados. La actividad económica no muestra motores claros de crecimiento y los importantes desequilibrios de nuestra economía hacen prever varios cimbronazos en el próximo trimestre.

Para recuperar la confianza será necesario adaptar los tres ejes que sustentarán las políticas económicas en tiempos de crisis. Hoy, como lo demuestra la experiencia de Sourrouille, Cavallo y Lavagna se necesita: un programa de estabilización y crecimiento hecho en nuestro país por economistas que entiendan nuestra idiosincrasia, un equipo económico que trabaje con objetivos comunes y un Congreso que le brinde el respaldo legal y mayoritario para poder ejecutarlo. Con el objetivo de contribuir a la discusión de la política económica que viene, con un enfoque netamente superador, el equipo de Fundación Capital plantea la necesidad de establecer una hoja de ruta con seis leyes aprobadas por una mayoría especial de ambas cámaras. Estas son:

1) Ley de estabilización macroeconómica con un sendero preciso de metas fiscales y monetarias.

2) Ley de modernización impositiva, que simplifique, reduzca la cantidad de tributos y sus alícuotas para ampliar la base y la formalización de trabajadores.

3) Ley de impulso a las exportaciones, con una reducción a cero de las retenciones para todo el incremento de nuestras ventas externas y estableciendo una política de negociaciones comerciales que nos permita una integración productiva con aquellos países que nos permitan complementar cadenas de valor globales.

4) Ley de infraestructura nacional que establezca las obras públicas clave que deben establecerse para mejorar nuestros costos logísticos y así exportar más y mejores productos argentinos.

5) Ley de promoción a la innovación que permita incrementar el ratio de inversión en investigación y desarrollo respecto del producto.

6) Ley de incentivos al empleo destrabando los cuellos de botella por motivos normativos y de capacitación en nuevas tecnologías. En síntesis, se trata de plantear un plan de acción para salir de esta crisis. Teniendo solo como objetivo realizar un aporte para que repensemos el futuro en términos de desarrollo económico, social y humano. Desde todos los sectores de nuestra sociedad, es preciso un programa orientado hacia un destino común, con metas cuantificables que nos sirvan para balizar nuestro camino y marcar nuestros pasos diarios.