Tras un mes de guerra, el Kremlin admite bajas “significativas” entre sus tropas

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Sin dar precisiones, Dmitri Peskov reconoció que la cantidad de bajas es mayor a la esperada

La invasión a Ucrania planeada inicialmente por Rusia no arrojó los resultados esperados y obligó al Kremlin a centrar sus esfuerzos en el este del país, en la región del Donbass, y retirarse de Kiev, cuya captura hubiera marcado un punto de inflexión en la guerra. Ante el temor de mostrarse débil, Moscú justificó esta decisión en un “cambio de estrategia” aunque la realidad en el terreno evidenció las dificultades de las tropas rusas afectadas por los problemas de logística, la férrea defensa de Ucrania y la gran cantidad de bajas que han sufrido en las filas de Rusia.

Al respecto, el Kremlin siempre se mostró cauto a la hora de confirmar bajas y comunicaba siempre un número inferior al de su contraparte. Sin embargo, en un baño de sinceridad, el Kremlin admitió haber perdido “pérdidas significativas de tropas” en una guerra que ya lleva 41 días.

El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, dijo al canal británico Sky News que las víctimas eran “una gran tragedia” para Rusia. También dijo que esperaba que Moscú alcanzara sus objetivos de guerra “en los próximos días”. El reconocimiento de las bajas sorprendió a analista que consideran que la cantidad real supera ampliamente a la informada: al 25 de marzo el Kremlin había confirmado que 1351 de sus soldados habían muerto en combate. Ucrania sitúa las muertes rusas en casi 19.000.

Ninguna de las cifras puede ser confirmada de forma independiente por lo que ambos pueden estar dibujando las cifras en su propio beneficio. En occidente creen que han muerto entre 7000 y 15.000 soldados rusos.

Dmitri Peskov, vocero del Kremlin

Otro de los aspectos en los que Rusia dio más precisiones fue al respecto de la situación económica en la que se encuentra el país, tras la batería de sanciones y embargos que aplicó occidente. La caída de los bonos y acciones, la devaluación del Rublo y el cepo a las importaciones de energía rusa mostraron indicios de las consecuencias que estaban sufriendo pero desde el Kremlin evitaron pronunciarse al respecto.

Ahora, el primer ministro Mikhail Mishustin admitió que el país vive una de las peores situaciones económicas de su historia, producto de las sanciones impuestas por occidente.

“Sin duda, la situación actual podría llamarse la más difícil en tres décadas para Rusia”, dijo. “Tales sanciones no se usaron ni siquiera en los tiempos más oscuros de la Guerra Fría”. De todos modos, buscó llevar tranquilidad y afirmó que “el sistema financiero, el alma de toda la economía, se ha mantenido”. El rublo, tras semanas de dura caída, comenzó a recuperarse y volvió a cotizar a su nivel pre-guerra.