sábado, julio 20

Un triunfo necesario de Los Pumas ante Japón y la necesidad de hacer ajustes de cara a Gales

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El combinado argentino venció por 39-27 a los asiáticos, pero más allá del triunfo, el equipo está en condiciones de volar mucho más alto en la recta final del Mundial de rugby

Los Pumas vencieron a Japón y están en los cuartos de final del Mundial de rugby (REUTERS/Stephane Mahe)

Los Pumas vencieron a Japón y están en los cuartos de final del Mundial de rugby (REUTERS/Stephane Mahe)

Inmediatamente después de acertar la conversión del segundo try de Mateo Carreras, Emiliano Bofelli da la impresión de mover la cabeza como en señal de desaprobación. Después de un par de patadas desviadas, de esas que hace mucho no falla el crack criado en Duendes de Rosario, emboco desde una posición sencilla pero casi rozando uno de los postes. Ese gesto, de haber existido, pudo haber sido la síntesis de lo que vivieron

En tren de no despreciar obviedades, lo primero que hay que poner encima de la mesa es que se logró el objetivo del día. Se le gano a Japón, se avanzó a los cuartos de final del Mundial, se aseguró un mano a mano con Gales y hasta se garantizó la plaza para el 2027 en Australia. Como suele pasar con esos partidos que te llevan al límite de las tensiones, uno termina quedándose mucho más con el qué por sobre el cómo. Jugar con excelencia bajo presión es algo que logran muy pocos equipos. Tan difícil como corregir errores del pasado inmediato justo cuando viajas al límite. Ya hablamos al respecto: lo supero el seleccionado en Qatar, lo hizo alguna vez la Generación Dorada en Atenas y los chicos del voleibol en Tokio. Cuando la contracara de lograr el objetivo es volver a casa antes de lo deseado cuesta disimular aquello de “la necesidad tiene cara de hereje”.

Tantas vueltas para, desde el corazón, evitar ser categórico con lo que dejo el triunfo que aporto la clasificación. Desde la cabeza cuesta un poco más ver la parte llena del vaso. En primer lugar, porque por mucho que haya crecido el rugby japonés en la última década –tampoco tanto- y por mucho jugador que importe –un montón-, tenemos que asumirlo como un adversario ante el cual no fuese durísimo perder. Siempre con respeto. Siempre asumiendo que la enorme mayoría de quienes estamos fuera de la cancha no tenemos ni la menor idea de la complejidad y el estrés de la alta competencia. Pero sería un error caer en la complacencia y, como Boca en Palmeiras, creer que el resultado lo resuelve todo. Para La Conjura de los Necios basta con la del malogrado John Kennedy Tole.

Los Pumas tuvieron varios episodios puntuales para resolver la cuestión sumando el valor agregado de llegar con buenas sensaciones a los cuartos de final de la semana próxima.

No necesito ni dos minutos para corroborar que, de la mano de Chocobares y tal como lo hizo notar Samoa en la parte final del cruce anterior, los japoneses tienen fisuras importantes en algunas zonas defensivas. No casualmente los cinco tries argentinos llegaron a través de sus backs y, mayormente, a través de arrebatos individuales. Paso con el centro nacido en Rufino y, muy especialmente, con Mateo Carreras, el muchacho de los pistones. Es más, a los 15 del primer tiempo los japoneses ya llevaban casi diez tackles fallados. Lo más en duda que estuvo el resultado que cuando se cerró el primer tiempo 15 a 14 arriba. Volvió a jugar con ventaja numérica por expulsión temporaria de un rival. Es decir, varios factores –empezando por una rápida ventaja que suelta las piernas y el alma como todo gol tempranero- que suelen desearse en la previa de todo desafío complejo.

Todos estos apuntes desprolijos desembocan en una única calle: a casi todos los factores favorables, Argentina respondió dándole una nueva vida al rival. Paso con errores de manejo en salidas rivales inmediatamente después de haber marcado puntos. Paso en general con el control del juego. Los Pumas tuvieron no menos de quince errores de manejo, lo que quiere decir que un montón de veces, sea con continuidad o con sanción de scrum en contra, la un ataque propio termino con posesión ajena. Paso con el mal uso del pie; la mayoría de las patadas largas dejadas adrede dentro de la cancha le dieron vuelo a un rival al cual rara vez se tackleo de manera agresiva. Aquella incomodidad que, me pareció, esbozo Bofelli hasta se notó en el scrum. Está claro que hablar de “jugar al scrum” no es solo un anacronismo sino que hasta tiene restricciones reglamentarias. Pero de ahí a resignar una herramienta de dominio emocional ante un rival que ni por asomo tiene la cultura que la Argentina tuvo al respecto me suena a exageración. Está claro que es una formación que huele a estar en vías de extinción. Mientras tanto, cuesta ver que no solo no se pueda desplazar al pack rival, sino que hasta se cometan infracciones por fallas en la formación.

Todas menudencias en tanto el viaje continúa y la ilusión sigue vigente. Nada de lo que pueda cuestionarse responde sino a la convicción de que el equipo en general y las individualidades en particular está en condiciones de volar mucho más alto de lo que se hizo hasta ahora.

En tren de no despreciar los intangibles tan presentes en el deporte, no descartaría que se logre dar vuelta la página de la inestabilidad y la desconfianza que comenzó con el indescifrable partido ante los ingleses y que se desparramo durante toda la fase de grupos, seguramente, con temor a un deja vu del Mundial de 2019.

Dependerá de los jugadores y de los ajustes, si los hubiera, que resuelvan el entrenador y su staff que Los Pumas comiencen a partir de Gales ese torneo en el cual cada partido es una historia que no tiene más que presente, ni pasado ni futuro. Eso de las miradas cenitales es cuestión de nosotros, los periodistas y los que hablamos desde la tribuna. La de Irlanda es la muestra más elocuente al respecto. De imponente primera fase y digno poseedor del primer puesto en el ranking encara el doble desafío de llegar por primera vez en la historia a unas semifinales y, en el camino, dejar por segunda vez en la historia a los All Blacks fuera de los cuatro primeros (para los amantes de las cábalas, la única vez que los de negro perdieron en cuartos fue en 2007…en Francia).

Pasando en limpio y demasiado ansioso siendo que falta tanto, Gales no es un rival imposible. Ha tenido más buenas que malas y, cuando se pone en marcha, se lo ve granítico y con un par de jugadores dignos del equipo ideal de la primera fase. Pero no hay por qué negarnos ni el derecho ni la fantasía de que Los Pumas jueguen tanto como pueden cuando más se lo necesita.