
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió un decreto que impone un arancel del 25% a todas las importaciones de acero y aluminio, afectando a países como Canadá, México, Brasil y Argentina. La medida reactivará una guerra comercial que ya había tenido antecedentes durante su primer mandato.
La respuesta de China no tardó en llegar. Este lunes entraron en vigor aranceles del 15% a productos estadounidenses como el carbón y el gas natural licuado, además de un 10% sobre el petróleo crudo, la maquinaria agrícola y los automóviles de gran cilindrada. Además, Beijing anunció controles a la exportación de 25 metales raros esenciales para la industria tecnológica y militar, y lanzó una investigación antimonopolio contra Google.
China acusó a Estados Unidos de aplicar medidas “discriminatorias y proteccionistas” y presentó una queja ante la Organización Mundial del Comercio. También rechazó las acusaciones de Trump sobre su papel en el comercio del opioide sintético fentanilo, argumentando que las sanciones son una represalia injustificada.

Las tensiones entre ambas potencias se agravan en un contexto donde China domina la industria del acero y el aluminio a nivel mundial, con un exceso de producción que deprimió los precios internacionales. Algunos analistas consideran que la política arancelaria de Trump busca presionar a Beijing indirectamente, más allá de afectar a otros socios comerciales.
Los expertos advierten que el impacto de estas tarifas podría trasladarse a los consumidores estadounidenses con un aumento en los precios. Casos anteriores, como el arancel del 50% a las importaciones de lavarropas en 2018, demostraron que este tipo de medidas encarecen los productos en el mercado interno. Mientras Trump evalúa extender aranceles a más sectores, la incertidumbre sobre el comercio global sigue en aumento.





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