El avance del pliego de Ariel Lijo en el Senado reconfigura el equilibrio de poder dentro de la Corte Suprema, con el expresidente del tribunal buscando consolidar su influencia frente al actual titular.

El dictamen favorable en el Senado para el pliego de Ariel Lijo como juez de la Corte Suprema está generando un fuerte reacomodamiento de fuerzas dentro del máximo tribunal. Con solo tres jueces en funciones, la interna entre Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti se ha intensificado, y la llegada de Lijo podría cambiar el equilibrio de poder.
Desde un inicio, el magistrado fue el principal impulsor de Lijo. El ex presidente de la Corte recomendó su nombre al Gobierno de Javier Milei y ahora espera que su designación le otorgue una posición de mayor influencia en el tribunal. Según fuentes cercanas al magistrado santafesino, existe un alto nivel de confianza en que el pliego de Lijo será aprobado en el Senado.
“Está todo dado, si no es ahora será en marzo, pero Lijo entra”, aseguran en su entorno. Argumentan que el juez federal es el único candidato que reúne los votos necesarios para alcanzar los dos tercios requeridos.
La estrategia de Lorenzetti se basa en el antecedente de 2017, cuando Mauricio Macri logró la aprobación de Rosatti y Carlos Rosenkrantz con un Senado aún dominado por el kirchnerismo. “Si en ese contexto se pudo, ahora también. Siempre en los primeros años de gobierno hay margen de negociación”, sostienen desde su entorno.
Mientras tanto, la designación de Manuel García-Mansilla parece seguir un camino diferente. Crece la versión de que su nombramiento podría resolverse por decreto antes del 1° de marzo, cuando se inicien las sesiones ordinarias del Congreso. En el tribunal sostienen que el actual esquema de tres jueces es insostenible, dado el volumen de casos que deben resolverse y las demoras que genera la intervención de conjueces. “Trabajar con tres jueces alarga los tiempos de decisión y complica la firma de sentencias clave”, explican fuentes judiciales.
Más allá de la disputa por los nombramientos, otro tema caliente en la Corte es la resistencia de las cámaras nacionales con sede en la Ciudad de Buenos Aires al fallo “Levinas”. Esta decisión del máximo tribunal obliga a los tribunales de alzada a remitir sus fallos al Tribunal Superior de Justicia porteño, quitando competencia a la Justicia nacional. Hasta el momento, tres cámaras han rechazado su aplicación.
La situación ha generado fricciones dentro de la propia Corte. Desde el entorno de Lorenzetti culpan a Rosatti, actual presidente del tribunal, por la crisis con las cámaras porteñas. “Es un fallo que se tendría que haber resuelto hace tres años y lo dejaron estar”, señalan. También cuestionan el momento en que se emitió la resolución: fue el 27 de diciembre, en la última acordada del año, coincidiendo con la jubilación del juez Juan Carlos Maqueda. En el ámbito judicial, se interpretó como una maniobra para evitar conflictos antes del receso de verano y de la reunión de la Asociación de Magistrados.
Con Lijo cada vez más cerca de ocupar una silla en la Corte, la interna entre Rosatti y Lorenzetti se profundiza. El santafesino busca reforzar su peso dentro del tribunal y ganar una mayoría con Lijo como aliado. Sin embargo, el escenario aún no está definido, y las próximas semanas serán clave para determinar cómo quedará configurado el máximo tribunal del país





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