Javier Milei busca capitalizar la calma cambiaria con un shock electoral en Ciudad y Provincia

Con el dólar estabilizado, el Gobierno acelera su armado político con el PRO para enfrentar al peronismo en los distritos clave del país. Los libertarios apuestan a un impacto económico positivo que empuje en las urnas.

Después de semanas cargadas de tensión financiera, el oficialismo cambió el eje del tablero y ahora se mete de lleno en la disputa electoral. Con una cotización del dólar que se mantiene dentro de los rangos previstos tras la flexibilización parcial del cepo, Javier Milei y su mesa chica redoblan esfuerzos para consolidar una estrategia política que los mantenga competitivos en los dos principales distritos del país: Ciudad y Provincia de Buenos Aires.

Lejos de contentarse con el alivio que generó la baja del dólar libre –que pasó de $1230 a $1160 en apenas tres días–, el presidente busca que la estabilización cambiaria funcione como el puntapié para un nuevo impulso en su imagen pública. En ese marco, tanto en Casa Rosada como en el entorno de Luis Caputo saben que contener los precios en las góndolas es tan clave como cerrar acuerdos políticos.

“Ahora empieza la campaña”, reconoció esta semana un operador libertario al periodista Adrián Ventura de TN, aludiendo al nuevo enfoque del oficialismo: la economía como estabilizador, pero las urnas como objetivo principal.

El desafío es doble: por un lado, evitar una nueva disparada inflacionaria que anule el efecto de la reciente pax cambiaria; por el otro, garantizar que el electorado vea en La Libertad Avanza una opción sólida y con proyección.

El objetivo del Gobierno es claro: no dejarle espacio al peronismo ni en la Ciudad ni en la Provincia. En Capital Federal, el jefe de Gobierno Jorge Macri sabe que su liderazgo está en juego. Si LLA logra superarlo en las legislativas, el PRO podría quedar desdibujado frente al avance libertario. Por eso, ambos sectores comenzaron a tejer un entendimiento que evite una fractura del electorado opositor al kirchnerismo.

Mientras tanto, Mauricio Macri volvió al ruedo con una agenda propia: caminatas, reuniones con vecinos y apariciones públicas, en un intento por reposicionarse como figura de peso en el armado nacional. Desde la sede del PRO ya tomaron contacto con más de 50.000 porteños en las últimas semanas, en lo que ellos denominan “la gran conversación”.

Por su parte, Javier Milei delegó en su vocero Manuel Adorni la tarea de encabezar la campaña en la Ciudad, aunque no se descarta que el propio presidente encabece actos proselitistas si las encuestas lo requieren. “No va a dejar que le roben el bastión libertario”, aseguran desde su entorno.

El terreno bonaerense plantea mayores dificultades para el oficialismo. Axel Kicillof logró que las elecciones provinciales se despeguen de las nacionales, una jugada que en principio beneficia al peronismo. Sin embargo, la cercanía en el calendario entre ambos comicios dificulta la posibilidad de construir candidaturas de forma diferenciada.

En ese contexto, Cristina Kirchner sigue siendo un factor determinante. Aunque sin cargos ejecutivos, su influencia en el armado de listas y en el conurbano profundo sigue intacta. Las encuestas aún le dan un piso alto en intención de voto, lo que obliga a LLA y al PRO a buscar una fórmula conjunta que capitalice la bronca social sin dispersar fuerzas.

Los libertarios trabajan en un candidato propio para la Provincia, aunque los contactos con dirigentes del PRO no cesan. La posibilidad de una boleta única que combine el arrastre nacional de Milei con una figura con experiencia bonaerense es cada vez más real.

Desde el Gobierno saben que, si la economía no genera alivio en los bolsillos, ningún acuerdo político será suficiente. Por eso, Caputo intensificó las negociaciones con empresas de consumo masivo para retrotraer aumentos recientes. El objetivo es claro: evitar un salto de precios que opaque la recuperación de la imagen presidencial, que según sondeos ya estaría por encima del 42%.

La gente no quiere más relato, quiere resultados”, explican desde Balcarce 50. Y, en ese sentido, las próximas semanas serán decisivas: si la inflación de abril se mantiene bajo control y los salarios empiezan a recuperar algo de terreno, el oficialismo podría llegar fortalecido a las elecciones de mayo.

El Gobierno apuesta a que esta nueva etapa le permita salir del terreno de las urgencias y comenzar a ordenar su frente político. La pregunta de fondo es si alcanzará con estabilizar el dólar para consolidar una fuerza electoral duradera.

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