Según estimaciones de la UADE, las medidas de fuerza impulsadas por gremios desde diciembre de 2023 afectaron a la industria, el transporte y el comercio. El impacto en sectores clave complica aún más el panorama recesivo.

Desde que Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, la Argentina no solo experimenta una fuerte transformación en sus políticas económicas, sino también una elevada conflictividad sindical. Las sucesivas medidas de fuerza, encabezadas por gremios como la CGT y la Unión Tranviarios Automotor (UTA), ya generaron un impacto económico estimado en más de USD 1.000 millones, según datos relevados por el Instituto de Economía de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
El primer paro general de la era Milei se concretó el 24 de enero de 2024, en rechazo a la Ley Ómnibus. Aunque no se realizó una estimación oficial del daño económico que generó esa jornada, distintos economistas coincidieron en que podría haber superado los USD 500 millones. A pesar de la falta de cifras exactas, el impacto de aquel día se sintió en todos los sectores productivos.
Posteriormente, el 9 de mayo de 2024, se realizó el segundo paro general, esta vez con la adhesión de múltiples gremios. En esa ocasión, la UADE calculó pérdidas por USD 544 millones. Las actividades más afectadas fueron la industria manufacturera (USD 110 millones), educación y salud (USD 90 millones) y los impuestos netos de subsidios (USD 89 millones). Según el economista Martín Álvarez, este paro representó el 1,1% del PBI mensual y el 24,3% del PBI diario.
Ese mismo año, el 30 de octubre, la Mesa Nacional del Transporte llevó adelante una medida sectorial que paralizó buena parte de la logística del país. Aunque la UTA no adhirió completamente, se estima que la jornada le costó al país unos USD 204 millones, equivalentes al 0,3% del PBI del mes. Nuevamente, los sectores más perjudicados fueron impuestos netos de subsidios, industria y educación.
Más recientemente, el 10 de abril de 2025 se desarrolló un nuevo paro general, que dejó pérdidas económicas por casi USD 194 millones. En este caso, la continuidad del servicio de colectivos permitió mitigar el impacto: de haber sido total, el costo se habría duplicado. “La posibilidad de tener al menos una línea de transporte disponible disminuye significativamente el impacto real del paro”, señaló Álvarez.
A estas medidas hay que sumar el reciente paro impulsado por la UTA, que afectó a más de 300 líneas de colectivos en el AMBA y en el interior del país. Aunque aún no se cuenta con un estudio detallado, UADE estimó un costo económico de aproximadamente USD 300 millones.
En suma, la suma de los cuatro paros medidos (dos generales y dos del transporte) alcanza un impacto económico superior a los USD 1.200 millones. Si se incluyera el paro de enero –cuyo impacto no fue oficialmente cuantificado–, el total superaría los USD 1.500 millones.
El daño no es uniforme: según explicó Álvarez, algunas actividades apenas se vieron afectadas, mientras que otras sufrieron pérdidas difíciles de recuperar. Rubros como la industria manufacturera, la construcción y el comercio fueron los más golpeados. Por el contrario, actividades como la financiera, la inmobiliaria o la minería lograron compensar hasta el 99% de lo perdido gracias a su digitalización o menor dependencia de la presencialidad.
Fabián Castillo, presidente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), alertó que incluso los comerciantes que abrieron sus locales registraron pérdidas de al menos 25% en sus ventas, debido a la baja circulación de gente. “Es evidente la necesidad que existe en el sector comercial Pyme de hacer frente a esta coyuntura de recesión, por lo que un paro de actividades repercute negativamente en este momento”, aseguró.
Por su parte, Jorge Day, economista del Ieral (Fundación Mediterránea), explicó que, aunque el impacto macroeconómico de estos paros no mueve la aguja anual, en términos microeconómicos los golpes son severos: “Hay sectores, como el comercio, que pierden mucho con un paro general. Lo que no venden en un día es difícil que lo recuperen en otro”.
En un contexto de recesión y caída de la actividad, los costos de los paros representan un obstáculo adicional para la recuperación. Y si bien los sindicatos argumentan que estas medidas son necesarias para enfrentar el ajuste del Gobierno, el daño sobre el aparato productivo ya es considerable y, en muchos casos, irreversible.





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