La rebaja temporaria ayudó a acelerar la liquidación de divisas durante el segundo trimestre, pero su final podría generar un freno en las ventas del campo y presionar sobre el dólar en plena campaña electoral.

Con el final de junio llega también el fin de la rebaja temporaria de las retenciones a las exportaciones de granos, en particular la soja y el maíz, dos cultivos clave para el ingreso de divisas en la Argentina. La medida —vigente durante el segundo trimestre del año— tuvo un costo fiscal estimado en USD 800 millones, pero permitió acelerar la liquidación del complejo agroexportador y darle aire al Gobierno en uno de los trimestres más sensibles del año.
Según un informe del consultor Javier Preciado Patiño, si las retenciones hubieran permanecido en su nivel original (33% para soja), el Estado habría recaudado alrededor de USD 3.500 millones. En cambio, terminará percibiendo unos USD 2.700 millones, lo que representa una pérdida de ingresos fiscales de USD 800 millones, de los cuales el 86% corresponde a la soja.
Para algunos economistas, esa pérdida es el “peaje” que el oficialismo aceptó pagar para garantizarse el ingreso de dólares antes del inicio de la campaña electoral. La soja todavía tiene entre 20 y 22 millones de toneladas por comercializarse, por lo que la decisión sobre las retenciones podría definir el comportamiento del mercado en los próximos dos meses.
El riesgo político y cambiario
El Gobierno ya resolvió que la prórroga del beneficio alcanzará únicamente al trigo y a la cebada. Sin embargo, el maíz y la soja volverían al esquema original a partir del 1° de julio. Eso generó malestar en las entidades del campo, que esperaban que la baja se mantuviera para toda la cosecha gruesa, al menos hasta después de la Exposición Rural.
“Si suben las retenciones a la soja vamos a ver un agosto y septiembre con bajas ventas, con presión sobre el tipo de cambio, justo en plena campaña electoral”, advirtió Preciado Patiño. En un año electoral, un freno en la liquidación de divisas puede desestabilizar la calma cambiaria que logró sostener el ministro Luis Caputo con medidas ortodoxas.
Además, la suba afectaría el costo de insumos y enfriaría la actividad económica en zonas agrícolas clave, lo que sería contraproducente para un gobierno que busca acumular votos en provincias como Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y el interior bonaerense. “Si el Gobierno sube las retenciones va a pagar un costo político importante”, advirtió Preciado Patiño.
¿Razones fiscales o cambiarias?
Para el analista David Miazzo, la discusión no pasa tanto por lo fiscal. “La recaudación que resignaría el Gobierno por mantener las retenciones bajas equivale a un 0,1% del PBI. Y el superávit acumulado ya alcanzó el 0,3% en los primeros cinco meses del año. Desde lo fiscal, el Gobierno podría sostener la rebaja”, afirmó.
Pero el riesgo aparece por otro lado. “Si las retenciones vuelven a subir, el productor recibirá un 10% menos por tonelada de soja. Entonces va a vender solo lo indispensable por uno o dos meses, mientras espera una mejora en el dólar o una nueva rebaja”, explicó Miazzo. Ese comportamiento especulativo podría presionar sobre el tipo de cambio y alterar el equilibrio que el equipo económico intenta sostener.
Aunque el decreto que prorroga las bajas para el trigo y la cebada fue publicado el viernes, algunos analistas no descartan una prórroga sorpresiva para la soja y el maíz. Señalan que el Gobierno ya logró captar buena parte de las divisas que necesitaba, pero que una medida de último momento podría evitar un parate en el mercado justo cuando más necesita evitar sobresaltos.
Si eso ocurre, escuchar las quejas del campo podría haber sido parte del cálculo. Los ingresos declarados en junio superan los USD 5.300 millones, con parte de esa cifra aún por liquidarse en julio, gracias a los plazos de pago. Como sea, con una economía todavía en terreno inestable, cada dólar cuenta.





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