La estrategia de Javier Milei para frenar las leyes votadas en el Senado: cuántos diputados y senadores necesita

ras el revés parlamentario, el Gobierno busca reconstruir la relación con los mandatarios provinciales para sostener los vetos. Qué mayoría necesita el Ejecutivo para evitar que se impongan las leyes votadas por el Congreso.

El Gobierno nacional enfrenta un escenario complejo tras la derrota legislativa sufrida esta semana en el Senado, donde se aprobaron proyectos clave que afectan la hoja de ruta del presidente Javier Milei: el aumento a las jubilaciones, la declaración de emergencia en discapacidad y la reactivación de la moratoria previsional.

Lejos de cambiar el tono, Milei redobló la apuesta. El miércoles, un día antes de la votación, el presidente volvió a cargar contra los gobernadores, acusándolos de buscar “garantizar sus privilegios” y de querer “destruir al gobierno”. 

El resultado fue previsible: el oficialismo quedó aislado y ahora necesita reconstruir puentes para evitar que el Congreso le dé un nuevo revés cuando se trate la ratificación o rechazo de los vetos anunciados.

El “número mágico” en Diputados y el Senado

En el Congreso, un veto presidencial puede ser rechazado si ambas cámaras lo insisten con una mayoría especial de dos tercios. Es decir que, para sostener un veto, el oficialismo solo necesita alcanzar un tercio en cada cámara.

En Diputados, eso equivale a 87 legisladores sobre un total de 257. En el Senado, donde hay 72 bancas, el mínimo de bloqueo es de 25. Según cálculos oficiales, actualmente el Gobierno no controla más de 60 diputados ni llega a los 20 senadores alineados con su postura.

Esto deja a Milei en una situación frágil: las iniciativas recientemente aprobadas (con la excepción de la moratoria) superaron los 50 votos en la Cámara alta, lo que indica que la oposición podría alcanzar los dos tercios necesarios para rechazar un eventual veto presidencial.

Gobernadores “cansados de esperar”

El Gobierno reconoce internamente que se equivocó al desoír a los gobernadores, incluso a los más afines. Desde varias provincias sostienen que la Casa Rosada los compromete con promesas de obras o recursos, pero luego no cumple.

“La relación no está rota, pero sí dañada”, aseguran en el entorno de Guillermo Francos, jefe de Gabinete, quien junto a Lule Menem encabezó sin éxito las negociaciones de último minuto antes de la votación.

Varios mandatarios provinciales ya dejaron trascender su malestar con el trato recibido. No sólo se los dejó afuera de las decisiones estratégicas, sino que también se los presionó para ceder lugares clave en las listas, lo que derivó en el armado de boletas rivales por parte de La Libertad Avanza en sus propias provincias.

A pesar de los contratiempos, en el Ejecutivo aseguran que aún hay margen para revertir la situación. El receso invernal del Congreso, previsto para los próximos días, otorga al oficialismo hasta mediados de agosto para reabrir las negociaciones con los gobernadores y reconfigurar alianzas.

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