El equipo del investigador Eduardo Cánepa desarrolló una prueba epigenética que identifica marcas biológicas en el ADN. La herramienta busca complementar métodos judiciales como la cámara Gesell y podría transformar la forma de investigar casos de abuso y negligencia.
Un equipo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), liderado por el investigador Eduardo Cánepa, desarrolló un innovador método que podría cambiar para siempre la forma de detectar el maltrato infantil: una prueba epigenética que analiza el ADN obtenido de la saliva para encontrar huellas biológicas del abuso o la negligencia.
“La huella del maltrato no solo es emocional; también queda registrada en el cuerpo. Y hoy podemos rastrearla con un margen de certeza del 85% al 90%”, explicó Cánepa, jefe del Laboratorio de Neuroepigenética y Adversidades Tempranas del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador principal del CONICET.

El procedimiento, que estudia las marcas de metilación en el ADN presentes en células de la mucosa bucal y glóbulos blancos, busca diferenciar señales provocadas exclusivamente por el maltrato infantil, descartando factores como el nivel socioeconómico o el género. Para ello, el equipo comparó dos grupos: chicos derivados de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital de Niños Pedro Elizalde y un grupo control sin antecedentes de abuso.
“Queremos aportar una prueba objetiva y mensurable que complemente herramientas existentes como la cámara Gesell”, destacó Cánepa, quien subrayó que no pretende reemplazar los métodos actuales, sino sumar evidencia científica que pueda ser utilizada en el ámbito judicial.

Eduardo Cánepa, al frente del Laboratorio de Neuroepigenética y Adversidades Tempranas del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA,
El avance, sin embargo, enfrenta desafíos logísticos y económicos. “La tecnología necesaria no está desarrollada en el país y enviar las muestras al exterior cuesta mucho dinero. Además, cada vez cuesta más reclutar jóvenes para la investigación: los salarios no alcanzan para vivir”, lamentó el científico.
Si logra implementarse, la prueba podría convertirse en un recurso clave para proteger a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad, y aportar un respaldo científico sólido a las causas judiciales por maltrato.





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