LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO🌾

21 de Octubre

La libertad que nos da el Espíritu Santo nos permite aceptar que la felicidad se realice de maneras muy diversas. El Espíritu nos hace descubrir que no hay una sola manera de ser felices, sino muchas.
Nosotros nos apegamos a una forma de ser felices, porque creemos que es la única. Hemos imaginado que sólo se puede ser felices cuando no tenemos ningún problema, ninguna enfermedad, ningún desafío. Pero eso es un engaño más que nos ata y nos limita.
Es necesario entregarse al Espíritu Santo y aceptar que él nos regale la felicidad como sea. Porque un modo de felicidad no es la felicidad, es sólo un modo. Y el Espíritu Santo quiere hacerme conocer muchas maneras de felicidad.
Es feliz quien en medio de un problema es capaz de unirse a otro que tiene el mismo problema para encontrar juntos una salida. Es feliz quien tiene una enfermedad, y es capaz de descubrir el amor del Señor y descansar en su presencia en medio de esa enfermedad. Es feliz quien es capaz de postergar sus deseos y no pretende vivirlo todo ahora. Es feliz quien no pudo viajar a Europa, pero puede pasar una tarde soleada a la orilla de un pequeño arroyo.
Pidamos al Espíritu Santo que nos regale esa capacidad de adaptación que nos permite aceptar la forma de felicidad que es posible hoy, sin angustiamos por lo que ahora no es posible.

PILDORAS DE FE🌾

Tienes que saber que Dios te ha dotado de las capacidades necesarias para resolver todas las situaciones de la vida. Hoy te pregunto: ¿A quién le vas a creer? ¿Por qué tu mirada sigue estando en enfocada en los problemas y no en el Dios de las soluciones? Tienes que encontrar la manera de aumentar tu fe, si tu fe se debilita en medio de la prueba, es porque no la has fortalecido. La fe tiene que llevarte a creer en lo increíble, porque la fe puede hacer que alcances las cosas más sorprendentes de tu vida. Si sientes que ya no tienes fe, recuerda esto: «Dios sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas» (Salmo 147,3) ¡Sé fuerte y confía! Amén.

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