La decisión que marca un antes y un después en la forma de gobernar de Gustavo Sáenz

La nueva Ley de Ministerios marca un giro en la gestión de Gustavo Sáenz: por primera vez delega la conducción operativa en una Jefatura de Gabinete fuerte, mientras concentra su rol en lo estratégico.

Hay un punto central que no puede pasar desapercibido: Gustavo Sáenz, cada vez que ocupó un cargo ejecutivo, jamás delegó la gestión. Nunca. Su estilo siempre fue el mismo: estar, conducir, resolver, intervenir, ordenar. Ese modo directo, personal y presente es parte de su identidad política.

Por eso esta nueva Ley de Ministerios representa algo mucho más profundo que un cambio de organigrama. Es una muestra cabal de aprendizaje, evolución y maduración en la conducción del Estado. Después de años de gestión, Sáenz entiende que para elevar el nivel del gobierno —y también el nivel de quienes lo rodean— hace falta dar un paso que pocos dirigentes se animan a dar: delegar la gestión sin soltar la política.

La creación de una Jefatura de Gabinete fuerte, con funciones reales y peso institucional, marca ese salto. Es la decisión de separar lo estratégico de lo operativo; de mantener en manos del Gobernador la conducción política y, al mismo tiempo, profesionalizar el funcionamiento del Estado con cuadros de confianza y capacidad comprobada.

Porque, si un dirigente quiere crecer, si quiere ir por más —en la provincia o en la arena nacional— debe aprender a delegar. No hay otro camino. Delegar no es restar poder: es multiplicarlo. Es permitir que la energía del Gobernador esté puesta donde realmente hace la diferencia, mientras un equipo sólido sostiene la maquinaria cotidiana del Estado.

Esta Ley refleja ese cambio. No es simplemente reorganizar ministerios. Es mejorar el modelo de gestión, hacerlo más eficiente, más ágil y más técnico. Es la señal de un gobernador que ya no solo gestiona: piensa estratégicamente, se proyecta y se prepara para un escenario político más amplio.

La política sigue siendo suya.
La gestión, a partir de ahora, tendrá un responsable claro.
Y esa decisión, en sí misma, ya habla de un liderazgo que madura, que crece y que se anima a más.

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