Ranking universitario regional: Argentina quedó fuera del top 50 y encendió las alarmas en el sistema educativo

El nuevo informe de Times Higher Education para América Latina dejó a las instituciones superiores locales fuera del podio estrella en la región. El cambio de criterios de evaluación agravó la caída y volvió a encender el debate por el financiamiento y la calidad académica.

El mapa universitario de América Latina volvió a moverse y la Argentina quedó mal parada. La edición 2026 del ranking elaborado por Times Higher Education (THE) confirmó un retroceso significativo de las instituciones locales: ninguna ingresó entre las 50 mejores de la región y apenas tres lograron ubicarse dentro de las primeras 100, cuando el año pasado habían sido ocho.

La universidad mejor posicionada es la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que aparece recién en el puesto 62, muy lejos de la ubicación que había alcanzado en la edición anterior. Detrás quedaron la Universidad Austral, que descendió abruptamente, y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que también cayó varias posiciones. La foto final deja en evidencia una pérdida de competitividad regional que preocupa tanto al ámbito académico como al político.

Desde la organización que elabora el ranking explicaron que el resultado está directamente relacionado con una modificación profunda en la metodología de evaluación. Hasta el año pasado, las universidades latinoamericanas eran comparadas entre sí bajo parámetros ajustados al contexto regional. En esta nueva edición, en cambio, se aplicó una vara global, la misma que se utiliza para evaluar a las mejores casas de estudio del mundo.

 Universidad Nacional de La Plata

Universidad Nacional de La Plata.

Ese cambio implicó un golpe directo para muchas instituciones argentinas que, según especialistas, no están hoy alineadas con los estándares internacionales en áreas clave como producción científica, financiamiento de la investigación y vinculación tecnológica. En otras palabras, no solo se comparó a la Argentina contra sus vecinos, sino contra las potencias académicas del planeta.

El ranking mide 16 indicadores agrupados en cinco ejes principales: calidad de enseñanza, investigación, reputación académica, transferencia de conocimiento al sector productivo y proyección internacional. En los rubros más pesados —producción científica e impacto de publicaciones— las universidades argentinas muestran una fuerte debilidad estructural que las deja en desventaja frente a sus competidoras de Brasil, Chile y México.

No es casualidad que las primeras cinco posiciones estén ocupadas por universidades brasileñas y una chilena. Brasil domina el ranking con comodidad, tanto por cantidad de instituciones como por posiciones de privilegio. La Universidad de São Paulo volvió a liderar la región, seguida por Campinas y otras casas de estudio con fuerte respaldo presupuestario y una política sostenida de inversión en ciencia y tecnología.

En contraste, la presencia argentina es escasa: apenas 12 universidades ingresaron en la nómina, de las cuales ocho son públicas y cuatro privadas. Algunas, como la UBA, directamente no participan de la medición, ya que el sistema de THE es voluntario y requiere aportar información institucional bajo determinados criterios técnicos.

Universidad de Buenos Aires.

Universidad de Buenos Aires.

Desde el sector universitario argumentan que esta caída no puede leerse de manera aislada. En medio de un escenario de fuerte ajuste fiscal y recorte presupuestario, las universidades vienen reclamando por la falta de recursos para sostener salarios, infraestructura y proyectos de investigación. Para muchos rectores, el ranking no hace más que reflejar un deterioro que ya venían advirtiendo desde hace años.

El Consejo Interuniversitario Nacional advirtió que el financiamiento proyectado para 2026 comprometería el funcionamiento básico del sistema educativo. Según el organismo, sin una actualización real de los fondos, se pone en riesgo la calidad académica y el desarrollo científico, dos pilares centrales que impactan directamente en los indicadores evaluados por rankings internacionales como el de THE.

Desde el Gobierno, en cambio, sostienen que los rankings no pueden ser el único parámetro para medir la calidad universitaria y que muchas de estas mediciones responden a criterios que no siempre reflejan la realidad regional. Sin embargo, reconocen en privado que la pérdida de prestigio académico tiene consecuencias concretas: menor atracción de estudiantes extranjeros, menos convenios internacionales y dificultades para acceder a financiamiento externo.

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