Tras la caída de Maduro, el respaldo estadounidense toma un rumbo inesperado y María Corina Machado queda en una posición incómoda dentro del nuevo escenario político.

El escenario posterior a la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores dejó a la oposición venezolana celebrando un desenlace que no controla. Mientras Donald Trump capitalizó el golpe político, María Corina Machado apareció desde una nueva “clandestinidad”, agradecida y cautelosa, en un contexto marcado por el desconcierto interno.
La sorpresa no fue menor cuando el presidente estadounidense relativizó su liderazgo. “Es una mujer muy agradable, pero no tiene el apoyo en Venezuela ni el respeto dentro del país”, dijo Trump, una definición que cayó como un “ninguneo” explícito y descolocó a una dirigencia que había apostado a una alineación total con la Casa Blanca.
Para la analista Renata Segura, directora del Programa para América Latina y el Caribe del Crisis Group, el balance es claro: “Naturalmente, la oposición liderada por Machado es quizás la que peor parada queda después de los eventos de este fin de semana”.
Desde Washington se impuso la idea de que una oposición mayormente exiliada carece de fuerza para garantizar gobernabilidad, un requisito central para los planes de Trump, enfocados en el control del petróleo y no en la arquitectura democrática.
“Todavía muchos no salen de su asombro por haber sido dejados totalmente por fuera”, reconoció una fuente opositora en diálogo con TN, que llamó a abandonar “patrones caudillistas” y avanzar hacia una coalición real.
Otra voz fue más ambigua. “Mi primera reacción fue de profundo rechazo, que sigo teniendo”, aunque admitió que desmantelar el aparato represivo exige fuerza externa.
Machado optó por cerrar filas. En redes sociales agradeció a Trump por su “firmeza y determinación en el cumplimiento de la ley” y aseguró que Venezuela será “el principal aliado” de Estados Unidos.
Sin embargo, crecen las conjeturas, incluso sobre el supuesto costo político de haber aceptado el Nobel de la Paz.
Según Segura, la oposición quedó, por ahora, “relegada… a ser un espectador” de una estrategia que apoyó pero que no la colocó en el poder. El futuro, no obstante, sigue abierto.





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