Estados Unidos interceptó en alta mar un petrolero ligado a Venezuela y profundiza el cerco energético al régimen

Tras una persecución de casi dos semanas en el Atlántico Norte, fuerzas estadounidenses incautaron un buque que transportaba crudo venezolano con destino a Rusia. La operación se enmarca en el endurecimiento del bloqueo marítimo impulsado por la administración Trump.

Estados Unidos dio un nuevo paso en su estrategia de presión sobre el régimen venezolano al incautar un petrolero que transportaba crudo con destino a Rusia, luego de una persecución que se extendió durante casi dos semanas en aguas del Atlántico Norte. La operación fue encabezada por la Guardia Costera estadounidense con apoyo del Departamento de Defensa y se concretó sin que se registraran incidentes con la tripulación del buque.

Según confirmaron fuentes oficiales, el petrolero —originalmente identificado como Bella 1 y posteriormente rebautizado Marinera— estaba vinculado a operaciones destinadas a eludir las sanciones económicas impuestas por Washington contra el sector energético venezolano. El Comando Europeo de Estados Unidos informó que la incautación se realizó tras constatar violaciones reiteradas al régimen de sanciones y maniobras para evitar el abordaje de las autoridades.

El buque había sido monitoreado desde que abandonó aguas venezolanas y, de acuerdo con reportes de inteligencia, intentó esquivar el bloqueo marítimo impuesto a petroleros sancionados. Durante el seguimiento, el navío apagó sistemas de localización y utilizó técnicas de falseo de señal, una práctica conocida como spoofing, utilizada habitualmente para ocultar la verdadera posición de embarcaciones bajo sanciones internacionales.

Fuentes citadas por medios estadounidenses señalaron que, durante parte de la persecución, se detectó la presencia de unidades navales rusas en la zona, incluida al menos una embarcación submarina. Sin embargo, no hubo contacto directo ni acciones hostiles, lo que permitió a la Guardia Costera concretar el abordaje sin escalar el conflicto.

La incautación se suma a una serie de operativos recientes contra buques que transportan petróleo venezolano. Desde mediados de diciembre, Estados Unidos intensificó el bloqueo naval como parte de la política de “máxima presión” relanzada por el presidente Donald Trump tras la caída de Nicolás Maduro. El objetivo central es cortar las principales vías de financiamiento del régimen y limitar su capacidad de comercializar crudo en mercados alternativos como Rusia y China.

En ese marco, ya fueron interceptados al menos otros dos petroleros. Uno de ellos fue incautado cuando se dirigía a Asia, mientras que otro fue abordado y liberado tras verificaciones de carga y documentación. Las autoridades estadounidenses sostienen que estas acciones buscan frenar el accionar de lo que denominan “flota fantasma”, integrada por buques que cambian de nombre, bandera y sistemas de identificación para evadir controles.

Analistas del sector energético advirtieron que, en los últimos días, más de una decena de petroleros vinculados al régimen intentaron abandonar puertos del Caribe de manera simultánea, en una maniobra coordinada para saturar el bloqueo. Algunos lograron alejarse de la costa, mientras que otros permanecen sin emitir señal, lo que dificulta su rastreo.

Desde Washington remarcan que el cerco marítimo no afecta a las operaciones autorizadas, como los envíos de crudo realizados por empresas estadounidenses bajo licencias especiales. Sin embargo, el impacto sobre las exportaciones del país caribeño es significativo y podría profundizar la crisis financiera en Caracas.

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