El Papa a las familias de las víctimas de Crans-Montana: «tanto dolor… estoy conmovido»

León XIV se encuentra con los familiares de los jóvenes italianos fallecidos o heridos durante la “catástrofe de extrema violencia” que fue el incendio en un local de la localidad suiza, la noche de Año Nuevo. El Pontífice asegura su cercanía y oración, junto con la de toda la Iglesia: “El afecto y las palabras humanas de compasión que les dirijo hoy parecen muy limitados e impotentes, pero el Sucesor de Pedro lo afirma con fuerza: su esperanza no es vana”.

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

“Lo digo muy sinceramente que estoy muy conmovido al encontrarme con ustedes…”. El Papa León XIV no oculta sus sentimientos frente a la horrible tragedia de Crans-Montana, la localidad suiza donde, la noche de Año Nuevo, un incendio en un local provocó 40 víctimas y 116 heridos. La mayoría, todos jóvenes y también menores de edad. A quince días de aquel drama, mientras continúan las investigaciones sobre las dinámicas y las oraciones y esperanzas están todas puestas en la recuperación de los heridos hospitalizados (para los italianos, actualmente, doce jóvenes están en tratamiento en el hospital Niguarda de Milán, de los cuales 7 en cuidados intensivos), el Papa León abraza – en sentido físico y figurado – a las familias de los jóvenes italianos que murieron o resultaron heridos en el incendio.

Un grupo de unas 20 personas, recibidas esta mañana alrededor de las 12.00 pm en el Palacio Apostólico del Vaticano, antes del encuentro en el Palacio Chigi. Una audiencia recogida y conmovedora fue la que tuvo lugar en la Sala de los Papas, entre las palabras y los gestos de León y las lágrimas de estas personas destruidas por el duelo y la pérdida repentina. Con ellos, el Papa habla de manera improvisada, expresando –como ya había hecho el pasado sábado en el encuentro con los jóvenes de la Diócesis de Roma– toda su cercanía y su afecto.

“Cuando me enteré que de por su parte alguien había pedido esta audiencia, inmediatamente dije: ‘Sí, encontraremos el tiempo’. Quería al menos tener la oportunidad de compartir un momento que para ustedes, en medio de tanto dolor y sufrimiento, es verdaderamente una prueba de nuestra fe, es una prueba de lo que creemos”, comienza el Papa, apartándose del texto escrito.

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“Su esperanza no es vana”

Circunstancias similares, además del dolor, suscitan preguntas. Muchas preguntas. “¿Por qué, Señor?” es la primera. Lo afirma el propio León: “Alguien me hizo recordar un momento similar: justamente en la Misa del funeral donde, en lugar de hacer una homilía, el sacerdote hacía como un diálogo entre la persona y Dios mismo, con esa pregunta que siempre nos acompaña, diciendo: ‘¿Por qué, Señor, por qué?’”. Cada respuesta, sin embargo, puede ser limitada, afirma el Papa en su discurso.

Habla entonces como Pontífice de la Iglesia universal, León XIV, a estas madres y padres, hermanos y hermanas, llevándoles el mensaje de esperanza, siempre eterno y siempre válido, de la resurrección de Cristo:

“No puedo explicarles, queridos hermanos y hermanas, por qué se les ha pedido a ustedes y a sus seres queridos enfrentar una prueba así. El afecto y las palabras humanas de compasión que les dirijo hoy parecen muy limitados e impotentes. El Sucesor de Pedro que han venido a encontrar hoy se los afirma con fuerza y convicción: su esperanza no es vana, porque ¡Cristo ha resucitado verdaderamente! La Santa Iglesia es testigo de ello y lo anuncia con certeza”.

Es, por tanto, esta la respuesta “adecuada” para quienes están atravesando un “momento de gran dolor y sufrimiento”. Dolor y sufrimiento causados por el hecho de que “una de las personas que les son más queridas, más amadas, ha perdido la vida en una catástrofe de extrema violencia, o se encuentra hospitalizada durante un largo período, con el cuerpo desfigurado por las consecuencias de un terrible incendio que ha conmovido al mundo entero”. Todo ello ocurrido, además, “en el momento más inesperado, en un día en que todos se alegraban y celebraban para intercambiar deseos de alegría y felicidad”.

Una sola palabra adecuada, la de Cristo en la cruz

Si ya hay poco que decir en circunstancias similares, también es difícil encontrar un sentido a tales acontecimientos, destaca el Pontífice. Así como es difícil dar una respuesta a la pregunta: «¿Dónde encontrar un consuelo a la altura de lo que sienten, un alivio que no esté constituido por palabras vanas y superficiales, sino que toque en lo profundo y reavive la esperanza?»

El Papa invita a mirar al “Hijo de Dios en la cruz – de quien están tan cerca hoy – que desde lo profundo de su abandono y de su dolor gritó al Padre: ‘¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?’”. “La respuesta del Padre a la súplica del Hijo tarda tres días, en silencio. ¡Pero qué respuesta!”, exclama el Papa. “Jesús resucita glorioso, viviendo para siempre en la alegría y en la luz eterna de la Pascua”.

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El Papa y la Iglesia cercanos a las familias

“Nada podrá jamás separarlos del amor de Cristo, así como tampoco a sus seres queridos que sufren o que han perdido”, añade el Papa León, citando a San Pablo. “La fe que habita en nosotros ilumina los momentos más oscuros y dolorosos de nuestra vida con una luz insustituible, que nos ayuda a continuar valientemente el camino hacia la meta”. “Jesús nos precede en este camino de muerte y resurrección que requiere paciencia y perseverancia”, subraya nuevamente el Pontífice. “Estén seguros de su cercanía y de su ternura: Él no está lejos de lo que están viviendo; al contrario, lo comparte y lo lleva con ustedes”. Y de la misma manera, “toda la Iglesia”.

León XIV asegura, de hecho, la oración de la Iglesia y la suya personal por los difuntos, por “el alivio de quienes aman y que sufren” y por los mismos familiares. “Su corazón hoy está traspasado, como lo estuvo el de María al pie de la Cruz”, dice. A los presentes los invita a rezar juntos un Padre Nuestro y encomienda a todos a la Virgen, Señora de los Dolores.

«Está cercana a ustedes en estos días… Dirijan a Ella sin reservas sus lágrimas y busquen en ella el consuelo materno que ella podrá darles. Como Ella, sabrán esperar con paciencia, en la noche del sufrimiento pero con la certeza de la fe, que un día, un nuevo día, amanezca; y volverán a encontrar la alegría».

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