Irán atraviesa desde diciembre una crisis interna que comenzó como una protesta económica y derivó en una movilización masiva contra el gobierno del ayatolá en decenas de ciudades del país.

Irán arrastra desde diciembre una de sus crisis internas más severas en las últimas décadas. Lo que empezó como una protesta de comerciantes disconformes por la devaluación del rial iraní frente al dólar, rápidamente se convirtió en una movilización multisectorial que incluyó a docentes, estudiantes y trabajadores enojados con el gobierno del ayatolá Alí Jamenei, que se desplegó en decenas de ciudades y más de 30 provincias.
Este jueves Irán cumple una semana sin internet, el mayor periodo de desconexión con el mundo exterior vivido hasta ahora por el país persa y justificado por las autoridades iraníes como la única manera de detener unas protestas alentadas por Estados Unidos e Israel para justificar “una intervención en el país”. En tanto, la Casa Blanca dijo que las autoridades iraníes suspendieron unas 800 ejecuciones previstas para ayer, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtiera sobre «graves consecuencias» si Teherán continuaba la matanza de participantes en las protestas que sacuden al país.
Hace semanas que Trump insiste que está «dispuesto a intervenir» con ataques militares en el país persa, situación que escaló hasta este miércoles. Aun no hay cifras oficiales y las organizaciones de derechos humanos manejan distintos números que van desde los 600 muertos a más de 2 mil.
Qué pasa en Irán: las causas de las protestas en el país de Medio Oriente
El conflicto social en Irán estalló el 28 de diciembre cuando, tras la devaluación del 52% del rial iraní frente al dólar que confirmó el gobierno, comerciantes y sectores económicos afectados por la medida salieron a la calle a reclamar por la inestabilidad financiera. En ese contexto tanto Estados Unidos como Israel aprovecharon las protestas para pronunciarse a favor y advertir que Irán se vería «golpeada muy gravemente» si llegasen a morir manifestantes. Esto despertó el temor en las autoridades de que se traten de «protestas promovidas desde el exterior», por lo que aplicaron medidas de aislamiento como el corte total del internet a nivel nacional y el cierre del espacio aéreo durante un par de horas.

Estas medidas despertaron una fuerte oleada de tensiones con Estados Unidos. Washington fijó sanciones adicionales a altos funcionarios iraníes acusados de reprimir las protestas, congelando activos y prohibiendo operaciones financieras con entidades vinculadas al gobierno iraní.
El presidente Trump advirtió que «habrá consecuencias» si Teherán llevara adelante las ejecuciones de manifestantes, y hasta ayer se rumoreó la chance de que hubiera un ataque militar concreto contra el territorio iraní, plan que finalmente «suspendió» tras haber «recibido información de fuentes del otro lado» para no llevarlo a cabo. Desde ayer parecen haberse calmado los conflictos en Teherán, aunque de forma «tensa».
Represión, detenciones y penas de muerte
La represión de las fuerzas de seguridad iraníes ha sido descrita por organizaciones internacionales como «extremadamente violentas» y con «uso de armas de fuego contra manifestantes pacíficos». Además, el sistema judicial lanzó juicios exprés y sentencias de muerte contra algunos detenidos, aunque algunos casos de ejecuciones, como el del manifestante Erfan Soltani, habrían sido desmentidos por la prensa oficial iraní.
Al mismo tiempo, el gobierno continúa catalogando a los líderes del movimiento como «terroristas» y justificando el uso de la fuerza, lo que ha generado una fuerte condena de diversos países y organizaciones de derechos humanos..
Entre el malestar económico y la injerencia externa: Irán en la encrucijada geopolítica

Irán atraviesa una coyuntura crítica que no puede ser leída como un simple estallido económico ni como una rebelión social espontánea desligada del contexto internacional. El impacto de las medidas coercitivas unilaterales es inocultable, las condiciones materiales se han deteriorado y el malestar existe. Sin embargo, el núcleo del conflicto es geopolítico: demandas sociales legítimas quedaron rápidamente subsumidas a una disputa mayor, donde actores externos operan abiertamente para incidir sobre el rumbo del Estado iraní y erosionar su soberanía.
No se trata solo de inflación, de la caída de la moneda, el rial, o del encarecimiento creciente de los alimentos. Lo que está en juego es quién gobierna Irán y bajo qué alineamientos, en un escenario atravesado por guerras y reconfiguraciones de poder. La crisis que sacude a Irán desde finales de 2025 no constituye el levantamiento espontáneo que los medios occidentales pretenden instalar, sino un nuevo momento de un escenario mucho más complejo: una guerra prolongada, de alcance regional y con repercusiones a escala mundial.
El ciclo de protestas se inicia el 28 de diciembre de 2025, cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán suspendieron actividades frente al desplome de la moneda y la pérdida acelerada del poder adquisitivo. Incluso medios occidentales reconocen este punto de partida económico: “las protestas comenzaron a finales del mes pasado con manifestaciones de comerciantes en Teherán por el malestar económico y la mala gestión, antes de extenderse a nivel nacional” [1]
Durante los primeros días, el conflicto se mantuvo dentro de márgenes relativamente acotados, con reclamos sociales, tensión callejera y un escenario aún abierto a la negociación institucional. El propio gobierno iraní reconoció la legitimidad del descontento económico y habilitó instancias de diálogo.
Ese cuadro se modificó abruptamente cuando comienzan a registrarse ataques armados, incendios de bienes públicos, destrucción de mezquitas y estaciones policiales y episodios de violencia extrema. El mismo Financial Times describe “autobuses, mezquitas y comisarías incendiadas” y admite que “en algunos casos, los manifestantes atacaron a las fuerzas de seguridad” [1].
Allí se produce un quiebre cualitativo: la protesta social deja de ser el eje y es desplazada por una dinámica de confrontación violenta que ya no busca visibilizar demandas económicas, sino producir un clima de ingobernabilidad. Lejos de un levantamiento homogéneo y masivo, el propio medio británico reconoce que, tras los picos de violencia nocturna, “el impulso de las protestas puede haberse desvanecido porque la gente está aterrorizada”, y que amplios sectores temen que Irán termine “convertido en otra Siria o Libia” [1].
La “Revolución Negra”: manual conocido, violencia renovada
Es en este punto donde cobra sentido la caracterización de “revolución negra”. No se trata de una simple protesta amplificada, sino de la aplicación de un manual conocido: identificar un agravio real, montar sobre él una red de agitación, escalar la violencia urbana y construir, a través de una ofensiva mediática mundial, la narrativa de un régimen al borde del colapso. Fernando Esteche lo sintetiza con claridad: “lo que presenciamos es una operación de ‘revolución de colores’ en su versión más descarnada; podríamos hablar de una ‘revolución negra’” [2]. La violencia extrema registrada -linchamientos, cuerpos quemados, ataques con armas de fuego- no fortalece ninguna salida política interna; por el contrario, bloquea cualquier resolución social y prepara el terreno para la legitimación de nuevas presiones externas bajo el discurso de los derechos humanos y la “responsabilidad de proteger”.
En ese engranaje aparece la figura de Reza Pahlavi, presentada mediáticamente como una alternativa “democrática” desde el exilio, pero que funciona, en los hechos, como un títere imperial reciclado. Hijo del último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, su trayectoria está indisolublemente ligada a un régimen instaurado y sostenido por Estados Unidos tras el golpe de Estado de 1953 contra el primer ministro democráticamente electo Mohammad Mossadegh. Criado en el corazón del poder monárquico, exiliado desde el triunfo de la revolución islámica en 1979, y radicado desde hace décadas en Estados Unidos, Pahlavi carece de base social real en Irán. Su capital político se construye casi exclusivamente en los grandes medios occidentales y en algunos elementos menores de los migrantes iraníes. Desde Washington, convoca a la movilización, fija calendarios de protesta y afirma estar “preparado para volver a Irán a la primera oportunidad”, mientras es amplificado por cadenas como Fox News y por medios alineados con los intereses de Estados Unidos e Israel [3].
Incluso el diario argentino La Nación reconoce que su figura es polarizante y minoritaria dentro de una oposición fragmentada, atravesada por demandas sociales muy alejadas de la nostalgia imperial por una monarquía tiránica como la del Clan Sha. Su utilidad no radica en su legitimidad interna, sino en su funcionalidad externa: ofrecer un rostro “presentable” para un eventual recambio alineado con Washington y Tel Aviv.
En este escenario, resulta imposible no señalar la convergencia del gobierno libertario de Javier Milei con estos mismos actores internacionales, como expresión de un alineamiento dogmático y acrítico con los intereses de Estados Unidos e Israel. La participación de la diputada Lilia Lemoine en una conferencia realizada en Francia por el autodenominado Consejo Nacional de Resistencia de Irán, encabezado por Maryam Rajavi, constituye un ejemplo elocuente.
Se trata de otra oposición en el exilio promovida y respaldada por Washington y sus aliados como instrumento para impulsar un cambio de régimen en la República Islámica de Irán. La dirigente de ultraderecha, con llegada directa al presidente argentino, difundió en sus propias redes sociales un apoyo explícito a esta estructura opositora bajo el lema #FreeIran y afirmó respaldar “los 10 puntos para la paz” presentados por Maryam Rajavi, a quien definió como “presidente electa por el pueblo iraní”, reproduciendo sin matices el relato funcional a los intereses occidentales [4].
Que una diputada oficialista argentina participe activamente de este tipo de espacios no es un hecho menor ni anecdótico. Expresa la alineación automática del gobierno de Milei con la política exterior de Estados Unidos e Israel y su predisposición a legitimar operaciones de injerencia bajo el discurso de los derechos humanos. El mismo libreto aplicado contra Venezuela o Cuba, es ahora replicado sin disimulo en relación con Irán, confirmando que el principio de “no intervencionismo” no es más que una consigna vacía cuando se trata de obedecer a los centros de poder imperial.
En ese marco, no resulta casual que el Consejo Nacional de Resistencia de Irán sea frecuentemente descrito por académicos, investigadores y periodistas como el brazo político y diplomático de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK), una organización que durante años fue catalogada como terrorista por EEUU, la Unión Europea y otros países debido a su historial de atentados, asesinatos selectivos y acciones armadas. Su posterior exclusión de esas listas no respondió a una revisión sustantiva de ese pasado ni a un cambio estructural en su trayectoria, sino a decisiones de carácter político vinculadas a su creciente utilidad como instrumento de presión internacional y de promoción del cambio de régimen en Irán, permitiendo reciclar su imagen mediante una fachada institucional y un discurso de derechos humanos funcional a los intereses de las potencias occidentales.
Las medidas del Estado iraní: contención, control digital y lucha por su soberanía
Frente a la escalada, el Estado iraní combinó señales de reconocimiento del malestar social con un endurecimiento progresivo de las medidas de seguridad. El eje más visible fue el control del flujo informativo. El apagón de internet, presentado por la prensa occidental como una prueba de “represión”, fue también una respuesta a la utilización de las redes digitales para coordinar acciones violentas y construir una narrativa internacional de colapso. El Financial Times admite que el corte fue casi total y que incluso afectó a sectores del propio Estado, dejando en evidencia que no se trató de una medida selectiva sino de una decisión de seguridad nacional [5].
En paralelo, el gobierno distinguió -al menos en el plano discursivo- entre manifestantes con demandas económicas legítimas y grupos armados con una agenda abiertamente guerrerista. Esta distinción resulta clave para comprender la lógica estatal: no se trató sólo de “orden público”, sino de defensa de la soberanía frente a una operación de desestabilización coordinada. Al mismo tiempo, se registraron movilizaciones masivas de respaldo al gobierno y a las fuerzas de seguridad. “Millones de personas salieron a las calles en diversas ciudades de Irán para expresar su respaldo a las autoridades y a las fuerzas militares, al tiempo que condenaron los recientes actos terroristas ocurridos en distintas partes del país”, señala Data Urgente [6], un dato sistemáticamente invisibilizado por los grandes medios occidentales.
La situación en Irán expone, una vez más, los límites de una protesta social cuando queda atrapada en una disputa estratégica mayor. Las demandas económicas son reales y persistentes, pero su instrumentalización externa erosiona cualquier posibilidad de resolución interna. Cuando la guerra económica produce sufrimiento, y el mismo es utilizado como palanca política por las mismas potencias que lo generan, el conflicto deja de ser doméstico. La historia reciente del Medio Oriente es demasiado clara: Irak, Libia, Siria. En todos los casos, la narrativa humanitaria precedió a la destrucción de la estatalidad.
Una vez más, lo que está en juego no es solo la estabilidad de un gobierno, sino el derecho de un pueblo a tramitar sus contradicciones sin tutelaje externo, sin medidas coercitivas criminales y sin operaciones de cambio de régimen. Reproducir, una vez más, la lógica conocida de la injerencia imperial solo puede conducir a un resultado también conocido: más caos y más violencia en el mundo.
Referencias
[1] Bozorgmehr, N. (2026). Dispatch from Tehran: the week Iranians revolted against the regime. Financial Times. https://www.ft.com/content/fdc307b3-bc9e-402d-b675-533d8f74db4d
[2] Esteche, F. (2026). La gran derrota de occidente en Irán. Pia Global. https://noticiaspia.com/la-gran-derrota-de-occidente-en-iran/
[3] La Nación. (2026, 13 de enero). Tragedias, exilio y resistencia: quién es Reza Pahlavi, el príncipe heredero iraní que llama a la movilización desde EEUU. https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/tragedias-exilio-y-resistencia-quien-es-reza-pahlavi-el-principe-heredero-irani-que-llama-a-la-nid13012026/
[4] Lemoine, L. (2025). Video “Free Iran 2025”. Publicación en redes sociales. https://www.facebook.com/lilialemoine/videos/freeiran2025/1419027635795871/
[5] Srivastava, M., & Campbell, C. (2026). How Iran switched off the internet. Financial Times. https://www.ft.com/content/5d848323-84a9-4512-abd2-dd09e0a786a3
[6] Data Urgente. (2026, 14 de enero). Iraníes despiden a mártires de crímenes de elementos sionistas-estadounidenses. Data Urgente. https://www.dataurgente.com/noticias/iran%C3%ADes-despiden-a-m%C3%A1rtires-de-cr%C3%ADmenes-de-elementos-sionistas-estadounidense
Irán: qué significa la bandera del león y el sol que usan los manifestantes contra el régimen ayatolá
Las protestas en Irán se extendieron a varias provincias y ciudades claves como Teherán y Mashhad. En medio de los reclamos, algunos manifestantes marcharon con la bandera del león y el sol, e incluso llegó a la embajada del país islámico en Londres.
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Antes de 1979, la enseña con el león y el sol representaba a Persia durante siglos y sintetizaba la continuidad monárquica y la identidad nacional, pero fue suprimido.
Una ola de protestas, impulsadas por la grave situación económica, sacuden a Irán desde hace varios días. Las manifestaciones se extendieron por varias provincias mientras las autoridades recurren a su táctica habitual de represión sin ofrecer soluciones a las quejas que alimentan la ira pública. En medio de los reclamos, reapareció la bandera del león y el sol como desafío público al régimen de los ayatolás.
El símbolo no solo fue visto en las calles iraníes, sino que también en Londres, cuando una manifestante subió al balcón de la embajada y reemplazó la enseña oficial por la histórica insignia del león y el sol. Las manifestaciones no solo ponen en jaque a Alí Jameneí, que se desempeña como líder supremo de Irán desde 1989, sino que también muestran una reclamación de recuperar una identidad previa a la República Islámica.

Ante este escenario,las redes sociales no son ajenas y en X (ex Twitter) se actualizó el emoji de la bandera iraní por la del león y el sol durante el fin de semana. La directora de producto de la plataforma de Elon Musk, Nikita Bier, había respondido a la solicitud de un usuario el viernes último para actualizar la imagen. “Dame unas horas”, fue la respuesta de Bier, quien luego compartió un enlace a una plataforma de programación que mostraba que la bandera del Estado Islámico había sido eliminada del código del sitio web de X y reemplazada por la del león y el sol, indicando que la actualización estaría disponible en breve.

Qué significa la bandera del león y el sol
En 1979 sucedió la Revolución Islámica un movimiento social y religioso que derrocó la monarquía del Sah Mohammad Reza Pahlaví, poniendo fin a más de 2500 años de gobierno dinástico y estableciendo la actual República Islámica de Irán, un régimen teocrático liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, fundamentado en el islam chiita y el concepto de velayat-e faqih (gobierno del jurista islámico).
Había sido impulsada por un amplio descontento popular con la autocracia del Sah, la corrupción, la influencia occidental y problemas económicos, culminando en la huida del Sah en enero de 1979 y la proclamación de la República Islámica en abril. Antes de 1979, la enseña con el león y el sol representaba a Persia durante siglos y sintetizaba la continuidad monárquica y la identidad nacional, pero fue suprimido.La bandera de Irán que se encuentra vigente, muestra en el centro un emblema rojo formado por cuatro lunas crecientes y una espada que dibujan un tulipán. En los bordes del paño está la consigna «Allahu Akbar» (Alá es grande), repetida 11 veces. Esta elección estaba destinada a sellar una identidad estatal de carácter religioso y rupturista. Había sido izada por primera vez en 1980.
Para los opositores al actual régimen en Irán, la recuperación de la bandera del león y el sol es un símbolo de ruptura con la teocracia: un ‘adiós al islam’ en clave política y un intento de reivindicar raíces preislámicas. Además, el emblema es una insignia de memoria y de rechazo al poder religioso en Teherán..webp?cw=1280&ch=722&extw=png)
Antes de 1979, la enseña con el león y el sol representaba a Persia durante siglos y sintetizaba la continuidad monárquica y la identidad nacional, pero fue suprimido.
Las protestas en Irán
Las protestas, iniciadas el 28 de diciembre por el derrumbe del rial iraní, además de los muertos, ya dejaron más de 2600 detenidos, y se extendieron por ciudades clave como Teherán y Mashhad. El gobierno iraní cortó el acceso a internet y las líneas telefónicas, dificultando la evaluación de la situación desde el exterior y generando temor por una posible represión violenta.
La Organización de Derechos Humanos de Irán, con sede en Noruega, dijo que había «confirmado la muerte de al menos 538 manifestantes», advirtiendo que el número de muertos podría ser mucho mayor debido a que un corte de Internet que se extiende desde hace días y dificulta la verificación y confirmación de las cifras. Horas más tardes, la agencia EFE confirmó que ya había 538 muertos. Para dar el número, el medio citó a la subdirectora de la ONG Human Rights Activists News Agency, Skylar Thompson.
F: El Destape





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