Mientras en Europa crecen las protestas de productores y supermercados franceses anuncian boicot, en Argentina el sector cárnico analiza el alcance real
El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea ya está en marcha de manera formal. Luego de más de dos décadas de negociaciones intermitentes, el entendimiento político y comercial se rubricó formalmente, en un gesto que busca sellar una alianza estratégica entre dos bloques que representan cerca de 700 millones de consumidores y una porción sustancial del comercio agroalimentario global.
La firma, sin embargo, deberá atravesar un complejo proceso de ratificación en los parlamentos nacionales de los países europeos y en el Parlamento Europeo, donde ya se anticipa una fuerte resistencia política impulsada por sectores rurales, ambientalistas y partidos que ven en el acuerdo una amenaza directa a sus sistemas productivos.
Aun así, para el Mercosur el paso es clave y marca un punto de no retorno en una negociación largamente postergada y reconfigura el tablero comercial en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas y disputas por mercados.
El corazón del acuerdo: carne vacuna, cuotas y aranceles
Si hay un capítulo que concentra la atención del agro sudamericano, es el de la carne vacuna. Hoy, el acceso de la carne del Mercosur a la Unión Europea está limitado a contingentes específicos, como la Cuota Hilton y la cuota 481, que en conjunto rondan las 55.000 toneladas anuales con preferencias arancelarias. El nuevo acuerdo amplía ese horizonte con la creación de una cuota adicional de 99.000 toneladas, que se irá habilitando de manera progresiva.
Ese número, que a primera vista luce significativo, es el que obliga a hacer un análisis fino. No se trata de un cupo exclusivo para Argentina, sino de un volumen que deberá repartirse entre los cuatro países del Mercosur. Brasil, como principal exportador mundial de carne vacuna, aparece naturalmente como el jugador con mayor capacidad para capturar una porción relevante.
Uruguay y Paraguay, con sistemas exportadores muy aceitados y fuerte orientación a mercados premium, también buscarán posicionarse. Argentina, en tanto, deberá competir no solo con sus socios regionales, sino también con sus propias restricciones internas.
En este punto es donde aparecen las advertencias de los referentes del sector. Mario Ravettino, presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), fue claro al pedir moderación en las expectativas. «Hay que ser muy cuidadosos con la lectura de la cuota. No son 99.000 toneladas para la Argentina, sino para todo el Mercosur, y además se van a ir incorporando de manera gradual», explicó. En ese sentido, remarcó que «cuando se hace el prorrateo realista, el impacto no es tan disruptivo como a veces se plantea».
Ravettino también puso el foco en el contexto europeo. «Europa está sobreactuando la amenaza. El consumo total de carne vacuna en la Unión Europea es enorme y estas cuotas representan un porcentaje muy pequeño. No van a inundar el mercado», sostuvo, al tiempo que recordó que la carne sudamericana que ingresa bajo estos esquemas debe cumplir exigentes requisitos sanitarios, ambientales y de trazabilidad.
Cómo podría repartirse la nueva cuota y qué margen real tiene Argentina
Las estimaciones más conservadoras indican que Argentina podría aspirar, en el mejor de los escenarios, a capturar entre un 20% y un 25% de la nueva cuota de carne vacuna. Eso implicaría un volumen adicional que, si bien es relevante en términos de valor por tratarse de cortes de alto precio, está lejos de generar una revolución productiva inmediata.
Además, el aprovechamiento efectivo de ese cupo dependerá de variables clave. Por un lado, la capacidad de sostener una oferta exportable estable, algo que históricamente se vio afectado por intervenciones en el mercado interno. Por otro, la competitividad del negocio frigorífico, los costos logísticos y el acceso a financiamiento para cumplir con los estándares europeos.
Desde el sector exportador insisten en que el acuerdo debe leerse más como una señal estratégica que como una solución mágica. Abre puertas, consolida reglas y ofrece previsibilidad, pero no reemplaza las reformas internas necesarias para que la Argentina pueda consolidarse como proveedor confiable de carne de calidad en el largo plazo.
Carne aviar: una oportunidad silenciosa, pero de alto impacto
Menos ruidoso, pero no menos relevante, es el capítulo de la carne aviar. El acuerdo contempla una cuota de 180.000 toneladas para el Mercosur, un volumen que abre una ventana interesante para la industria avícola sudamericana. En el caso argentino, las proyecciones indican que podría capturar hasta un 15% de ese total, siempre que logre posicionarse de manera competitiva.
Para un sector que ya tiene una fuerte inserción exportadora, pero que enfrenta barreras arancelarias en Europa, el acuerdo representa una posibilidad concreta de diversificación de destinos y mejora de márgenes. Como en la carne vacuna, el desafío estará en cumplir con las exigencias sanitarias y en sostener volúmenes constantes.
Europa en llamas: protestas, tractorazos y presión política
Mientras en el Mercosur se analiza el acuerdo con expectativa contenida, en Europa el clima es de abierta confrontación. En Francia y España, las protestas de productores rurales se intensificaron en las últimas semanas con cortes de rutas, tractorazos y manifestaciones frente a edificios públicos. El eje del reclamo es la denuncia de una competencia «desleal» por parte del Mercosur y exigen que no se ratifique el tratado.
En Francia, el rechazo tomó además una deriva comercial. Las principales cadenas de supermercados anunciaron que no comercializarán alimentos provenientes de Sudamérica, en una decisión que fue leída como un boicot explícito a los productos del Mercosur. El argumento esgrimido combina preocupaciones ambientales, sanitarias y de defensa del productor local, aunque desde Sudamérica se señala que se trata de una reacción política más que técnica.
España también vive un escenario de alta tensión, con organizaciones agrarias que alertan sobre el impacto que el acuerdo podría tener en sectores sensibles y reclaman mayor protección. En ambos países, la presión apunta directamente a condicionar el voto de los parlamentos nacionales cuando llegue el momento de la ratificación.
Del lado argentino: festejo, pero con los pies sobre la tierra
En Argentina, el tono es sensiblemente distinto. El sector agroindustrial valora el acuerdo como una oportunidad histórica, pero evita el triunfalismo. Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, lo sintetizó con claridad al señalar que el entendimiento «es una gran oportunidad», pero que su impacto dependerá de cómo se gestione puertas adentro. «Si se hacen bien las cosas, la producción de carne podría crecer hasta un 30%», afirmó, aunque advirtió que eso no ocurrirá de manera automática.
El consenso entre los actores del sector es que el acuerdo no es un punto de llegada, sino de partida. Abre mercados, pero también expone debilidades. En un contexto donde Europa debate su modelo productivo y Sudamérica busca consolidarse como proveedor global de alimentos, la carne vuelve a ocupar un lugar central en una discusión que combina comercio, política y geopolítica.





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