La rapera sorprendió al mostrarse públicamente junto al mandatario norteamericano, elogiar su gestión y lanzar duras declaraciones sobre identidad de género. Las críticas no tardaron en llegar al instante.

La cantante Nicki Minaj volvió a quedar en el centro de la escena pública de Estados Unidos luego de mostrarse junto al presidente Donald Trump en un acto oficial en Washington y expresar un respaldo sin matices a su administración.
La aparición pública, acompañada de declaraciones contra la comunidad trans, generó una ola de rechazo entre sus propios fanáticos y reavivó el debate sobre el rol de las celebridades en la política.
La artista, nacida en Trinidad y Tobago y convertida en una de las figuras más influyentes del rap global, participó esta semana de una conferencia vinculada al Trump Accounts Program, una iniciativa impulsada por la Casa Blanca que propone la creación de fondos fiduciarios con inversiones iniciales para bebés nacidos entre 2025 y 2028.
Durante el evento, la influencer subió al escenario, saludó personalmente al mandatario y ofreció un discurso cargado de elogios hacia el líder republicano.
“Soy, probablemente, la fan número uno del presidente y eso no va a cambiar”, afirmó ante los asistentes, mientras el mandatario permanecía a su lado. La cantante sostuvo que el actual jefe de Estado “le devolvió la esperanza a mucha gente” y destacó lo que definió como una gestión basada en “integridad, fortaleza y valores”. Incluso elogió al vicepresidente J.D. Vance y aseguró sentirse representada por ambos dirigentes.
Sin embargo, el momento más controvertido llegó cuando Minaj se refirió a cuestiones de identidad de género. En un pasaje de su intervención, expresó frases que fueron interpretadas como un ataque directo a la comunidad trans y a las políticas de diversidad. “Si nacés hombre, sé un hombre. No hay nada de malo en eso”, sostuvo, desatando una reacción inmediata en redes sociales.
Las repercusiones no tardaron en hacerse sentir. En pocas horas, miles de usuarios cuestionaron sus dichos y acusaron a la artista de promover discursos discriminatorios. La polémica escaló rápidamente y tuvo consecuencias concretas: según estimaciones difundidas en redes, Minaj perdió más de diez millones de seguidores en Instagram, lo que la llevó a desactivar de manera temporal su cuenta ante la avalancha de mensajes negativos.
No es la primera vez que la cantante se posiciona públicamente en este sentido. Semanas atrás, ya había generado controversia al criticar al gobernador de California, Gavin Newsom, por sus políticas vinculadas a la diversidad y la educación. Aquellas declaraciones habían encendido alertas, pero el respaldo explícito a Trump marcó un punto de quiebre incluso para una parte de su base de seguidores más fieles.
En paralelo al escándalo, Minaj confirmó que avanzará con el trámite para obtener la ciudadanía estadounidense. Tras el encuentro con Trump, celebró en su cuenta de X haber recibido la denominada “Gold Card”, un mecanismo lanzado por el gobierno republicano que permite acelerar el proceso migratorio para inversores extranjeros de alto patrimonio. Este programa exige un desembolso millonario a cambio de la residencia y el posterior acceso a la ciudadanía.
“Estoy finalizando el papeleo de mi ciudadanía”, escribió la artista, agradeciendo de manera explícita al presidente por el beneficio recibido. El gesto volvió a alimentar las críticas y reforzó la percepción de un alineamiento político cada vez más explícito.
Mientras tanto, el episodio reabre un debate recurrente en la cultura pop estadounidense: hasta qué punto las figuras del espectáculo pueden separar su obra artística de sus posicionamientos políticos, y cuánto impacto tienen esas posturas en una audiencia global cada vez más sensible a los discursos públicos.
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