De cara al segundo mes del año, los analistas de la city advierten que la menor demanda estacional de pesos y el regreso de la política al centro de la escena, podrían introducir episodios de mayor tensión, aunque sin cambios bruscos en el corto plazo.
En medio del programa de atesoramiento de dólares en las reservas —reiterado pedido del FMI— y tasas en pesos elevadas, el mercado arrancó febrero con una expectativa de continuidad en la pax cambiaria, pese a que el dólar oficial mayorista avanzó a $1.451, anotó su sexta suba en siete ruedas y quedó a 8,1% del techo de la banda cambiaria.
De cara al segundo mes del año, los analistas de la city advierten que la menor demanda estacional de pesos y el regreso de la política al centro de la escena, con el debate de la reforma laboral y penal en las sesiones extraordinarias del Congreso, podrían introducir episodios de mayor tensión, aunque sin cambios bruscos en el corto plazo.
Menor demanda de pesos y foco político
Uno de los factores que sigue de cerca la city porteña es el comportamiento de la demanda de pesos, que suele debilitarse en el segundo mes del año por un tema estacional. A eso se suma el inicio del tratamiento de la reforma laboral y penal en el Congreso, que vuelve a colocar a la política bajo la lupa de los mercados.
“En febrero podemos ver menor demanda de pesos y el comienzo del tratamiento de la reforma laboral, que va a poner a la política nuevamente bajo el foco del mercado. Existen chances de que eso genere algo de presión alcista”, subrayó Andrés Reschini, de F2 Soluciones Financieras.
No obstante, el analista señaló que el escenario aún no luce desbalanceado para el dólar, ya que “hay dólares por liquidar de colocaciones primarias, lo que aporta oferta”. En ese marco, espera que la autoridad monetaria mantenga “tasas en pesos firmes” como parte de una estrategia contractiva para sostener la estabilidad cambiaria, al menos hasta el inicio de la cosecha gruesa, entre marzo y mayo.
Con una mirada más optimista, Gustavo Ber considera que el escenario base sigue siendo de tranquilidad. “Creo que continuaría la calma cambiaria”, admitió, aunque subrayó que podría haber un ajuste gradual en los precios. En esa línea, el especialista espera que el dólar mayorista se desplace dentro de un rango de $1.450 y $1.480, si se mantiene el ritmo de compras del Banco Central y en un contexto de demanda de dinero “estacionalmente más flojo”.

Leonardo Anzalone, titular de CEPEC, coincidió en que febrero se perfila como un mes de dólar contenido y que la clave estará del lado de la oferta, debido a que el flujo de divisas por liquidación de cosecha, junto con colocaciones de deuda corporativa y de provincias, “ayuda a sostener la oferta para febrero y reduce la necesidad de ajustes acelerados del tipo de cambio”.
Sin embargo, advirtió que este escenario tiene condiciones claras, como la acumulación sostenida de reservas, la continuidad en la liquidación de exportaciones y la estabilidad de las expectativas inflacionarias. “Si alguno de esos factores se deteriora, puede haber algo de volatilidad, aunque no lo vemos en el corto plazo”, aclaró.
Tasas altas como ancla cambiaria
En paralelo, el nivel de las tasas sigue siendo un factor central en la estrategia oficial. Gustavo Ber manifestó que, a su parecer, podrían seguir en niveles elevados, aunque sin un endurecimiento adicional en términos reales, siempre y cuando la dinámica inflacionaria continúe moderándose. Las tasas de caución a un día cerraron este lunes en el 36%, según datos de IOL.
En este punto, vale destacar que este lunes Marco Lavagna dio un paso al costado del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en medio de la polémica por el nuevo dato de inflación, que a partir de enero debía comenzar a medirse en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18 y que finalmente se aplazó, según informó el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
Anzalone señaló que, si bien existiría margen para una baja gradual de tasas, el equipo económico no parece dispuesto a acelerar ese camino. “Lo demostró en la última licitación, donde premió con tasa el tramo más corto”, explicó.
En ese sentido, la lectura de la city es que el Gobierno prioriza el control de las expectativas cambiarias, incluso a costa de sostener un crédito caro y una actividad económica más fría. “Las tasas podrían acompañar el sendero de desinflación, pero siempre positivas en términos reales, porque el sesgo de la política monetaria sigue siendo restrictivo”, concluyó.
F:Ambito





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