Morosidad: las deudas de las familias le ponen freno al crédito y al repunte de la actividad

El aumento en la irregularidad de los préstamos de los hogares impacta en el flujo bancario nacional y condiciona nuevas líneas de financiamiento. Cuál es el atajo que tiene el ministro de Economía, Luis Caputo en mente

El pico en la mora crediticia de las familias, que llegó a un récord desde que hay registro en octubre pasado y según expertos no se estabilizará hasta el primer trimestre de este año, promete tener un efecto nocivo en la actividad económica. Las dificultades de los bancos para cobrar los préstamos condiciona el crecimiento del crédito y, con ello, se hace más arduo el intento de un rebote económico.

En medio de las altas tasas en pesos, la morosidad crediticia de las familias se ubicó en enero en el nivel más alto de los últimos quince años, lo que condiciona a las entidades financieras en términos de la posibilidad de otorgar nuevos créditos. Pero también dificulta el repunte de la actividad que busca el ministro de Economía, Luis Caputo,para esta fase del programa, aunque este guarde un “atajo” con los dólares del colchón que podrían ayudar a revertir esta situación en el corto plazo.

Un informe reciente de la Fundación Mediterránea remarcó que las secuelas de menor actividad y endurecimiento de las condiciones monetarias del segundo semestre de 2025 se reflejan con nitidez en la trepada de los ratios de morosidad crediticia, lo que obliga a los bancos a actuar con mayor cautela frente a la aprobación de nuevas líneas de financiamiento. Y la única excepción en la política de las entidades se observa en los préstamos en moneda extranjera, que mantuvieron su dinamismo a pesar del contexto restrictivo.

Pero el comportamiento de los deudores resulta desigual: en el segmento de empresas, la suba de la morosidad no fue tan marcada como en el caso de las familias. Es que los hogares se vieron sorprendidos por la velocidad de la desinflación, luego de años en los que la inflación ayudó a licuar los pasivos y reducir el peso real de la deuda.

El impacto de la desinflación se manifestó con fuerza en los hogares, que debieron enfrentar cuotas y vencimientos sin el “alivio” previo de la depreciación monetaria. En un informe reciente de la Fundación Mediterránea remarcaron que la dinámica inflacionaria previa llevó a que muchas familias asumieran deudas con la expectativa de que el proceso inflacionario redujera en términos reales el valor de los compromisos. Con la estabilización de los precios, esa estrategia dejó de ser efectiva, lo que se tradujo en un incremento abrupto de la morosidad.

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