Se trata de la mayor demostración de fuerza militar en dos décadas por parte de Estados Unidos en la región en medio de una escalada del conflicto con Irán.

Estados Unidos realiza su mayor despliegue militar en Medio Oriente en dos décadas, desde la invasión que encabezó en Irak para derribar al régimen de Saddam Hussein en 2003.
Como telón de fondo a este despliegue se encuentra el deterioro de las relaciones con Irán, país al que apunta Washington con sus fuerzas militares.

En la última semana, se han sumado aviones militares y flotas navales, también en materia de defensa antimisiles.
La acumulación de recursos militares de Estados Unidos en Medio Oriente abarca países del Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo oriental.

De esta manera, Estados Unidos fortalece el cerco militar alrededor de Irán. A los contingentes militares que ya tenía en Medio Oriente, se sumaron los mencionados por medio de 160 vuelos de aviones C 17A.
La actividad aérea incluyó 18 vuelos de C-5M con carga pesada hacia Arabia Saudita, Qatar y Djibouti, además de una flota de 22 aviones cisterna KC-135 y KC-46.
El poder naval estadounidense se ampara en la presencia de dos grupos de combate de portaaviones, el USS Abraham Lincoln en el Mar Arábigo y el USS Gerald Ford, junto a una flota de destructores y un submarino de la clase Ohio con capacidad nuclear.
La respuesta de la República Islámica de Irán ante las maniobras estadounidenses en la región consistió en probar un misil de defensa aérea de largo alcance (150 kilómetros) lanzado desde buques mediante sistemas de lanzamiento vertical.
La presión militar de Washington sobre Teherán tiene lugar con las negociaciones nucleares como trasfondo. En ese contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia directa y dio un plazo de dos semanas para alcanzar un acuerdo que incluya restricciones severas al programa iraní.





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