Pese a las denuncias formales, productores del país vecino continúan arrasando la selva para plantar caña de azúcar. Comunidades originarias advierten sobre bloqueos, amenazas y la grave intromisión de fuerzas de seguridad extranjeras.
Avances ilegales sobre el territorio nacional, tala indiscriminada en zonas protegidas y alambrados que bloquean caminos ancestrales. Esta es la dramática realidad que denuncian desde hace años las comunidades originarias asentadas a la vera del río Grande de Tarija (departamento San Martín, Salta), donde productores cañeros bolivianos operan con total impunidad pese a las intimaciones formales para cesar sus actividades.
El conflicto se concentra en una franja de cientos de hectáreas de selva pedemontana y yungas. Allí, productores provenientes del departamento boliviano de Tarija cruzan el río, desmontan el suelo argentino, plantan caña de azúcar y luego contrabandean la cosecha y la madera hacia su país. Todo ocurre sin títulos de propiedad, sin autorizaciones ambientales y a espaldas de los controles aduaneros.

Cañeros bolivianos «hacen lo que quieren» en la frontera
«Es como estar encerrados en nuestro propio país», resume Natalí Vázquez, cacique de la comunidad aba guaraní de El Trementinal, una de las más afectadas por esta usurpación.
Según relató la referente, los cañeros colocaron alambrados y portones con candados que impiden el paso por los caminos que las familias utilizan a diario para abastecerse, acceder a atención médica o trasladarse entre parajes.
Intromisión de fuerzas extranjeras y amenazas
La gravedad del caso excede lo ambiental y productivo, rozando un conflicto diplomático. Las comunidades aseguran ser víctimas de amenazas permanentes por parte del líder de los cañeros bermejeños, Horacio Cruz. Los testimonios indican que el empresario se desplaza armado y actúa con el respaldo de fuerzas militares y policiales bolivianas que operan directamente sobre el territorio argentino.
«Cuando reclamamos, traen a la policía boliviana. Como acá no hay autoridades permanentes, entran, se paran en los caminos y no nos dejan pasar. Si hay un enfermo o un niño, igual bloquean el paso», denunció Vázquez.
El miedo paraliza a muchos pobladores a la hora de radicar denuncias. Quienes lo hacen aseguran ser víctimas de represalias y amenazas de detención cuando se ven obligados a cruzar la frontera hacia Aguas Blancas (Bolivia) para buscar víveres o asistencia médica.
Un negocio millonario e ilegal
Según consta en las presentaciones judiciales realizadas ante la Justicia Federal, la magnitud del saqueo es alarmante: más de 150.000 toneladas de caña de azúcar habrían sido extraídas ilegalmente de territorio argentino y trasladadas en camiones hacia el país vecino, con destino al ingenio Industrias Agrícolas.
El esquema es sistemático: durante la época de estiaje (cuando el nivel del río baja), los camiones cruzan el cauce, cargan la caña cultivada en los campos desmontados del lado argentino y regresan sin ningún tipo de control fiscal ni aduanero.
Radiografía del conflicto fronterizo
- Zona afectada: ribera del río Grande de Tarija, departamento San Martín (Salta).
- Ecosistema en peligro: desmontes ilegales en selva pedemontana y yungas.
- Comunidades vulneradas: entre 90 y 100 familias de la etnia aba guaraní.
- Gravedad institucional: corrimento intencional de mojones internacionales e intervención de uniformados bolivianos en suelo argentino.
El reclamo de las comunidades: «La espera desespera»
A pesar de haber cumplido con todos los pasos administrativos ante la Justicia Federal, la Dirección Nacional de Fronteras y el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, los pobladores sienten que el Estado los abandonó.
Si bien en 2024 hubo relevamientos técnicos y patrullajes de Gendarmería Nacional, la falta de un destacamento permanente facilita la usurpación. «Gendarmería viene un tiempo y después se va. Cuando se retiran, ellos vuelven como si nada. No les secuestran camiones, no les quitan las máquinas. Así se sienten impunes», reclamó la cacique.
«Nos están sacando el monte, el sustento, la tranquilidad. Y todo pasa delante de todos, como si esta parte del país no existiera», advirtieron desde El Trementinal. Mientras tanto, en el norte argentino, la frontera sigue corriéndose en absoluto silencio.
F: El Tribuno





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